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viernes, 22 de abril de 2016

Filiación divina

Hoy, Jesús se despide de los suyos, antes de volver al Padre. Es el principio de sus discursos de despedida en el evangelio de Juan. Jesucristo quiere infundir consuelo en los discípulos, diciéndoles que se va para prepararles una morada y les da ánimos para que sigan creyendo en el Padre y en Él.

Al volver “a casa” Jesús se coloca en el mismo plano que el Padre, pues es Dios como Él. El Padre es su casa, como el Hijo es la casa del Padre: se inhabitan mutuamente en el Espíritu Santo. Nosotros, hijos en el Hijo, tenemos todos cabida en la casa del cielo, donde Jesús nos ha preparado un lugar.

—Gracias, Señor Jesús, porque nos preparas un lugar junto al Padre; gracias porque quieres llevarnos contigo a tu “Casa”, y hacernos compartir la gloria que tú tienes desde siempre con el Padre, en el Espíritu de Ambos.

Comentario: Fray Josep Mª MASSANA i Mola OFM (Barcelona, España).

jueves, 5 de noviembre de 2015

El "pecado original": ¡Oh, feliz culpa!


Hoy, las palabras del Señor nos dan luz para penetrar en el misterio del mal. Si Dios es bueno, ¿por qué permite el mal? Más aún: ¿por qué el "pecado original"? Una primera respuesta: después de haber terminado la creación, Dios no se retiró. ¡Ahí está la imponente obra de la redención!

Toda la creación apunta a nuestra filiación divina: ¡hijos de Dios! Y, por tanto, libres, con todas las consecuencias: Dios permite que el hombre "desbarate" sus planes. Sí, Dios ha permitido que Adán —con el "pecado de los orígenes"— derribara su proyecto, pero a condición de crear algo nuevo y mejor: Dios respondió entregándose con más fuerza aún en la persona de Cristo.

—Dios mío, quiero cantar —como en la Vigilia Pascual— el "Oh, feliz culpa, que nos ha merecido tan gran Redentor!". Tu perdón, Señor, es la mayor manifestación de la fuerza irrefrenable de tu amor, y mi conversión es la alegría del cielo.

Comentario: REDACCIÓN evangeli.net (elaborado a partir de textos de Benedicto XVI) (Città del Vaticano, Vaticano).

viernes, 1 de mayo de 2015

Filiación divina

Hoy, Jesús se despide de los suyos, antes de volver al Padre. Es el principio de sus discursos de despedida en el evangelio de Juan. Jesucristo quiere infundir consuelo en los discípulos, diciéndoles que se va para prepararles una morada y les da ánimos para que sigan creyendo en el Padre y en Él.

Al volver “a casa” Jesús se coloca en el mismo plano que el Padre, pues es Dios como Él. El Padre es su casa, como el Hijo es la casa del Padre: se inhabitan mutuamente en el Espíritu Santo. Nosotros, hijos en el Hijo, tenemos todos cabida en la casa del cielo, donde Jesús nos ha preparado un lugar.

—Gracias, Señor Jesús, porque nos preparas un lugar junto al Padre; gracias porque quieres llevarnos contigo a tu “Casa”, y hacernos compartir la gloria que tú tienes desde siempre con el Padre, en el Espíritu de Ambos.


Comentario: Fray Josep Mª MASSANA i Mola OFM (Barcelona, España).

miércoles, 18 de marzo de 2015

Evangelio del Miércoles [18.03.2015]

Día litúrgico: Miércoles IV de Cuaresma



Texto del Evangelio (Jn 5,17-30): En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Mi Padre trabaja hasta ahora, y yo también trabajo» Por eso los judíos trataban con mayor empeño de matarle, porque no sólo quebrantaba el sábado, sino que llamaba a Dios su propio Padre, haciéndose a sí mismo igual a Dios.

