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miércoles, 13 de febrero de 2013

Benedicto XVI elogió hace más de dos años la valentía de Celestino V, otro Papa que renunció



12 de febrero, 2013 (Romereports.com) En julio de 2010, Benedicto XVI rezó delante de las reliquias del Papa Celestino V, uno de los tres Papas que renunciaron antes que él al pontificado. Lo hizo después de un encuentro con jóvenes en la catedral de Sulmona (Italia).

Benedicto XVI destacó de Celestino V su estilo de vida sobria y su poco interés por los bienes materiales. El Papa le puso como ejemplo frente a  la actitud consumista de la sociedad contemporánea.

Benedicto XVI (5 de julio, 2010)
“Así fue San Celestino V. Él supo cómo actuar según su conciencia, obedeciendo a Dios, y por lo tanto sin miedo y con gran coraje, incluso en tiempos difíciles, como aquellos de su breve pontificado, sin miedo a perder su dignidad, sino sabiendo que esta se encuentra en la verdad”.

El Papa también destacó su actitud de silencio y escucha ante Dios para poder escuchar su voz.

Ahora, más de dos años después, Benedicto XVI ha seguido su ejemplo al decidir renunciar al cargo como Papa.

La Cuaresma. La limosna


Hoy contemplamos la Cuaresma como un tiempo privilegiado de la peregrinación interior hacia Aquél que es la fuente de la misericordia. Una de las prácticas cuaresmales recomendadas es la limosna: representa una manera concreta de ayudar a los necesitados y, al mismo tiempo, un ejercicio ascético para liberarse del apego a los bienes terrenales.

La limosna nos ayuda a vencer la tentación constante de servir a los "dos señores" (Dios y el dinero), y nos educa a socorrer al prójimo en sus necesidades y a compartir con los demás lo que poseemos por bondad divina. La limosna evangélica no es simple filantropía, sino expresión concreta de la caridad, la virtud teologal que exige la conversión interior al amor de Dios y de los hermanos, a imitación de Jesucristo, que muriendo en la cruz se entregó a sí mismo por nosotros.

—La Cuaresma nos impulsa a seguir el ejemplo de la "viuda pobre", cuya limosna no consistió simplemente en dar lo que poseía, sino lo que era: toda su persona.