Mostrando entradas con la etiqueta Moralismo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Moralismo. Mostrar todas las entradas

viernes, 13 de noviembre de 2015

El Juicio Final: respuesta a las injusticias de la historia


Hoy día, la idea del Juicio Final se ha desvaído: la fe cristiana se orienta sobre todo hacia la salvación personal del alma; la reflexión sobre la historia universal, en cambio, está dominada en gran parte por la idea del "progreso".

El ateísmo de los siglos XIX y XX, por sus raíces y finalidad, es un moralismo, una protesta contra las injusticias de la historia: tanto sufrimiento de los inocentes y tanto cinismo del poder, no pueden ser obra de un Dios bueno. Pero, aunque sea comprensible la protesta contra Dios, la pretensión de que la humanidad pueda hacer justicia sin Dios es presuntuosa e intrínsecamente falsa. Si de esta premisa se han derivado las más grandes crueldades, no es casualidad.

—Un mundo que tiene que crear su justicia por sí mismo es un mundo sin esperanza. La fe en el Juicio Final y en el retorno de Cristo es, ante todo, una esperanza, cuya necesidad se ha hecho más evidente precisamente en las convulsiones de los últimos siglos.

Comentario: REDACCIÓN evangeli.net (elaborado a partir de textos de Benedicto XVI) (Città del Vaticano, Vaticano).

viernes, 15 de noviembre de 2013

El Juicio Final: respuesta a las injusticias de la historia

El Juicio Final, Capilla Sixtina (Ciudad el Vaticano)
Hoy día, la idea del Juicio Final se ha desvaído: la fe cristiana se orienta sobre todo hacia la salvación personal del alma; la reflexión sobre la historia universal, en cambio, está dominada en gran parte por la idea del "progreso".

El ateísmo de los siglos XIX y XX, por sus raíces y finalidad, es un moralismo, una protesta contra las injusticias de la historia: tanto sufrimiento de los inocentes y tanto cinismo del poder, no pueden ser obra de un Dios bueno. Pero, aunque sea comprensible la protesta contra Dios, la pretensión de que la humanidad pueda hacer justicia sin Dios es presuntuosa e intrínsecamente falsa. Si de esta premisa se han derivado las más grandes crueldades, no es casualidad.

—Un mundo que tiene que crear su justicia por sí mismo es un mundo sin esperanza. La fe en el Juicio Final y en el retorno de Cristo es, ante todo, una esperanza, cuya necesidad se ha hecho más evidente precisamente en las convulsiones de los últimos siglos. 


sábado, 9 de marzo de 2013

"Ethos" (naturaleza) y "gracia"



Hoy, Jesucristo ilustra gráficamente la relación entre "ethos" (personalidad o naturaleza humana) y "gracia". El fariseo se jacta de sus muchas virtudes; el publicano conoce sus pecados, sabe que no puede vanagloriarse ante Dios y, consciente de su culpa, pide gracia. ¿Significa esto que uno representa el "ethos" y el otro la gracia sin "ethos" o contra el "ethos"?

En realidad se trata de dos modos de situarse ante Dios y ante sí mismo. Uno ni siquiera mira a Dios, sino sólo a sí mismo; el otro se ve en relación con Dios y, con ello, se le abre la mirada hacia sí mismo (sabe que tiene necesidad de Dios y que ha de vivir de su bondad). No se niega el "ethos", sólo se le libera de la estrechez del moralismo y se le sitúa en el contexto de la relación de amor con Dios.

—La gracia que imploro no me exime del "ethos": necesito a Dios y, gracias a su bondad, yo puedo encaminarme hacia la Bondad.