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sábado, 5 de septiembre de 2015

El domingo, "día del Señor"


Hoy, Jesús se declara "señor del sábado". Los judíos celebran en el "Sabbat" la culminación de la obra de los "seis días" (la creación). Pero para el cristiano ha surgido un nuevo día: el de la Resurrección de Cristo. El séptimo día acaba la primera creación y el octavo comienza la nueva creación en Jesucristo.

El Señor dio a sus discípulos ya en la Última Cena su Cuerpo y su Sangre como don de la Resurrección: cruz y resurrección forman parte de la Eucaristía, y sin ellas no es Eucaristía. Por ello, la celebración del sacramento debía estar vinculada necesariamente con la memoria de la Resurrección. El primer encuentro con el Resucitado se produjo la mañana del primer día de la semana —el tercer día después de su muerte—, por tanto, la mañana del domingo: ese se convirtió espontáneamente en la liturgia cristiana en el "día del Señor".

—Jesús, el esplendor de tu redención sobrepasa al de la primera creación. ¡Alabado seas por siempre, Señor!

Comentario: REDACCIÓN evangeli.net (elaborado a partir de textos de Benedicto XVI) (Città del Vaticano, Vaticano).

jueves, 30 de abril de 2015

"Yo Soy": la ciencia divina en Cristo

Hoy estamos sumergidos en el ambiente íntimo de la Última Cena. Cristo, consciente de la prueba que se avecina, fortalece a los Apóstoles y, de nuevo, les da muestras de su divinidad. Se les presenta como el "Yo Soy", con conocimiento divino: predice la traición de Judas "antes de que suceda".

¡Es hombre!; de nadie más se escribió tanto en la antigüedad. Sabemos su nombre, dónde y cuándo nació; conocemos sus hechos y palabras. Padeció hasta morir (una lanzada certificó su muerte sin "paliativos"). ¡Y es Dios! Sólo Dios puede llamarse "Yo Soy" (ante Moisés, ya había usado este "nombre propio"). Dios "es", sin necesidad de calificativos, porque su infinitud no admite acotación. Jesús lo ve todo como en un "eterno presente". Sus saberes divino y humano cooperan sin confundirse. Un misterio no imposible para el Ser Infinito, potente para "incorporarse" la naturaleza humana creada a su imagen por Él mismo.

—Jesús: porque eres Dios, tu Humanidad sabía de antemano que sufriría mucho. ¡Te amo!

Comentario: Rev. D. Antoni CAROL i Hostench (Sant Cugat del Vallès, Barcelona, España).

viernes, 17 de abril de 2015

Juan 6: el tema del pan


Hoy comenzamos el capítulo 6 del Evangelio según san Juan, cuyo contenido íntegro es la temática del pan. Esta cuestión ocupa un lugar importante en el mensaje de Jesús, desde la tentación en el desierto, pasando por la multiplicación de los panes, hasta la Última Cena.

El gran sermón sobre el pan revela el amplio espectro del significado de este tema. Inicialmente se describe el hambre de las gentes que han escuchado a Jesucristo y a las que no despide sin darles antes de comer. Pero Jesús no permite que la necesidad del hombre se reduzca al pan, a las necesidades biológicas y materiales. «No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios» (Mt 4,4; Dt 8,3).

—El pan multiplicado milagrosamente nos recuerda el milagro del maná en el desierto y, rebasándolo, señala al mismo tiempo que el verdadero alimento del hombre es el "Logos", la Palabra Eterna, el sentido eterno del que provenimos y en espera del cual vivimos.

Comentario: REDACCIÓN evangeli.net (elaborado a partir de textos de Benedicto XVI) (Città del Vaticano, Vaticano).

jueves, 2 de abril de 2015

La "hora extrema" de Jesús


Hoy, con la Última Cena, ha llegado "la hora" de Jesús, hacia la que se había encaminado desde el principio con todas sus obras. Lo esencial de esta hora queda perfilado por Juan con dos palabras fundamentales: es la hora del "paso"; es la hora del "agapé" (amor hasta el extremo).

Los dos términos se explican recíprocamente, son inseparables. El amor mismo es el proceso del paso, de la transformación, del salir de los límites de la condición humana, en la cual todos estamos "separados" unos de otros, en una alteridad que no podemos sobrepasar. Es el amor hasta el extremo el que produce la "transformación" aparentemente imposible: salir de las barreras de la individualidad cerrada, eso es precisamente el "agápé", la irrupción en la esfera divina.

—La "hora" de Jesús es la hora del gran "paso más allá", de la transformación del ser mediante el "agápé". "Todo está cumplido", dirá el Crucificado: es un agápé "hasta el extremo", la totalidad del entregarse a sí mismo hasta la muerte.

