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viernes, 11 de marzo de 2016

Carácter litúrgico del cuarto Evangelio

Hoy, ambientados en la "fiesta judía de las Tiendas", comprobamos que el Evangelio de Juan toma su ritmo del calendario de fiestas de Israel. Al comienzo de la actividad de Jesús encontramos la "Pascua de los judíos", de la cual se deriva el tema del verdadero templo (en conexión con la cruz y la resurrección) (cf. 2,13-25).

La curación del paralítico —marco de la primera gran predicación pública de Jesús en Jerusalén— aparece relacionada con "una fiesta de los judíos" (5,1), probablemente la "fiesta de las Semanas" (Pentecostés). La multiplicación de los panes (y la predicación eucarística del Evangelio de Juan) conecta con la fiesta de la Pascua (cf. 6,4). Finalmente, volvemos a encontrar a Jesús en Jerusalén en la fiesta de la Dedicación del Templo (cf. 10,22).

—El camino de Jesús culmina en su última fiesta de Pascua (cf. 12,1): ahí, como verdadero cordero pascual, derramará su sangre en la cruz. Su oración sacerdotal se desarrolla, justamente, a partir del contenido teológico de la fiesta de la Expiación.

Comentario: REDACCIÓN evangeli.net (elaborado a partir de textos de Benedicto XVI) (Città del Vaticano, Vaticano).

Evangelio del Viernes [11.03.2016]

Día litúrgico: Viernes IV de Cuaresma


Texto del Evangelio (Jn 7,1-2.10.14.25-30): En aquel tiempo, Jesús estaba en Galilea, y no podía andar por Judea, porque los judíos buscaban matarle. Se acercaba la fiesta judía de las Tiendas. Después que sus hermanos subieron a la fiesta, entonces Él también subió no manifiestamente, sino de incógnito.

Mediada ya la fiesta, subió Jesús al Templo y se puso a enseñar. Decían algunos de los de Jerusalén: «¿No es a ése a quien quieren matar? Mirad cómo habla con toda libertad y no le dicen nada. ¿Habrán reconocido de veras las autoridades que éste es el Cristo? Pero éste sabemos de dónde es, mientras que, cuando venga el Cristo, nadie sabrá de dónde es». Gritó, pues, Jesús, enseñando en el Templo y diciendo: «Me conocéis a mí y sabéis de dónde soy. Pero yo no he venido por mi cuenta; sino que me envió el que es veraz; pero vosotros no le conocéis. Yo le conozco, porque vengo de Él y Él es el que me ha enviado». Querían, pues, detenerle, pero nadie le echó mano, porque todavía no había llegado su hora.

Comentario: Fr. Matthew J. ALBRIGHT (Andover, Ohio, Estados Unidos).

«Nadie le echó mano, porque todavía no había llegado su hora»

viernes, 4 de abril de 2014

Evangelio del Viernes [04.04.2014]

Día litúrgico: Viernes IV de Cuaresma


Texto del Evangelio (Jn 7,1-2.10.14.25-30): En aquel tiempo, Jesús estaba en Galilea, y no podía andar por Judea, porque los judíos buscaban matarle. Se acercaba la fiesta judía de las Tiendas. Después que sus hermanos subieron a la fiesta, entonces Él también subió no manifiestamente, sino de incógnito.

Mediada ya la fiesta, subió Jesús al Templo y se puso a enseñar. Decían algunos de los de Jerusalén: «¿No es a ése a quien quieren matar? Mirad cómo habla con toda libertad y no le dicen nada. ¿Habrán reconocido de veras las autoridades que éste es el Cristo? Pero éste sabemos de dónde es, mientras que, cuando venga el Cristo, nadie sabrá de dónde es». Gritó, pues, Jesús, enseñando en el Templo y diciendo: «Me conocéis a mí y sabéis de dónde soy. Pero yo no he venido por mi cuenta; sino que me envió el que es veraz; pero vosotros no le conocéis. Yo le conozco, porque vengo de Él y Él es el que me ha enviado». Querían, pues, detenerle, pero nadie le echó mano, porque todavía no había llegado su hora.

Comentario: + Rev. D. Josep VALL i Mundó (Barcelona, España).

Nadie le echó mano, porque todavía no había llegado su hora

viernes, 15 de marzo de 2013

Evangelio del Viernes [15.03.2013]


Día litúrgico: Viernes IV de Cuaresma


Texto del Evangelio (Jn 7,1-2.10.14.25-30): En aquel tiempo, Jesús estaba en Galilea, y no podía andar por Judea, porque los judíos buscaban matarle. Se acercaba la fiesta judía de las Tiendas. Después que sus hermanos subieron a la fiesta, entonces Él también subió no manifiestamente, sino de incógnito.

Mediada ya la fiesta, subió Jesús al Templo y se puso a enseñar. Decían algunos de los de Jerusalén: «¿No es a ése a quien quieren matar? Mirad cómo habla con toda libertad y no le dicen nada. ¿Habrán reconocido de veras las autoridades que éste es el Cristo? Pero éste sabemos de dónde es, mientras que, cuando venga el Cristo, nadie sabrá de dónde es». Gritó, pues, Jesús, enseñando en el Templo y diciendo: «Me conocéis a mí y sabéis de dónde soy. Pero yo no he venido por mi cuenta; sino que me envió el que es veraz; pero vosotros no le conocéis. Yo le conozco, porque vengo de Él y Él es el que me ha enviado». Querían, pues, detenerle, pero nadie le echó mano, porque todavía no había llegado su hora.

Comentario: Rev. D. Josep VALL i Mundó (Barcelona, España).

Nadie le echó mano, porque todavía no había llegado su hora