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lunes, 2 de septiembre de 2013

Evangelio del Lunes [02.09.2013]

Día litúrgico: Lunes XXII del tiempo ordinario


Texto del Evangelio (Lc 4,16-30): En aquel tiempo, Jesús se fue a Nazaret, donde se había criado y, según su costumbre, entró en la sinagoga el día de sábado, y se levantó para hacer la lectura. Le entregaron el volumen del profeta Isaías y desenrollando el volumen, halló el pasaje donde estaba escrito: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para anunciar a los pobres la Buena Nueva, me ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, para dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor».

Enrollando el volumen lo devolvió al ministro, y se sentó. En la sinagoga todos los ojos estaban fijos en Él. Comenzó, pues, a decirles: «Hoy se cumple esta escritura que acabáis de oír». Y todos daban testimonio de Él y estaban admirados de las palabras llenas de gracia que salían de su boca. Y decían: «¿No es éste el hijo de José?». Él les dijo: «Seguramente me vais a decir el refrán: ‘Médico, cúrate a ti mismo’. Todo lo que hemos oído que ha sucedido en Cafarnaúm, hazlo también aquí en tu patria». Y añadió: «En verdad os digo que ningún profeta es bien recibido en su patria. Os digo de verdad: muchas viudas había en Israel en los días de Elías, cuando se cerró el cielo por tres años y seis meses, y hubo gran hambre en todo el país; y a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una mujer viuda de Sarepta de Sidón. Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo, y ninguno de ellos fue purificado sino Naamán, el sirio».

Oyendo estas cosas, todos los de la sinagoga se llenaron de ira; y, levantándose, le arrojaron fuera de la ciudad, y le llevaron a una altura escarpada del monte sobre el cual estaba edificada su ciudad, para despeñarle. Pero Él, pasando por medio de ellos, se marchó.

Comentario: Rev. D. David AMADO i Fernández (Barcelona, España).

Hoy se cumple esta escritura que acabáis de oír

miércoles, 14 de marzo de 2012

La fe, es experiencia, no teoría



Publicado el 12/03/2012 por vaticanes

El Padre Raniero Cantalamessa, capuchino, predicador de la Casa Pontificia, ha pronunciado esta mañana el primero de los sermones Cuaresmales dirigidos al Papa y la Curia romana. Este año, el Padre Cantalamessa estudia cuatro grandes doctores de la Iglesia oriental. El primero de ellos, San Atanasio, obispo de Alejandria del siglo IV, nos enseña que la fe en la divinidad de Cristo no es posible si no se experimenta también la salvación operada por Cristo. Sin esta experiencia, la divinidad de Cristo se convierte en una idea, a la que fácilmente se puede oponer otra idea.

La salvación se experimenta leyendo la Palabra de Dios, recibiendo los sacramentos, sobre todo la Eucaristía, rezando, ejercitando los carismas.

En nuestro tiempo, la fe en la Divinidad de Cristo, es indispensable para mantener viva la esperanza sobre el futuro de la Iglesia y del mundo.

viernes, 9 de marzo de 2012

La fe en la divinidad de Cristo


09-03-2012 Radio Vaticana

(RV).- Benedicto XVI ha tomado parte esta mañana, en la Capilla Redemptoris Mater, junto a la Familia Pontificia, a la primera predicación de Cuaresma del padre capuchino Raniero Cantalamessa. Sermón que ha dedicado a “San Atanasio y la fe en la Divinidad de Cristo”.

El predicador de la Casa Pontificia ha indicado que este año, en preparación al Año de la fe, proclamado por el Santo Padre Benedicto XVI, los cuatro sermones de Cuaresma se basarán en los cuatro grandes doctores de la Iglesia oriental: Atanasio, Basilio, Gregorio Nacianceno y Gregorio de Nisa, para ver lo que cada uno de ellos nos dice sobre el dogma del que eran respectivamente, maestros: la divinidad de Cristo, el Espíritu Santo, la Trinidad, y el conocimiento de Dios.

“Todo ello con la intención -ha señalado el predicador- de elaborar el impulso y restaurar la frescura de nuestra fe, a través de un renovado contacto con estos gigantes "de la fe" del pasado. Lo que nos gustaría aprender de los Padres no es tanto la forma de proclamar la fe en el mundo, sino más bien la profundización de su propia fe, redescubrir, detrás de ellos, la riqueza, la belleza y la felicidad de creer”.

El padre capuchino ha iniciado hoy con San Atanasio, “el campeón de la divinidad de Cristo”. Fue obispo de Alejandría, nacido en el año 295. “Pocos padres han dejado una huella tan profunda en la historia de la Iglesia. Viene recordado por muchas cosas: “la influencia que tuvo en la difusión del monaquismo, por haber sido el primero en reclamar la libertad de la Iglesia en un Estado cristiano, por su amistad con los obispos occidentales”.

Todo su trabajo y mérito consistieron en eliminar los obstáculos que hasta entonces habían impedido el pleno reconocimiento, sin reticencias, de la divinidad de Cristo en el contexto cultural griego. “La divinidad de Cristo -decía- es la piedra angular que sostiene los dos misterios principales de la fe: la Trinidad y la Encarnación, dos puertas que se abren y se cierran a la vez”.

Para San Atanasio, ha explicado el padre Catalamessa, es necesario a veces demoler en nosotros, creyentes, y en los hombres de Iglesia, la falsa persuasión de creer, de estar tranquilos por lo que se refiere a la fe. “Es necesario, en cambio, provocar la duda, poner en duda la fe, para podernos poner así a la búsqueda de una fe más autentica”.

Atanasio recuerda que “la fe en la divinidad de Cristo no es posible sin tener presente la experiencia de la salvación obrada por Cristo. Y esa experiencia de la salvación “se hace leyendo la palabra de Dios, administrando y recibiendo los sacramentos, sobre todo la Eucaristía, lugar privilegiado de la presencia del Resucitado, ejercitando los carismas, manteniendo contacto con la vida de la comunidad creyente y rezando.

“La fe en la divinidad de Cristo nos es sobre todo indispensable en este momento, para mantener viva la esperanza sobre el futuro de la Iglesia y del mundo”.

ER - RV