Jesús, pues, tomando la palabra, les decía: «En verdad, en verdad os digo: el Hijo no puede hacer nada por su cuenta, sino lo que ve hacer al Padre: lo que hace Él, eso también lo hace igualmente el Hijo. Porque el Padre quiere al Hijo y le muestra todo lo que Él hace. Y le mostrará obras aún mayores que estas, para que os asombréis. Porque, como el Padre resucita a los muertos y les da la vida, así también el Hijo da la vida a los que quiere. Porque el Padre no juzga a nadie; sino que todo juicio lo ha entregado al Hijo, para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo no honra al Padre que lo ha enviado. En verdad, en verdad os digo: el que escucha mi Palabra y cree en el que me ha enviado, tiene vida eterna y no incurre en juicio, sino que ha pasado de la muerte a la vida.

»En verdad, en verdad os digo: llega la hora (ya estamos en ella), en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y los que la oigan vivirán. Porque, como el Padre tiene vida en sí mismo, así también le ha dado al Hijo tener vida en sí mismo, y le ha dado poder para juzgar, porque es Hijo del hombre. No os extrañéis de esto: llega la hora en que todos los que estén en los sepulcros oirán su voz y saldrán los que hayan hecho el bien para una resurrección de vida, y los que hayan hecho el mal, para una resurrección de juicio. Y no puedo hacer nada por mi cuenta: juzgo según lo que oigo; y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado».

Comentario: Rev. D. Francesc PERARNAU i Cañellas (Girona, España).

En verdad, en verdad os digo: el que escucha mi Palabra y cree en el que me ha enviado, tiene vida eterna

jueves, 6 de noviembre de 2014

El "pecado original": ¡Oh, feliz culpa!


Hoy, las palabras del Señor nos dan luz para penetrar en el misterio del mal. Si Dios es bueno, ¿por qué permite el mal? Más aún: ¿por qué el "pecado original"? Una primera respuesta: después de haber terminado la creación, Dios no se retiró. ¡Ahí está la imponente obra de la redención!

Toda la creación apunta a nuestra filiación divina: ¡hijos de Dios! Y, por tanto, libres, con todas las consecuencias: Dios permite que el hombre "desbarate" sus planes. Sí, Dios ha permitido que Adán —con el "pecado de los orígenes"— derribara su proyecto, pero a condición de crear algo nuevo y mejor: Dios respondió entregándose con más fuerza aún en la persona de Cristo.

—Dios mío, quiero cantar —como en la Vigilia Pascual— el "Oh, feliz culpa, que nos ha merecido tan gran Redentor!". Tu perdón, Señor, es la mayor manifestación de la fuerza irrefrenable de tu amor, y mi conversión es la alegría del cielo.

martes, 8 de abril de 2014

Evangelio del Martes [08.04.2014]

Día litúrgico: Martes V de Cuaresma


Texto del Evangelio (Jn 8,21-30): En aquel tiempo, Jesús dijo a los fariseos: «Yo me voy y vosotros me buscaréis, y moriréis en vuestro pecado. Adonde yo voy, vosotros no podéis ir». Los judíos se decían: «¿Es que se va a suicidar, pues dice: ‘Adonde yo voy, vosotros no podéis ir’?». El les decía: «Vosotros sois de abajo, yo soy de arriba. Vosotros sois de este mundo, yo no soy de este mundo. Ya os he dicho que moriréis en vuestros pecados, porque si no creéis que Yo Soy, moriréis en vuestros pecados».

Entonces le decían: «¿Quién eres tú?». Jesús les respondió: «Desde el principio, lo que os estoy diciendo. Mucho podría hablar de vosotros y juzgar, pero el que me ha enviado es veraz, y lo que le he oído a Él es lo que hablo al mundo». No comprendieron que les hablaba del Padre. Les dijo, pues, Jesús: «Cuando hayáis levantado al Hijo del hombre, entonces sabréis que Yo Soy, y que no hago nada por mi propia cuenta; sino que, lo que el Padre me ha enseñado, eso es lo que hablo. Y el que me ha enviado está conmigo: no me ha dejado solo, porque yo hago siempre lo que le agrada a Él». Al hablar así, muchos creyeron en Él.

Comentario: Rev. D. Josep Mª MANRESA Lamarca (Les Fonts del Vallès, Barcelona, España).

