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viernes, 16 de agosto de 2013

El Papa recomienda rezar el Rosario a diario para luchar contra el maligno



16 de agosto, 2013 (romereports.com) Casi 12.000 peregrinos llenaron la plaza exterior a la residencia pontificia de Castel Gandolfo, para asistir a la misa con el Papa Francisco en la fiesta de la Asunción de la Virgen María.

El Papa salió por la misma puerta que el 28 de febrero se convirtió en la imagen del final del pontificado de Benedicto XVI. En un altar provisional y vestido con ornamentos sencillos, Francisco centró su homilía en la contribución de la Virgen María a la Iglesia.

jueves, 15 de agosto de 2013

Solemnidad de la Asunción de la Virgen María [Castel Gandolfo]

Texto completo de la homilía del Santo Padre: (Escuchar audio)

Castel Gandolfo, 15 de agosto de 2013

Queridos hermanos y hermanas

El Concilio Vaticano II, al final de la Constitución sobre la Iglesia, nos ha dejado una bellísima meditación sobre María Santísima. Recuerdo solamente las palabras que se refieren al misterio que hoy celebramos. La primera es ésta: «La Virgen Inmaculada, preservada libre de toda mancha de pecado original, terminado el curso de su vida en la tierra, fue llevada en cuerpo y alma a la gloria del cielo y elevada al trono por el Señor como Reina del universo» (n. 59). Y después, hacia el final, ésta otra: «La Madre de Jesús, glorificada ya en los cielos en cuerpo y alma, es la imagen y comienzo de la Iglesia que llegará a su plenitud en el siglo futuro. También en este mundo, hasta que llegue el día del Señor, brilla ante el Pueblo de Dios en marcha, como señal de esperanza cierta y de consuelo» (n. 68). A la luz de esta imagen bellísima de nuestra Madre, podemos considerar el mensaje que contienen las lecturas bíblicas que hemos apenas escuchado. Podemos concentrarnos en tres palabras clave: lucha, resurrección, esperanza.

sábado, 6 de abril de 2013

Evangelio del Sábado [06.04.2013]


Día litúrgico: Sábado de la octava de Pascua


Texto del Evangelio (Mc 16,9-15): Jesús resucitó en la madrugada, el primer día de la semana, y se apareció primero a María Magdalena, de la que había echado siete demonios. Ella fue a comunicar la noticia a los que habían vivido con Él, que estaban tristes y llorosos. Ellos, al oír que vivía y que había sido visto por ella, no creyeron. Después de esto, se apareció, bajo otra figura, a dos de ellos cuando iban de camino a una aldea. Ellos volvieron a comunicárselo a los demás; pero tampoco creyeron a éstos. Por último, estando a la mesa los once discípulos, se les apareció y les echó en cara su incredulidad y su dureza de corazón, por no haber creído a quienes le habían visto resucitado. Y les dijo: «Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación».

Comentario: P. Raimondo M. SORGIA Mannai OP (San Domenico di Fiesole, Florencia, Italia).

María Magdalena (...) fue a comunicar la noticia a los que habían vivido con Él, (... pero) no creyeron

lunes, 9 de abril de 2012

La adoración



Hoy, las mujeres que habían ido al sepulcro, sienten una gran alegría en sus corazones por el anuncio del ángel sobre la resurrección del Maestro. Y salen “corriendo”: sus corazones explotarían si no lo comunican a todos los discípulos. Jesús se hace el “encontradizo”: lo hace con María Magdalena y la otra María… y con todos los hombres.

Por su encarnación, Dios se ha unido, en cierto modo, a todo hombre. Las reacciones de las mujeres ante la presencia del Señor expresan las actitudes más profundas del ser humano ante nuestro Creador y Redentor: la sumisión —pues se "asieron" a sus pies— y la adoración. La adoración es la sumisión tierna que, en grado absoluto, sólo debemos dar a Dios.

—"No tengáis miedo", nos dice Jesús. ¿Miedo del Señor? Nunca, ¡si es el Amor de los amores! ¿Temor de perderlo? Sí, porque conocemos la propia debilidad. Por esto nos agarramos bien fuerte a sus pies: ¡Señor, no nos dejes!