Comentario: REDACCIÓN evangeli.net (elaborado a partir de textos de Benedicto XVI) (Città del Vaticano, Vaticano).

lunes, 26 de mayo de 2014

Papa Francisco preside una Misa en el lugar donde Jesús celebró la Última Cena



26-05-2014

En su último gran evento de la peregrinación a Tierra Santa, Francisco celebró una Misa con los encargados de custodiar los Santos Lugares.

La Eucaristía se celebró en el Cenáculo, el lugar en el que Jesús compartió la Última Cena con los apóstoles.

Papa Francisco
"Aquí nació la Iglesia, y nació para no quedarse encerrada. Desde aquí salió, con el Pan partido entre las manos, las Llagas de Jesús en los ojos, y el Espíritu de amor en el corazón”.

Al comienzo de la homilía, el Papa dio las gracias a los patriarcas de las Iglesias católicas orientales por haberle acompañado en este viaje.

jueves, 17 de abril de 2014

Evangelio del Jueves [17.04.2014]

Día litúrgico: Jueves Santo (Misa vespertina de la Cena del Señor)


Texto del Evangelio (Jn 13,1-15): Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo. Durante la cena, cuando ya el diablo había puesto en el corazón a Judas Iscariote, hijo de Simón, el propósito de entregarle, sabiendo que el Padre le había puesto todo en sus manos y que había salido de Dios y a Dios volvía, se levanta de la mesa, se quita sus vestidos y, tomando una toalla, se la ciñó. Luego echa agua en un lebrillo y se puso a lavar los pies de los discípulos y a secárselos con la toalla con que estaba ceñido.

Llega a Simón Pedro; éste le dice: «Señor, ¿tú lavarme a mí los pies?». Jesús le respondió: «Lo que yo hago, tú no lo entiendes ahora: lo comprenderás más tarde». Le dice Pedro: «No me lavarás los pies jamás». Jesús le respondió: «Si no te lavo, no tienes parte conmigo». Le dice Simón Pedro: «Señor, no sólo los pies, sino hasta las manos y la cabeza». Jesús le dice: «El que se ha bañado, no necesita lavarse; está del todo limpio. Y vosotros estáis limpios, aunque no todos». Sabía quién le iba a entregar, y por eso dijo: «No estáis limpios todos».

Después que les lavó los pies, tomó sus vestidos, volvió a la mesa, y les dijo: «¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis “el Maestro” y “el Señor”, y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Señor y el Maestro, os he lavado los pies, vosotros también debéis lavaros los pies unos a otros. Porque os he dado ejemplo, para que también vosotros hagáis como yo he hecho con vosotros».

Comentario: Mons. Josep Àngel SAIZ i Meneses Obispo de Terrassa (Barcelona, España).

Si yo, el Señor y el Maestro, os he lavado los pies, vosotros también debéis lavaros los pies unos a otros

miércoles, 16 de abril de 2014

Evangelio del Miércoles [16.04.2014]

Día litúrgico: Miércoles Santo


Texto del Evangelio (Mt 26,14-25): En aquel tiempo, uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue donde los sumos sacerdotes, y les dijo: «¿Qué queréis darme, y yo os lo entregaré?». Ellos le asignaron treinta monedas de plata. Y desde ese momento andaba buscando una oportunidad para entregarle.

El primer día de los Ázimos, los discípulos se acercaron a Jesús y le dijeron: «¿Dónde quieres que te hagamos los preparativos para comer el cordero de Pascua?». Él les dijo: «Id a la ciudad, a casa de fulano, y decidle: ‘El Maestro dice: Mi tiempo está cerca; en tu casa voy a celebrar la Pascua con mis discípulos’». Los discípulos hicieron lo que Jesús les había mandado, y prepararon la Pascua.

Al atardecer, se puso a la mesa con los Doce. Y mientras comían, dijo: «Yo os aseguro que uno de vosotros me entregará». Muy entristecidos, se pusieron a decirle uno por uno: «¿Acaso soy yo, Señor?». Él respondió: «El que ha mojado conmigo la mano en el plato, ése me entregará. El Hijo del hombre se va, como está escrito de Él, pero ¡ay de aquel por quien el Hijo del hombre es entregado! ¡Más le valdría a ese hombre no haber nacido!». Entonces preguntó Judas, el que iba a entregarle: «¿Soy yo acaso, Rabbí?». Dícele: «Sí, tú lo has dicho».

Comentario: P. Raimondo M. SORGIA Mannai OP (San Domenico di Fiesole, Florencia, Italia).