Cuando hayáis levantado al Hijo del hombre, entonces sabréis que Yo Soy

jueves, 3 de abril de 2014

Evangelio del Jueves [03.04.2014]

Día litúrgico: Jueves IV de Cuaresma


Texto del Evangelio (Jn 5,31-47): En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos: «Si yo diera testimonio de mí mismo, mi testimonio no sería válido. Otro es el que da testimonio de mí, y yo sé que es válido el testimonio que da de mí. Vosotros mandasteis enviados donde Juan, y él dio testimonio de la verdad. No es que yo busque testimonio de un hombre, sino que digo esto para que os salvéis. Él era la lámpara que arde y alumbra y vosotros quisisteis recrearos una hora con su luz. Pero yo tengo un testimonio mayor que el de Juan; porque las obras que el Padre me ha encomendado llevar a cabo, las mismas obras que realizo, dan testimonio de mí, de que el Padre me ha enviado. Y el Padre, que me ha enviado, es el que ha dado testimonio de mí. Vosotros no habéis oído nunca su voz, ni habéis visto nunca su rostro, ni habita su palabra en vosotros, porque no creéis al que Él ha enviado.

»Vosotros investigáis las escrituras, ya que creéis tener en ellas vida eterna; ellas son las que dan testimonio de mí; y vosotros no queréis venir a mí para tener vida. La gloria no la recibo de los hombres. Pero yo os conozco: no tenéis en vosotros el amor de Dios.

»Yo he venido en nombre de mi Padre, y no me recibís; si otro viene en su propio nombre, a ése le recibiréis. ¿Cómo podéis creer vosotros, que aceptáis gloria unos de otros, y no buscáis la gloria que viene del único Dios? No penséis que os voy a acusar yo delante del Padre. Vuestro acusador es Moisés, en quién habéis puesto vuestra esperanza. Porque, si creyerais a Moisés, me creeríais a mí, porque él escribió de mí. Pero, si no creéis en sus escritos, ¿cómo vais a creer en mis palabras?».

Comentario: Rev. D. Miquel MASATS i Roca (Girona, España).

Si yo diera testimonio de mí mismo, mi testimonio no sería válido

jueves, 21 de marzo de 2013

Evangelio del Jueves [21.03.2013]


Día litúrgico: Jueves V de Cuaresma


Texto del Evangelio (Jn 8,51-59): En aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos: «En verdad, en verdad os digo: si alguno guarda mi Palabra, no verá la muerte jamás». Le dijeron los judíos: «Ahora estamos seguros de que tienes un demonio. Abraham murió, y también los profetas; y tú dices: ‘Si alguno guarda mi Palabra, no probará la muerte jamás’. ¿Eres tú acaso más grande que nuestro padre Abraham, que murió? También los profetas murieron. ¿Por quién te tienes a ti mismo?». Jesús respondió: «Si yo me glorificara a mí mismo, mi gloria no valdría nada; es mi Padre quien me glorifica, de quien vosotros decís: ‘Él es nuestro Dios’, y sin embargo no le conocéis, yo sí que le conozco, y si dijera que no le conozco, sería un mentiroso como vosotros. Pero yo le conozco, y guardo su Palabra. Vuestro padre Abraham se regocijó pensando en ver mi día; lo vio y se alegró». Entonces los judíos le dijeron: «¿Aún no tienes cincuenta años y has visto a Abraham?». Jesús les respondió: «En verdad, en verdad os digo: antes de que Abraham existiera, Yo Soy». Entonces tomaron piedras para tirárselas; pero Jesús se ocultó y salió del Templo.

Comentario: Rev. D. Enric CASES i Martín (Barcelona, España).

