| ROMA, 15-04-2017 | |||||||||||||||
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sábado, 15 de abril de 2017
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lunes, 13 de abril de 2015
Evangelio del Lunes [13.04.2015]
Día litúrgico: Lunes II de Pascua
Texto del Evangelio (Jn 3,1-8): Había entre los
fariseos un hombre llamado Nicodemo, magistrado judío. Fue éste donde Jesús de
noche y le dijo: «Rabbí, sabemos que has venido de Dios como maestro, porque
nadie puede realizar las señales que tú realizas si Dios no está con él». Jesús
le respondió: «En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de lo alto no
puede ver el Reino de Dios».
Dícele Nicodemo: «¿Cómo puede uno nacer siendo ya viejo?
¿Puede acaso entrar otra vez en el seno de su madre y nacer?». Respondió Jesús:
«En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de agua y de Espíritu no puede
entrar en el Reino de Dios. Lo nacido de la carne, es carne; lo nacido del
Espíritu, es espíritu. No te asombres de que te haya dicho: ‘Tenéis que nacer
de lo alto’. El viento sopla donde quiere, y oyes su voz, pero no sabes de
dónde viene ni a dónde va. Así es todo el que nace del Espíritu».
Comentario: Fray Josep Mª MASSANA i Mola OFM
(Barcelona, España).
El que no nazca de lo alto no puede ver el Reino de Dios
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lunes, 8 de abril de 2013
Evangelio del Lunes [08.04.2013]
Día litúrgico: Lunes II de Pascua
Texto del Evangelio (Jn 3,1-8): Había entre los
fariseos un hombre llamado Nicodemo, magistrado judío. Fue éste donde Jesús de
noche y le dijo: «Rabbí, sabemos que has venido de Dios como maestro, porque
nadie puede realizar las señales que tú realizas si Dios no está con él». Jesús
le respondió: «En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de lo alto no
puede ver el Reino de Dios».
Dícele Nicodemo: «¿Cómo puede uno nacer siendo ya viejo?
¿Puede acaso entrar otra vez en el seno de su madre y nacer?». Respondió Jesús:
«En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de agua y de Espíritu no puede
entrar en el Reino de Dios. Lo nacido de la carne, es carne; lo nacido del
Espíritu, es espíritu. No te asombres de que te haya dicho: ‘Tenéis que nacer
de lo alto’. El viento sopla donde quiere, y oyes su voz, pero no sabes de
dónde viene ni a dónde va. Así es todo el que nace del Espíritu».
Comentario: Fray Josep Mª MASSANA i Mola OFM
(Barcelona, España).
El que no nazca de lo alto no puede ver el Reino de Dios
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domingo, 31 de marzo de 2013
“Tenemos miedo de las sorpresas de Dios”
30-03-2013 Radio Vaticana
(RV).- Francisco presidió la celebración de la Vigilia
Pascual en la noche santa en la Basílica de San Pedro a las 20:30 h. de este
sábado.
En su homilía, el Papa dijo:
Queridos hermanos y hermanas
1. En el Evangelio de esta noche luminosa de la Vigilia
Pascual, encontramos primero a las mujeres que van al sepulcro de Jesús, con
aromas para ungir su cuerpo (Cfr. Lc 24, 1-3). Van para hacer un gesto de
compasión, de afecto, de amor; un gesto tradicional hacia un ser querido
difunto, como hacemos también nosotros. Habían seguido a Jesús. Lo habían
escuchado, se habían sentido comprendidas en su dignidad, y lo habían
acompañado hasta el final, en el Calvario y en el momento en que fue bajado de
la cruz. Podemos imaginar sus sentimientos cuando van a la tumba: una cierta
tristeza, la pena porque Jesús les había dejado, había muerto, su historia
había terminado. Ahora se volvía a la vida de antes. Pero en las mujeres
permanecía el amor, y es el amor a Jesús lo que les impulsa a ir al sepulcro.
Pero, a este punto, sucede algo totalmente inesperado, una vez más, que
perturba sus corazones, trastorna sus programas y alterará su vida: ven corrida
la piedra del sepulcro, se acercan, y no encuentran el cuerpo del Señor. Esto
las deja perplejas, dudosas, llenas de preguntas: «¿Qué es lo que ocurre?»,
«¿qué sentido tiene todo esto?» (Cfr. Lc 24, 4). ¿Acaso no nos pasa así también
a nosotros cuando ocurre algo verdaderamente nuevo respecto a lo de todos los
días? Nos quedamos parados, no lo entendemos, no sabemos cómo afrontarlo. A
menudo, la novedad nos da miedo, también la novedad que Dios nos trae, la
novedad que Dios nos pide. Somos como los apóstoles del Evangelio: muchas veces
preferimos mantener nuestras seguridades, pararnos ante una tumba, pensando en
el difunto, que en definitiva sólo vive en el recuerdo de la historia, como los
grandes personajes del pasado. Tenemos miedo de las sorpresas de Dios; tenemos
miedo de las sorpresas de Dios. Él nos sorprende siempre.