Yo os aseguro que uno de vosotros me entregará

lunes, 10 de febrero de 2014

Papa Francisco: La Misa con el Papa no es una visita turística



10-02-2014

El Papa Francisco explicó en su homilía en Casa Santa Marta que en la Misa las personas entran en el "misterio de Dios”. Francisco pidió a los católicos que no dejen que nada les distraiga de este misterio, ni siquiera cuando es el Papa quien celebra.

Francisco
"Tal vez alguno dice: 'Ah, tengo que ir a Misa a Santa Marta porque en el viaje turístico de Roma está ir a visitar al Papa a Santa Marta todas las mañanas. Es un sitio turístico, ¿no?' No. Todos vosotros venís aquí, nos reunimos aquí para entrar en el misterio”.

Francisco concluyó que la liturgia es el "tiempo y el espacio de Dios”, y recomendó no contar los minutos cuando se va a la iglesia.

Extracto de la Homilía del Papa
(Fuente: Radio Vaticana)

jueves, 16 de mayo de 2013

Evangelio del Jueves [16.05.2013]


Día litúrgico: Jueves VII de Pascua


Texto del Evangelio (Jn 17,20-26): En aquel tiempo, Jesús, alzando los ojos al cielo, dijo: «Padre santo, no ruego sólo por éstos, sino también por aquellos que, por medio de su palabra, creerán en mí, para que todos sean uno. Como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado. Yo les he dado la gloria que tú me diste, para que sean uno como nosotros somos uno: yo en ellos y tú en mí, para que sean perfectamente uno, y el mundo conozca que tú me has enviado y que los has amado a ellos como me has amado a mí.

»Padre, los que tú me has dado, quiero que donde yo esté estén también conmigo, para que contemplen mi gloria, la que me has dado, porque me has amado antes de la creación del mundo. Padre justo, el mundo no te ha conocido, pero yo te he conocido y éstos han conocido que tú me has enviado. Yo les he dado a conocer tu Nombre y se lo seguiré dando a conocer, para que el amor con que tú me has amado esté en ellos y yo en ellos».

Comentario: P. Joaquim PETIT Llimona, L.C. (Barcelona, España).

Padre santo, no ruego sólo por éstos, sino también por aquellos que (...) creerán en mí

jueves, 28 de marzo de 2013

La caridad



Hoy, san Juan nos describe, la Última Cena del Señor en el marco de la pascua judía. Destaca la conciencia que tenía el Maestro de que había llegado su hora, la de pasar de este mundo al Padre. Y para expresar su caridad, se ciñe la cintura y lava los pies a los discípulos.

Se acerca el momento sublime del gran Amor. El sacrificio del inocente en la cruz. Jesús se reúne con los suyos para celebrar la pascua en su Sangre, amor derramado en servicio humilde hacia los más pobres, la humanidad entera necesitada de ser rescatada del pecado.

—Señor, que también nosotros lleguemos a comprender, como Pedro, tu gesto de servicio —de caridad— sin pretender nada a cambio. Ayúdanos a dejarnos lavar los pies por ti, a dejarnos purificar por tu palabra de perdón, siempre nuevo. Que la Eucaristía que instituiste sea la fuente genuina donde tus sacerdotes y todos podamos ser siempre lavados en tu Amor.

Comentario: Rev. D. Jaume GONZÁLEZ i Padrós (Barcelona, España).

La "hora extrema" de Jesús


Hoy, con la Última Cena, ha llegado "la hora" de Jesús, hacia la que se había encaminado desde el principio con todas sus obras. Lo esencial de esta hora queda perfilado por Juan con dos palabras fundamentales: es la hora del "paso"; es la hora del "agapé" (amor hasta el extremo).

Los dos términos se explican recíprocamente, son inseparables. El amor mismo es el proceso del paso, de la transformación, del salir de los límites de la condición humana, en la cual todos estamos "separados" unos de otros, en una alteridad que no podemos sobrepasar. Es el amor hasta el extremo el que produce la "transformación" aparentemente imposible: salir de las barreras de la individualidad cerrada, eso es precisamente el "agápé", la irrupción en la esfera divina.

—La "hora" de Jesús es la hora del gran "paso más allá", de la transformación del ser mediante el "agápé". "Todo está cumplido", dirá el Crucificado: es un agápé "hasta el extremo", la totalidad del entregarse a sí mismo hasta la muerte.

martes, 15 de mayo de 2012

El "envío" del Espíritu Santo es fruto de la Pasión



Hoy seguimos sumidos en el sermón de la Última Cena, durante el cual Jesucristo mencionó tres veces al Espíritu Santo, el Consolador. Ahora anuncia a los Apóstoles que el fruto de su "marcharse" de este mundo será el envío del Paráclito.