Vuestro Padre Abraham se regocijó pensando en ver mi día; lo vio y se alegró

miércoles, 20 de marzo de 2013

Evangelio del Miércoles [20.03.2013]


Día litúrgico: Miércoles V de Cuaresma


Texto del Evangelio (Jn 8,31-42): En aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos que habían creído en Él: «Si os mantenéis en mi Palabra, seréis verdaderamente mis discípulos, y conoceréis la verdad y la verdad os hará libres». Ellos le respondieron: «Nosotros somos descendencia de Abraham y nunca hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo dices tú: Os haréis libres?». Jesús les respondió: «En verdad, en verdad os digo: todo el que comete pecado es un esclavo. Y el esclavo no se queda en casa para siempre; mientras el hijo se queda para siempre. Si, pues, el Hijo os da la libertad, seréis realmente libres. Ya sé que sois descendencia de Abraham; pero tratáis de matarme, porque mi Palabra no prende en vosotros. Yo hablo lo que he visto donde mi Padre; y vosotros hacéis lo que habéis oído donde vuestro padre».

Ellos le respondieron: «Nuestro padre es Abraham». Jesús les dice: «Si sois hijos de Abraham, haced las obras de Abraham. Pero tratáis de matarme, a mí que os he dicho la verdad que oí de Dios. Eso no lo hizo Abraham. Vosotros hacéis las obras de vuestro padre». Ellos le dijeron: «Nosotros no hemos nacido de la prostitución; no tenemos más padre que a Dios». Jesús les respondió: «Si Dios fuera vuestro Padre, me amaríais a mí, porque yo he salido y vengo de Dios; no he venido por mi cuenta, sino que Él me ha enviado».

Comentario: Pe. Givanildo dos SANTOS Ferreira (Brasília, Brasil).

Si Dios fuera vuestro Padre, me amaríais a mí

sábado, 6 de octubre de 2012

El sacramento de la Confirmación (VI)



1302 De la celebración se deduce que el efecto del sacramento de la Confirmación es la efusión especial del Espíritu Santo, como fue concedida en otro tiempo a los Apóstoles el día de Pentecostés.

1303 Por este hecho, la Confirmación confiere crecimiento y profundidad a la gracia bautismal:

— nos introduce más profundamente en la filiación divina que nos hace decir "Abbá, Padre" (Rm 8,15).;
— nos une más firmemente a Cristo;
— aumenta en nosotros los dones del Espíritu Santo;
— hace más perfecto nuestro vínculo con la Iglesia (cf LG 11);
— nos concede una fuerza especial del Espíritu Santo para difundir y defender la fe mediante la palabra y las obras como verdaderos testigos de Cristo, para confesar valientemente el nombre de Cristo y para no sentir jamás vergüenza de la cruz (cf DS 1319; LG 11,12):

«Recuerda, pues, que has recibido el signo espiritual, el Espíritu de sabiduría e inteligencia, el Espíritu de consejo y de fortaleza, el Espíritu de conocimiento y de piedad, el Espíritu de temor santo, y guarda lo que has recibido. Dios Padre te ha marcado con su signo, Cristo Señor te ha confirmado y ha puesto en tu corazón la prenda del Espíritu» (San Ambrosio, De mysteriis 7,42).

1304 La Confirmación, como el Bautismo del que es la plenitud, sólo se da una vez. La Confirmación, en efecto, imprime en el alma una marca espiritual indeleble, el "carácter" (cf DS 1609), que es el signo de que Jesucristo ha marcado al cristiano con el sello de su Espíritu revistiéndolo de la fuerza de lo alto para que sea su testigo (cf Lc 24,48-49).

1305 El "carácter" perfecciona el sacerdocio común de los fieles, recibido en el Bautismo, y "el confirmado recibe el poder de confesar la fe de Cristo públicamente, y como en virtud de un cargo (quasi ex officio)" (Santo Tomás de Aquino, Summa theologiae 3, q.72, a. 5, ad 2).

jueves, 24 de mayo de 2012

Evangelio del Jueves [24.05.2012]


Día litúrgico: Jueves VII de Pascua

Texto del Evangelio (Jn 17,20-26): En aquel tiempo, Jesús, alzando los ojos al cielo, dijo: «Padre santo, no ruego sólo por éstos, sino también por aquellos que, por medio de su palabra, creerán en mí, para que todos sean uno. Como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado. Yo les he dado la gloria que tú me diste, para que sean uno como nosotros somos uno: yo en ellos y tú en mí, para que sean perfectamente uno, y el mundo conozca que tú me has enviado y que los has amado a ellos como me has amado a mí.

