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lunes, 15 de abril de 2013

Evangelio del Lunes [15.04.2013]


Día litúrgico: Lunes III de Pascua


Texto del Evangelio (Jn 6,22-29): Después que Jesús hubo saciado a cinco mil hombres, sus discípulos le vieron caminando sobre el agua. Al día siguiente, la gente que se había quedado al otro lado del mar, vio que allí no había más que una barca y que Jesús no había montado en la barca con sus discípulos, sino que los discípulos se habían marchado solos. Pero llegaron barcas de Tiberíades cerca del lugar donde habían comido pan. Cuando la gente vio que Jesús no estaba allí, ni tampoco sus discípulos, subieron a las barcas y fueron a Cafarnaúm, en busca de Jesús.

Al encontrarle a la orilla del mar, le dijeron: «Rabbí, ¿cuándo has llegado aquí?». Jesús les respondió: «En verdad, en verdad os digo: vosotros me buscáis, no porque habéis visto señales, sino porque habéis comido de los panes y os habéis saciado. Obrad, no por el alimento perecedero, sino por el alimento que permanece para la vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre, porque a éste es a quien el Padre, Dios, ha marcado con su sello». Ellos le dijeron: «¿Qué hemos de hacer para realizar las obras de Dios?». Jesús les respondió: «La obra de Dios es que creáis en quien Él ha enviado».

Comentario: Abbé Jacques Fortin (Alma (Quebec), Canadá).

Obrad (…) por el alimento que permanece para la vida eterna

jueves, 17 de enero de 2013

El "impulso del corazón" en el encuentro con Dios



Hoy, la audaz petición del leproso y la contundente reacción de Jesús son la respuesta a la pregunta: ¿por qué Dios no ha creado un mundo en el que su presencia fuera más evidente, que impresionara a cualquiera de manera irresistible? Nos encontramos ante el gran interrogante de cómo se puede conocer a Dios y cómo se puede desconocerlo.

Vivimos en este mundo en el que Dios no tiene la evidencia de lo palpable. No se le puede buscar con arrogancia, convirtiéndolo en un "objeto experimentable" en "mi laboratorio". Sólo se le puede encontrar con el impulso del corazón, a través del "éxodo" de "Egipto". En este mundo hemos de oponernos a las ilusiones de falsas filosofías y reconocer que no sólo vivimos de "pan", sino ante todo de la obediencia a la Palabra de Dios.

—Como el leproso de hoy, te busco Jesús con el amor y la escucha interior. Y sólo donde se vive esta obediencia nacen los sentimientos que permiten proporcionar "pan" para todos.