08-05-2012 L’Osservatore Romano
Las cifras son escalofriantes. A pesar de luchas y guerras
históricas y de que desde hace más de un siglo el derecho internacional,
enriquecido por decenas de acuerdos y declaraciones mundiales, ha prohibido
toda forma de esclavitud y de tráfico de seres humanos, actualmente se siguen
contando millones y millones de víctimas de este dramático fenómeno. No por
casualidad el comercio de seres humanos está considerado como la segunda
actividad criminal más rentable a nivel global, tras el tráfico de armas.
Y mientras se siguen firmando declaraciones de principio,
“a diario —observa el Cardenal Peter Kodwo Appiach Turkson, presidente del
Consejo pontificio Justicia y Paz— hombres, mujeres y menores viven en
condiciones asimilables a la esclavitud. Son comprados y vendidos como
mercadería. Su dignidad intrínseca se pisotea por criminales sin escrúpulos que
se enriquecen comerciando con sus semejantes o explotándolos”.