»Padre, los que tú me has dado, quiero que donde yo esté estén también conmigo, para que contemplen mi gloria, la que me has dado, porque me has amado antes de la creación del mundo. Padre justo, el mundo no te ha conocido, pero yo te he conocido y éstos han conocido que tú me has enviado. Yo les he dado a conocer tu Nombre y se lo seguiré dando a conocer, para que el amor con que tú me has amado esté en ellos y yo en ellos».

Comentario: P. Joaquim PETIT Llimona, L.C. (Barcelona, España).

«Padre santo, no ruego sólo por éstos, sino también por aquellos que (...) creerán en mí»

martes, 22 de mayo de 2012

Dios Hijo, enviado por el Padre



Hoy podemos asomarnos al corazón de Cristo y, asombrados, contemplamos la inmensidad del panorama que se nos descubre con ocasión de este coloquio con su Padre. Un panorama infinito y eterno, pues su íntima unidad se remonta hasta… "mucho antes" de la creación del mundo. Y es que Cristo es el mismísimo Hijo eterno del Padre.

Del Padre que lo engendra espiritualmente, procede eternamente como Hijo engendrado. Y del Padre procede también en el tiempo, porque ha sido enviado al mundo con la misión de "tomarnos" del mundo. Esta misión es como una continuación en el tiempo de su procedencia filial del Padre.

—Padre Santo, gracias a tu amor, la filiación de tu Hijo se ha "prolongado" en su encarnación salvadora. Quiero ser tu hijo en tu Hijo. Ayúdame a serlo, por la asistencia del Espíritu Santo, Vuestro Divino Amor, que ha sido derramado en nuestros corazones.

Comentario: Rev. D. Antoni CAROL i Hostench (Sant Cugat del Vallès, Barcelona, España).

sábado, 19 de mayo de 2012

La filiación divina



Hoy, en vigilias de la Ascensión del Señor, el Evangelio nos deja unas palabras de despedida entrañables. Jesús nos hace participar de su misterio más preciado: Dios Padre es su origen y es, a la vez, su destino. “Aquel” a quien los judíos denominan Dios es el que nos ha enviado a Jesús; es, por tanto, el Padre de los creyentes.

Y esta filiación divina de Jesús nos recuerda otro aspecto fundamental para nuestra vida: los bautizados somos hijos de Dios en Cristo por el Espíritu Santo. Esto contiene un misterio bellísimo para nosotros: esta paternidad divina adoptiva de Dios hacia cada hombre se distingue de la adopción humana en que tiene un fundamento real en cada uno de nosotros, ya que supone un nuevo nacimiento. Por tanto, quien ha quedado introducido en la gran Familia divina ya no es un extraño.

—Concédenos, Dios todopoderoso, exultar de gozo y darte gracias porque la Ascensión de Jesucristo, tu Hijo, es ya nuestra victoria.

Comentario: Rev. D. Xavier ROMERO i Galdeano (Cervera, Lleida, España).

viernes, 4 de mayo de 2012

Filiación divina



Hoy, en el Evangelio, Jesús se despide de los suyos, antes de volver al Padre. Es el principio de sus discursos de despedida en el evangelio de Juan. Jesucristo quiere infundir consuelo en los discípulos, diciéndoles que se va para prepararles una morada y les da ánimos para que sigan creyendo en el Padre y en Él.

Al volver “a casa” Jesús se coloca en el mismo plano que el Padre, pues es Dios como Él. El Padre es su casa, como el Hijo es la casa del Padre: se inhabitan mutuamente en el Espíritu Santo. Nosotros, hijos en el Hijo, tenemos todos cabida en la casa del cielo, donde Jesús nos ha preparado un lugar.

—Gracias, Señor Jesús, porque nos preparas un lugar junto al Padre; gracias porque quieres llevarnos contigo a tu “Casa”, y hacernos compartir la gloria que tú tienes desde siempre con el Padre, en el Espíritu de Ambos. 

Comentario: Fray Josep Mª MASSANA i Mola OFM (Barcelona, España).