Comentario: Rev. D. Joan COSTA i Bou (Barcelona, España).

martes, 27 de marzo de 2012

El "irse" de Jesús (acerca del martirio)


Hoy, Jesús anuncia su "marcharse", en misteriosa alusión a su "martirio". Según Juan, Jesús habló en dos ocasiones de su "irse" donde los judíos no podían ir (cf. 7,34ss; 8,21s). Quienes lo escuchaban trataron de adivinar el sentido de esto. En un caso dijeron: "¿Se irá a los que viven dispersos entre los griegos…?" (7,35). En otro: "¿Será que va a suicidarse?" (8,22). En ambas suposiciones se barrunta algo verdadero, pero fallan radicalmente en la verdad fundamental.

Su "irse" es un ir a la muerte, no como suicidio, sino transformando su muerte violenta en la libre entrega de su propia vida (cf. 10,18). Así es como Jesús, aunque no fue personalmente a Grecia, ha llegado efectivamente a los griegos y ha manifestado el Padre al mundo pagano mediante la cruz y la resurrección.

—"¿Por qué no puedo acompañarte ahora? Daré mi vida por ti…". "Me acompañarás más tarde…": Simón Pedro tenía que aprender que el martirio no es un simple acto heroico, sino un don gratuito de Dios.

* Texto elaborado a partir de textos de Benedicto XVI (Master evangeli.net)

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Evangelio de la Conmemoración de todos los fieles difuntos

Día litúrgico: 2 de Noviembre: Conmemoración de todos los fieles difuntos

Texto del Evangelio (Lc 23,33.39-43): Cuando los soldados llegaron al lugar llamado Calvario, crucificaron allí a Jesús y a los malhechores, uno a la derecha y otro a la izquierda. Uno de los malhechores colgados le insultaba: «¿No eres tú el Cristo? Pues ¡sálvate a ti y a nosotros!». Pero el otro le respondió diciendo: «¿Es que no temes a Dios, tú que sufres la misma condena? Y nosotros con razón, porque nos lo hemos merecido con nuestros hechos; en cambio, éste nada malo ha hecho». Y decía: «Jesús, acuérdate de mí cuando vengas con tu Reino». Jesús le dijo: «Yo te aseguro: hoy estarás conmigo en el Paraíso».

Comentario: Fra. Agustí BOADAS Llavat OFM (Barcelona, España).

«Jesús, acuérdate de mí cuando vengas con tu Reino»

Hoy, el Evangelio evoca el hecho más fundamental del cristiano: la muerte y resurrección de Jesús. Hagamos nuestra, hoy, la plegaria del Buen Ladrón: «Jesús, acuérdate de mí» (Lc 23,42). «La Iglesia no ruega por los santos como ruega por los difuntos, que duermen en el Señor, sino que se encomienda a las oraciones de aquéllos y ruega por éstos», decía san Agustín en un Sermón. Una vez al año, por lo menos, los cristianos nos preguntamos sobre el sentido de nuestra vida y sobre el sentido de nuestra muerte y resurrección. Es el día de la conmemoración de los fieles difuntos, de la que san Agustín nos ha mostrado su distinción respecto a la fiesta de Todos los Santos.

Los sufrimientos de la Humanidad son los mismos que los de la Iglesia y, sin duda, tienen en común que todo sufrimiento humano es de algún modo privación de vida. Por eso, la muerte de un ser querido nos produce un dolor tan indescriptible que ni tan sólo la fe puede aliviarlo. Así, los hombres siempre han querido honrar a los difuntos. La memoria, en efecto, es un modo de hacer que los ausentes estén presentes, de perpetuar su vida. Pero sus mecanismos psicológicos y sociales amortiguan los recuerdos con el tiempo. Y si eso puede humanamente llevar a la angustia, cristianamente, gracias a la resurrección, tenemos paz. La ventaja de creer en ella es que nos permite confiar en que, a pesar del olvido, volveremos a encontrarlos en la otra vida.

Una segunda ventaja de creer es que, al recordar a los difuntos, oramos por ellos. Lo hacemos desde nuestro interior, en la intimidad con Dios, y cada vez que oramos juntos, en la Eucaristía: no estamos solos ante el misterio de la muerte y de la vida, sino que lo compartimos como miembros del Cuerpo de Cristo. Más aún: al ver la cruz, suspendida entre el cielo y la tierra, sabemos que se establece una comunión entre nosotros y nuestros difuntos. Por eso, san Francisco proclamó agradecido: «Alabado seas, mi Señor, por nuestra hermana, la muerte corporal».