Homilía del Papa Francisco durante la Misa del Domingo de
Ramos.
"Jesús entra en Jerusalén. La muchedumbre de los
discípulos lo acompañan festivamente, se extienden los mantos ante él, se habla
de los prodigios que ha hecho, se eleva un grito de alabanza: «¡Bendito el que
viene como rey, en nombre del Señor! Paz en el cielo y gloria en lo alto» (Lc
19,38).
Gentío, fiesta, alabanza, bendición, paz. Se respira un
clima de alegría. Jesús ha despertado en el corazón tantas esperanzas, sobre
todo entre la gente humilde, simple, pobre, olvidada, esa que no cuenta a los
ojos del mundo. Él ha sabido comprender las miserias humanas, ha mostrado el
rostro de misericordia de Dios, se ha inclinado para curar el cuerpo y el alma.
Este es Jesús. Este es su corazón que nos mira a todos,
que mira nuestras enfermedades, nuestros pecados. Es grande el amor de Jesús. Y
así entra en Jerusalén con este amor, y nos mira a todos. Es una bella escena,
llena de luz -la luz del amor de Jesús, el de su corazón-, de alegría, de
fiesta.