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miércoles, 16 de diciembre de 2015

Jesús de Nazaret: una figura histórica reconocible desde la fe

Hoy damos respuesta a los discípulos del Bautista. Con sentido común entendemos que el Jesús de los Evangelios no es un "invento", sino el Jesucristo real, estrictamente "histórico". Esta figura resulta más lógica y, desde el punto de vista histórico, también más comprensible que las reconstrucciones teóricas que de Él se han intentado marginando la fe en su divinidad.

Sólo si ocurrió algo realmente extraordinario (Jesucristo se remite a los hechos), se explica su crucifixión y su eficacia. Apenas veinte años después de su muerte encontramos en el gran himno a Cristo de la "Carta a los Filipenses" (cf. 2,6-11) una cristología de Jesús totalmente desarrollada: afirma que Jesús era igual a Dios, pero que se despojó de su rango, se hizo hombre, se humilló hasta la muerte de cruz, y que a Él corresponde ser honrado por el cosmos, la adoración que Dios había anunciado en el profeta Isaías.

—Jesús, tu grandeza reside en tu origen divino, que captamos por los hechos y confesamos con la fe.

Comentario: REDACCIÓN evangeli.net (elaborado a partir de textos de Benedicto XVI) (Città del Vaticano, Vaticano).

viernes, 5 de diciembre de 2014

El "Cristo de la fe" y el "Jesús histórico"

Hoy reafirmamos nuestra fe en el acontecimiento histórico de que hace 2000 años el Hijo de Dios se encarnó, haciéndose "visible" —con hechos y palabras— en Jesús de Nazaret. Sin embargo, algunos investigadores —desde hace algunas décadas— comenzaron a abrir una grieta entre el "Jesús histórico" y el "Cristo de la fe".

Abusando del "método histórico-crítico", han afirmado que la imagen de Cristo que nos ha llegado por la fe (a través de la Iglesia) no se corresponde con el Jesús que existió históricamente. Pero las reconstrucciones de este Jesús, hechas dejando de lado la fe, han resultado cada vez más contrastantes: desde el revolucionario anti-romano hasta el moralista benigno... Estas reconstrucciones son más una fotografía de sus autores y de sus propios ideales que un poner al descubierto la imagen del verdadero Jesucristo.

—Jesús, sin prescindir de la historia, confieso tu divinidad y comunión con el Padre. Y desde esta fe —y sólo así— resultan también razonables históricamente tus actuaciones y tus palabras recogidas en los Evangelios.