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jueves, 19 de noviembre de 2015

Anuncio de la destrucción de Jerusalén

Destrucción del Templo de Jerusalén - National Geographic
Hoy Jesucristo, llorando por Jerusalén, anuncia su final dramático, que llegaría el año 70. Con la expulsión del procurador Gesio Floro y la defensa eficaz frente al contraataque romano, en el año 66 comenzó la guerra judía. Pero no fue solamente una guerra de los judíos contra los romanos, sino periódicamente también una guerra en buena parte civil entre corrientes judías rivales. Esto fue lo primero que dio a la batalla por Jerusalén tanta atrocidad.

Las palabras de Jesús manifiestan ante todo su amor profundo por Jerusalén, su lucha apasionada para lograr el "sí" de la Ciudad Santa al mensaje que Él ha de transmitir. Pero el núcleo de sus palabras no apunta a las acciones exteriores de la guerra y la destrucción, sino al final en el sentido histórico-salvífico del Templo, que se convierte en la casa que "queda vacía": deja de ser el lugar de la presencia de Dios.

—Jesús, nuevo Templo de Dios, te pido perdón por las veces que no he sabido acogerte.

Comentario: REDACCIÓN evangeli.net (elaborado a partir de textos de Benedicto XVI) (Città del Vaticano, Vaticano).

martes, 31 de diciembre de 2013

Evangelio del Martes [31.12.2013]

Día litúrgico: 31 de Diciembre (Día séptimo de la octava de Navidad)


Texto del Evangelio (Jn 1,1-18): En el principio existía la Palabra y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios. Ella estaba en el principio con Dios. Todo se hizo por ella y sin ella no se hizo nada de cuanto existe. En ella estaba la vida y la vida era la luz de los hombres, y la luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la vencieron.

Hubo un hombre, enviado por Dios: se llamaba Juan. Éste vino para un testimonio, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por Él. No era él la luz, sino quien debía dar testimonio de la luz.

La Palabra era la luz verdadera que ilumina a todo hombre que viene a este mundo. En el mundo estaba, y el mundo fue hecho por ella, y el mundo no la conoció. Vino a su casa, y los suyos no la recibieron. Pero a todos los que la recibieron les dio poder de hacerse hijos de Dios, a los que creen en su nombre; la cual no nació de sangre, ni de deseo de hombre, sino que nació de Dios. Y la Palabra se hizo carne, y puso su Morada entre nosotros, y hemos contemplado su gloria, gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y de verdad.

Juan da testimonio de Él y clama: «Éste era del que yo dije: El que viene detrás de mí se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo». Pues de su plenitud hemos recibido todos, y gracia por gracia. Porque la Ley fue dada por medio de Moisés; la gracia y la verdad nos han llegado por Jesucristo. A Dios nadie le ha visto jamás: el Hijo único, que está en el seno del Padre, Él lo ha contado.

Comentario: Rev. D. David COMPTE i Verdaguer (Manlleu, Barcelona, España).

Y la Palabra se hizo carne