Hoy se cumplen, de nuevo, las palabras proféticas (e inspiradas) de Santa María: es bendita entre las mujeres. Ella, por el poder del Espíritu Santo, fue llevada con su humanidad concreta al lado del Hijo en la gloria de Dios Padre.
En Dios hay lugar también para el cuerpo. Para nosotros el
cielo ya no es una esfera lejana y desconocida. Ahí tenemos una madre: la misma
Madre del Hijo de Dios. El cielo está abierto, el cielo tiene un corazón.
María, en Dios, es reina del cielo y de la tierra. Precisamente porque está
"en" y "con" Dios, Ella está muy cerca de cada uno de
nosotros. Cuando estaba en la tierra, podía estar cerca de tan sólo unos
cuantos; ahora María participa de la proximidad de Dios con nosotros.
—Jesús, mi casa definitiva es el cielo. Desde allí, María
nos anima con su ejemplo a acoger la voluntad del Padre y a no dejarnos seducir
por la fascinación engañosa de lo pasajero.
Comentario: REDACCIÓN evangeli.net
(elaborado a partir de textos de Benedicto XVI) (Città del Vaticano, Vaticano).
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