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domingo, 18 de octubre de 2015

El Orden habilita para el ejercicio del ministerio, confiado por Jesús a los Apóstoles

Hoy, contemplamos que el Orden —constituido por los tres grados de episcopado, presbiterado y diaconado— es el sacramento que habilita para el ejercicio del ministerio, confiado por Jesús a los Apóstoles, de apacentar su rebaño, con el poder de su Espíritu y según su corazón. Si no lo hace con amor no sirve. Los ministros que son elegidos y consagrados para este servicio prolongan en el tiempo la presencia de Jesús, si lo hacen con el poder del Espíritu Santo, en nombre de Dios y con amor.

Aquellos que son ordenados son puestos al frente de la comunidad. Están “al frente” sí, pero para Jesús significa poner la propia autoridad al servicio, como Él mismo enseñó a los discípulos. En virtud del Orden, el ministro se entrega por entero a la propia comunidad y la ama con todo el corazón: es su familia. El obispo, el sacerdote aman a la Iglesia en la propia comunidad como Cristo ama a la Iglesia.

—¡Un sacerdote, que no está al servicio de su comunidad no hace bien!

Comentario: REDACCIÓN evangeli.net (elaborado a partir de textos del Papa Francisco) (Città del Vaticano, Vaticano).

viernes, 2 de enero de 2015

“Y Paz en la Tierra”


En el clima espiritual de la Navidad y el inicio de un nuevo año civil nuestro pensamiento se dirige al ansiado valor de la paz. Este don, tan valorado por las sociedades, es apreciado tanto en esta vida como en la vida eterna, donde será parte de los bienaventurados. Así nos lo recordaba San Agustín: "Porque es tan singular el bien de la paz, que aún en las cosas terrenas y mortales no sabemos oír cosa de mayor gusto, ni desear objeto más agradable, ni finalmente podemos hallar cosa mejor".

La paz en la tierra es un innegable valor que solo se puede lograr cuando los mismos ciudadanos se proponen alcanzarla y a trabajan para conseguirla, por medio del orden, de la justicia, del respeto y de la libertad. Del mismo modo es apreciable reconocer que esta paz en la tierra ayuda a alcanzar la paz eterna, porque los tiempos de paz permiten la oración, la contemplación y la reflexión, es decir, permiten crecer al ser humano en sabiduría.