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viernes, 10 de abril de 2015

Cristo permanece con nosotros


Hoy, Jesús resucitado sale al encuentro de sus amigos, los reúne y conforta con su presencia. Juan, que amaba mucho al Señor, intuye con más facilidad que es Él. Pero todos presienten que están ante la presencia de Cristo, pues han visto cómo —fiándose de su palabra— su trabajo ha obtenido un resultado extraordinario.

Igual que en los primeros tiempos del cristianismo, Jesucristo no nos deja solos. Se hace presente en medio de nosotros de manera especial cuando celebramos la santa misa, escuchando su Palabra que nos reconforta y también llenando de amor nuestro corazón con su cálida presencia recibida en una Comunión hecha con fe, devoción y limpieza de corazón. Sin Jesús la vida pierde su color y alegría; con Él todo es distinto.

—Señor, te pido que abras los ojos de mi fe para que sepa reconocer tu presencia en mi vida. Que sepa vivir a fondo el gran regalo de la Eucaristía.

Comentario: Rev. D. Joan Ant. MATEO i García (La Fuliola, Lleida, España).

Evangelio del Viernes [10.04.2015]

Día litúrgico: Viernes de la octava de Pascua


Texto del Evangelio (Jn 21,1-14): En aquel tiempo, se manifestó Jesús otra vez a los discípulos a orillas del mar de Tiberíades. Se manifestó de esta manera. Estaban juntos Simón Pedro, Tomás, llamado el Mellizo, Natanael, el de Caná de Galilea, los de Zebedeo y otros dos de sus discípulos. Simón Pedro les dice: «Voy a pescar». Le contestan ellos: «También nosotros vamos contigo». Fueron y subieron a la barca, pero aquella noche no pescaron nada.

Cuando ya amaneció, estaba Jesús en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús. Díceles Jesús: «Muchachos, ¿no tenéis pescado?». Le contestaron: «No». Él les dijo: «Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis». La echaron, pues, y ya no podían arrastrarla por la abundancia de peces. El discípulo a quien Jesús amaba dice entonces a Pedro: «Es el Señor». Simón Pedro, cuando oyó que era el Señor, se puso el vestido —pues estaba desnudo— y se lanzó al mar. Los demás discípulos vinieron en la barca, arrastrando la red con los peces; pues no distaban mucho de tierra, sino unos doscientos codos.

Nada más saltar a tierra, ven preparadas unas brasas y un pez sobre ellas y pan. Díceles Jesús: «Traed algunos de los peces que acabáis de pescar». Subió Simón Pedro y sacó la red a tierra, llena de peces grandes: ciento cincuenta y tres. Y, aun siendo tantos, no se rompió la red. Jesús les dice: «Venid y comed». Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: «¿Quién eres tú?», sabiendo que era el Señor. Viene entonces Jesús, toma el pan y se lo da; y de igual modo el pez. Ésta fue ya la tercera vez que Jesús se manifestó a los discípulos después de resucitar de entre los muertos.

Comentario Rev. D. Joaquim MONRÓS i Guitart (Tarragona, España).

Ésta fue la tercera vez que Jesús se manifestó a los discípulos después de resucitar de entre los muertos

martes, 6 de enero de 2015

La Epifanía: Jesús se manifiesta a todas las gentes


Hoy el misterio de la Navidad se irradia sobre la tierra, difundiéndose en círculos concéntricos: la Sagrada Familia de Nazaret, los pastores de Belén y, finalmente, los Magos, que constituyen las primicias de los pueblos paganos. Quedan en la sombra los palacios del poder de Jerusalén, donde la noticia del nacimiento del Mesías no suscita alegría, sino temor y reacciones hostiles.

Lo maravilloso de los Magos es que se postraron en adoración ante un simple niño en brazos de su madre; no en el marco de un palacio real, sino en la pobreza de una cabaña. ¿Cómo fue posible? Ciertamente los persuadió la señal de la estrella. Pero ésta no habría bastado si los Magos no hubieran sido personas íntimamente abiertas a la verdad.

—A diferencia de Herodes, obsesionado por el poder y la riqueza, los Magos se pusieron en camino hacia la meta de su búsqueda, y cuando la encontraron, aunque eran hombres cultos, se comportaron como los pastores de Belén: reconocieron la señal y adoraron al Niño.

Comentario: REDACCIÓN evangeli.net (elaborado a partir de textos de Benedicto XVI) (Città del Vaticano, Vaticano).

viernes, 5 de abril de 2013

Evangelio del Viernes [05.04.2013]


Día litúrgico: Viernes de la octava de Pascua


Texto del Evangelio (Jn 21,1-14): En aquel tiempo, se manifestó Jesús otra vez a los discípulos a orillas del mar de Tiberíades. Se manifestó de esta manera. Estaban juntos Simón Pedro, Tomás, llamado el Mellizo, Natanael, el de Caná de Galilea, los de Zebedeo y otros dos de sus discípulos. Simón Pedro les dice: «Voy a pescar». Le contestan ellos: «También nosotros vamos contigo». Fueron y subieron a la barca, pero aquella noche no pescaron nada.

Cuando ya amaneció, estaba Jesús en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús. Díceles Jesús: «Muchachos, ¿no tenéis pescado?». Le contestaron: «No». Él les dijo: «Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis». La echaron, pues, y ya no podían arrastrarla por la abundancia de peces. El discípulo a quien Jesús amaba dice entonces a Pedro: «Es el Señor». Simón Pedro, cuando oyó que era el Señor, se puso el vestido —pues estaba desnudo— y se lanzó al mar. Los demás discípulos vinieron en la barca, arrastrando la red con los peces; pues no distaban mucho de tierra, sino unos doscientos codos.

Nada más saltar a tierra, ven preparadas unas brasas y un pez sobre ellas y pan. Díceles Jesús: «Traed algunos de los peces que acabáis de pescar». Subió Simón Pedro y sacó la red a tierra, llena de peces grandes: ciento cincuenta y tres. Y, aun siendo tantos, no se rompió la red. Jesús les dice: «Venid y comed». Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: «¿Quién eres tú?», sabiendo que era el Señor. Viene entonces Jesús, toma el pan y se lo da; y de igual modo el pez. Ésta fue ya la tercera vez que Jesús se manifestó a los discípulos después de resucitar de entre los muertos.

Comentario: Rev. D. Joaquim MONRÓS i Guitart (Tarragona, España).

Ésta fue la tercera vez que Jesús se manifestó a los discípulos después de resucitar de entre los muertos