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sábado, 25 de julio de 2015

Evangelio del Sábado [25.07.2015]

Día litúrgico: 25 de Julio: Santiago apóstol, patrón de España


Texto del Evangelio (Mt 20,20-28): En aquel tiempo, se acercó a Jesús la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos, y se postró como para pedirle algo. Él le dijo: «¿Qué quieres?». Dícele ella: «Manda que estos dos hijos míos se sienten, uno a tu derecha y otro a tu izquierda, en tu Reino». Replicó Jesús: «No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber la copa que yo voy a beber?». Dícenle: «Sí, podemos». Díceles: «Mi copa, sí la beberéis; pero sentarse a mi derecha o mi izquierda no es cosa mía el concederlo, sino que es para quienes está preparado por mi Padre».

Al oír esto los otros diez, se indignaron contra los dos hermanos. Mas Jesús los llamó y dijo: «Sabéis que los jefes de las naciones las dominan como señores absolutos, y los grandes las oprimen con su poder. No ha de ser así entre vosotros, sino que el que quiera llegar a ser grande entre vosotros, será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros, será vuestro esclavo; de la misma manera que el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos».

Comentario: Mons. Octavio RUIZ Arenas, Secretario del Pontificio Consejo para la promoción de la Nueva Evangelización (Città del Vaticano, Vaticano).

«¿Podéis beber la copa que yo voy a beber?»

lunes, 1 de diciembre de 2014

Evangelio del Lunes [01.12.2014]

Día litúrgico: Lunes I de Adviento


Texto del Evangelio (Mt 8,5-11): En aquel tiempo, habiendo entrado Jesús en Cafarnaún, se le acercó un centurión y le rogó diciendo: «Señor, mi criado yace en casa paralítico con terribles sufrimientos». Dícele Jesús: «Yo iré a curarle». Replicó el centurión: «Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; basta que lo digas de palabra y mi criado quedará sano. Porque también yo, que soy un subalterno, tengo soldados a mis órdenes, y digo a éste: ‘Vete’, y va; y a otro: ‘Ven’, y viene; y a mi siervo: ‘Haz esto’, y lo hace».

Al oír esto Jesús quedó admirado y dijo a los que le seguían: «Os aseguro que en Israel no he encontrado en nadie una fe tan grande. Y os digo que vendrán muchos de oriente y occidente y se pondrán a la mesa con Abraham, Isaac y Jacob en el reino de los Cielos».

Comentario: Rev. D. Joaquim MESEGUER García (Sant Quirze del Vallès, Barcelona, España).

Os aseguro que en Israel no he encontrado en nadie una fe tan grande

domingo, 2 de febrero de 2014

Fiesta de la “Virgen del Buen Paso”: Patrona de Caravelí (Arequipa)


“Alaba mi Alma la grandeza del Señor y mi espíritu se alegra en Dios mi salvador. Porque ha puesto los ojos en la pequeñez de su esclava.”
(Lc 1,46)

Dios puso su mirada en María por su humildad y sencillez, por su abandono y confianza, por su fiat (“hágase”) a la voluntad de Dios. Es por eso que seguimos su ejemplo y celebramos la fiesta de nuestra madre, bajo la advocación de la Virgen del Buen Paso”.

La advocación de la Santísima Virgen del Buen Paso, data a inicios del siglo XVI (Islas Canarias, España). En las primeras décadas del siglo XVIII Fray Diego Henríquez cuando habla de la Patrona de la Isla de la Gomera se refiere a la Virgen del Buen Paso. La elección de su ermita fue anterior a 1544 y estaba situada a la entrada de la Rada (Bahía) de San Sebastián, nada queda de ella. Era una talla flamenca de madera, cuya fiesta se celebraba el día de la Natividad de la Virgen, el 8 de septiembre.

Nuestra Madre llegó a Caravelí en el s. XVII (alrededor de 1630) y desde entonces se la venera como patrona. Ella procede de una de las siete Islas Canarias: muy posiblemente, desde la isla de la Gomera. Allí fue patrona, muchos años. Pero, con el transcurrir del tiempo, cambiaron el patronazgo, por el de la Virgen de Guadalupe de la Gomera (s. XIX), aunque se le veneraba mucho desde siglos atrás.

La Virgen María es para nosotros modelo de discipulado, ella nos enseña a anunciar al Señor Jesús y ser fiel a su voluntad, a pesar de que muchas veces no entendemos sus designios. Ella nos enseña a fiarnos y abandonarnos a nuestro Padre Dios, sabiendo que Él jamás juega con nosotros, sino al contrario, Él quiere siempre nuestra felicidad y nunca nuestra condena.

Por: Renzo Miguel Saldaña Gonzales,
Seminarista de la Prelatura de Caravelí