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miércoles, 4 de septiembre de 2013

Evangelio del Miércoles [04.09.2013]

Día litúrgico: Miércoles XXII del tiempo ordinario


Texto del Evangelio (Lc 4,38-44): En aquel tiempo, saliendo de la sinagoga, Jesús entró en la casa de Simón. La suegra de Simón estaba con mucha fiebre, y le rogaron por ella. Inclinándose sobre ella, conminó a la fiebre, y la fiebre la dejó; ella, levantándose al punto, se puso a servirles. A la puesta del sol, todos cuantos tenían enfermos de diversas dolencias se los llevaban; y, poniendo Él las manos sobre cada uno de ellos, los curaba. Salían también demonios de muchos, gritando y diciendo: «Tú eres el Hijo de Dios». Pero Él, conminaba y no les permitía hablar, porque sabían que él era el Cristo.

Al hacerse de día, salió y se fue a un lugar solitario. La gente le andaba buscando y, llegando donde Él, trataban de retenerle para que no les dejara. Pero Él les dijo: «También a otras ciudades tengo que anunciar la Buena Nueva del Reino de Dios, porque a esto he sido enviado». E iba predicando por las sinagogas de Judea.

Comentario: Rev. D. Antoni CAROL i Hostench (Sant Cugat del Vallès, Barcelona, España).

Poniendo Él las manos sobre cada uno de ellos, los curaba. Salían también demonios de muchos, gritando

lunes, 12 de agosto de 2013

Discurso del Papa Juan Pablo II a los Enfermos [Zaragoza, 06.11.1982]

Zaragoza (España), sábado 6 de noviembre de 1982


Queridos enfermos,


1. En el marco de mi visita al Pilar de Zaragoza, para el acto mariano nacional, tiene lugar este encuentro del Papa con los enfermos. Es para mí uno de los más importantes de mi viaje apostólico. Porque en vosotros me encuentro de manera especial con Cristo que sufre, con Cristo que pasó curando a los enfermos, que se identifica de tal modo con vosotros que considera hecho a El mismo lo que a vosotros se hace. Volved a leer en un momento de paz alguna de las páginas del Evangelio que se refieren a vosotros (Cf. Mt 8-9; 15; 25, 32-40).

Sois pocos los aquí presentes, pero representáis a todos los enfermos de España. Tanto a los que yacen en un instituto sanitario público o privado, como a los que están en sus casas, en la calma, en la silla de ruedas, en su inmóvil asiento o que caminan bajo el peso de la enfermedad.

Quisiera en este momento tener miles de manos que se alargaran a estrechar cada una de las vuestras, preguntaros cómo estáis, compartir al menos por un momento vuestras ansias y sufrimientos, y dejaros una palabra de aliento y un abrazo de hermano. Cada uno de los que me veis a través de la televisión o me oís por la radio, sentidme intencionalmente a vuestro lado.