En Dios existe un "Yo" y un "Tú": existe el Hijo que habla con el Padre; y ambos son uno en el Espíritu, que es, por decirlo así, la atmósfera del dar y del amar que hace de ellos un único Dios. A través de Jesús penetra nuestra mirada en la intimidad de Dios: con Él, Dios salió también de su intimidad y vino a nuestro encuentro. Esto se realiza, ante todo, en su vida, pasión, muerte y resurrección; en su palabra. Pero Jesús no se contenta con salir hacia nosotros. ¡Quiere más!: quiere unificación.

—Jesús muere y resucita, y ahora ya no se encuentra en un lugar determinado, sino que su Espíritu es enviado y entra en nuestro corazón, uniéndonos así con Dios Uno y Trino.

Comentario: REDACCIÓN evangeli.net (elaborado a partir de textos de Benedicto XVI) (Città del Vaticano, Vaticano).

jueves, 5 de abril de 2012

¿Qué celebra la Iglesia el Jueves Santo?

La caridad



En el Evangelio de Hoy, san Juan, nos describe la Última Cena del Señor en el marco de la pascua judía. Destaca la conciencia que tenía el Maestro de que había llegado su hora, la de pasar de este mundo al Padre. Y para expresar su caridad, se ciñe la cintura y lava los pies a los discípulos.

Se acerca el momento sublime del gran Amor. El sacrificio del inocente en la cruz. Jesús se reúne con los suyos para celebrar la pascua en su Sangre, amor derramado en servicio humilde hacia los más pobres, la humanidad entera necesitada de ser rescatada del pecado.

—Señor, que también nosotros lleguemos a comprender, como Pedro, tu gesto de servicio —de caridad— sin pretender nada a cambio. Ayúdanos a dejarnos lavar los pies por ti, a dejarnos purificar por tu palabra de perdón, siempre nuevo. Que la Eucaristía que instituiste sea la fuente genuina donde tus sacerdotes y todos podamos ser siempre lavados en tu Amor.

Comentario: Rev. D. Jaume GONZÁLEZ i Padrós (Barcelona, España).

miércoles, 4 de abril de 2012

Con Cristo, nuestra esperanza



04-04-2012 Radio Vaticana

(RV).- Mañana, Jueves Santo –día del amor fraterno y jornada sacerdotal– Benedicto XVI presidirá, como es tradicional la Santa Misa Crismal, por la mañana, a las 9 y media, en la Basílica de San Pedro. Y luego, por la tarde, a las cinco y media, en la Catedral de Roma, es decir en la Basílica papal de San Juan de Letrán, presidirá la Santa Misa de la Cena del Señor, con la que da comienzo el Triduo Pascual.

El Pontífice cumplirá el gesto de lavar los pies a doce sacerdotes de la Diócesis de Roma. Con este gesto se vuelve a proponer el mismo de Jesús a los apóstoles, revelación del misterio de Dios y signo de donación total de su vida. Recordamos que como también es tradicional las ofrendas recibidas durante la Misa serán entregadas por voluntad del Santo Padre a alguna realidad necesitada. Este año, son para la asistencia humanitaria a los prófugos sirios.

Nos preparamos así a la «Resurrección, que es fruto de la Cruz, con Cristo nuestra esperanza y con la alegría de ser hijos de Dios», como nos dice Mons. Juan Ignacio Arrieta, Secretario del Pontificio Consejo para los Textos Legislativos: (Escuchar audio)

(CdM-RV)

martes, 3 de abril de 2012

El apóstol: debilidad humana y llamada divina


La Última Cena, de Leonardo da Vinci

Hoy, en el Evangelio, Jesús se conmueve ante la debilidad de los suyos. Sabe que, pocos días después, padecerá mucho por nuestra salvación. Con discreción y delicadeza, se lamenta de que uno de ellos le traicionará. Ninguno lo cree posible. Simón Pedro, que ama sinceramente al Señor, hace todo tipo de declaraciones. Pero..., en realidad, tres días después negó tres veces conocer al "Nazareno".

He aquí el misterio de la debilidad de los Apóstoles elegidos por Jesucristo mismo. Todos y cada uno somos —más o menos— como Judas o como Simón Pedro. Lo más grande es que Dios no deja de llamarnos a su lado. Y siempre nos perdona si, como Pedro, sabemos llorar.

—Señor Jesús, desconfío de mis fuerzas: sin ti no puedo seguirte a ti. Gracias porque me has llamado, pero, por favor, ten paciencia conmigo y no me dejes aunque yo te dejara. Pido a san Pedro que, con su corazón, siempre pueda regresar a Dios.

* Texto elaborado a partir de textos de Benedicto XVI (Master evangeli.net)