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Vigilia Pascual
lunes, 9 de abril de 2012
El tiempo de Pascua Explicado
La Pascua se celebra por 50 días. Es la fiesta más
importante de la liturgia. Comienza el Domingo de Resurrección y termina en
Pentecostés.
La cuaresma termina en la tarde del Jueves Santo con la
liturgia de la Cena del Señor que da comienzo al Triduo Pascual.
El Viernes Santo se hace el "ayuno pascual" que
se continúa el sábado santo, preparatorio a la gran celebración pascual. El
triduo culmina en la Vigilia Pascual del sábado por la tarde.
Los primeros ocho días de la pascua constituyen la octava
y se celebran como solemnidades del Señor.
El agua bendecida en la Vigilia Pascual se usa para los
bautismos en toda la temporada de pascua.
En el día 40 de la pascua se celebra la Ascensión del
Señor y los 9 días de la ascensión a Pentecostés (la novena original) son días
de intensa preparación para la venida del Espíritu Santo.
Referencias tomadas para este artículo:
(Bouyerdi, Diccionario)
www.corazones.org (La Pascua,
P. Jordi Rivero)
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El Cirio Pascual
La palabra “cirio” viene del latín “cereus”, de cera, el
producto de las abejas.
El cirio más importante es el que se enciende en la
Vigilia Pascual como símbolo de Cristo–Luz, y que sitúa sobre una elegante
columna o candelabro adornado.
El Cirio Pascual es ya desde los primeros siglos uno de
los símbolos más expresivos de la Vigilia. En medio de la oscuridad (toda la
celebración se hace de noche y empieza con las luces apagadas), de una hoguera
previamente preparada se enciende el Cirio, que tiene una inscripción en forma
de cruz, acompañada de la fecha del año y de las letras Alfa y Omega, la
primera y la última del alfabeto griego, para indicar que la Pascua del Señor
Jesús, principio y fin del tiempo y de la eternidad, nos alcanza con fuerza
nueva en el año concreto que vivimos.
Al Cirio Pascual se le incrusta en la cera cinco granos de
incienso, simbolizando las cinco llagas santas u gloriosas del Señor en la
Cruz.
En la procesión de entrada de la Vigilia se canta por tres
veces la aclamación al Cristo: "Luz
de cristo. Demos gracias a Dios", mientras progresivamente se van
encendiendo los cirios de los presentes y las luces de la iglesia. Luego se
coloca el cirio en la columna o candelabro que va a ser su soporte, y se
proclama en torno a él, después de incensarlo, el solemne Pregón Pascual.
Además del simbolismo de la luz, el Cirio Pascual tiene
también el de la ofrenda, como cera que se gesta en honor de Dios, esparciendo
su Luz: "acepta, Padre Santo, el
sacrificio vespertino de esta llama, que la santa Iglesia te ofrece en la
solemne ofrenda de este cirio, obra de las abejas. Sabemos ya lo que anuncia
esta columna de fuego, ardiendo en llama viva para gloria de Dios… Te rogamos
que este Cirio, consagrado a tu nombre, para destruir la oscuridad de esta
noche".
El Cirio Pascual estará encendido en todas las
celebraciones durante las siete semanas de la cincuentena pascual, al lado del
ambón de la Palabra, hasta la tarde del domingo de Pentecostés.
Una vez concluido el tiempo Pascual, conviene que el Cirio
se conserve dignamente en el bautisterio. El Cirio Pascual también se usa
durante los bautizos y en las exequias, es decir al principio y el término de
la vida temporal, para simbolizar que un cristiano participa de la luz de
Cristo a lo largo de todo su camino terreno, como garantía de su definitiva
incorporación a Luz de la vida eterna.
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domingo, 8 de abril de 2012
La fe muestra la luz de Dios
VIGILIA PASCUAL
Homilía del Santo Padre BXVI
7 de abril de 2012, Basílica de
San Pedro
Queridos hermanos y hermanas:
Pascua es la fiesta de la nueva creación. Jesús ha
resucitado y no morirá de nuevo. Ha descerrajado la puerta hacia una nueva vida
que ya no conoce ni la enfermedad ni la muerte. Ha asumido al hombre en Dios
mismo. «Ni la carne ni la sangre pueden heredar el reino de Dios», dice Pablo
en la Primera Carta a los Corintios (15,50). El escritor eclesiástico
Tertuliano, en el siglo III, tuvo la audacia de escribir refriéndose a la
resurrección de Cristo y a nuestra resurrección: «Carne y sangre, tened
confianza, gracias a Cristo habéis adquirido un lugar en el cielo y en el reino
de Dios» (CCL II, 994). Se ha abierto una nueva dimensión para el hombre. La
creación se ha hecho más grande y más espaciosa. La Pascua es el día de una nueva
creación, pero precisamente por ello la Iglesia comienza la liturgia con la
antigua creación, para que aprendamos a comprender la nueva. Así, en la Vigilia
de Pascua, al principio de la Liturgia de la Palabra, se lee el relato de la
creación del mundo. En el contexto de la liturgia de este día, hay dos aspectos
particularmente importantes.
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