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domingo, 23 de noviembre de 2014

El "Juicio final": gracia y justicia


Hoy, la imponente imagen del Juicio final debemos considerarla no como algo terrorífico, sino como motivo de una esperanza que, simultáneamente, apela a nuestra responsabilidad. Dios es justicia y crea justicia: éste es nuestro consuelo y nuestra esperanza. Pero en su justicia está también la gracia.

Esto lo descubrimos dirigiendo la mirada hacia Jesucristo crucificado y resucitado. Ambas —justicia y gracia— han de ser vistas en su justa relación. La gracia no excluye la justicia; no convierte la injusticia en derecho. El Juicio de Dios es esperanza, tanto porque es justicia, como también porque es gracia. Si fuera solamente gracia, haría irrelevante todo lo terrenal y Dios seguiría debiéndonos la respuesta a la pregunta sobre la justicia en nuestra historia. Si fuera pura justicia, sería al final sólo un motivo de temor.

—Tu encarnación, Señor, ha unido juicio y gracia de tal modo que la justicia se establece con firmeza. No obstante, la gracia me permite encaminarme lleno de confianza al encuentro con mi "Juez-Abogado".

domingo, 17 de noviembre de 2013

Evangelio del Domingo [17.11.2013]

Día litúrgico: Domingo XXXIII (C) del tiempo ordinario


Texto del Evangelio (Lc 21,5-19): En aquel tiempo, como dijeran algunos, acerca del Templo, que estaba adornado de bellas piedras y ofrendas votivas, Él dijo: «Esto que veis, llegarán días en que no quedará piedra sobre piedra que no sea derruida».

Le preguntaron: «Maestro, ¿cuándo sucederá eso? Y ¿cuál será la señal de que todas estas cosas están para ocurrir?». Él dijo: «Mirad, no os dejéis engañar. Porque vendrán muchos usurpando mi nombre y diciendo: ‘Yo soy’ y ‘el tiempo está cerca’. No les sigáis. Cuando oigáis hablar de guerras y revoluciones, no os aterréis; porque es necesario que sucedan primero estas cosas, pero el fin no es inmediato».

Entonces les dijo: «Se levantará nación contra nación y reino contra reino. Habrá grandes terremotos, peste y hambre en diversos lugares, habrá cosas espantosas, y grandes señales del cielo. Pero, antes de todo esto, os echarán mano y os perseguirán, entregándoos a las sinagogas y cárceles y llevándoos ante reyes y gobernadores por mi nombre; esto os sucederá para que deis testimonio. Proponed, pues, en vuestro corazón no preparar la defensa, porque yo os daré una elocuencia y una sabiduría a la que no podrán resistir ni contradecir todos vuestros adversarios. Seréis entregados por padres, hermanos, parientes y amigos, y matarán a algunos de vosotros, y seréis odiados de todos por causa de mi nombre. Pero no perecerá ni un cabello de vuestra cabeza. Con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas».

Comentario: Rev. D. Joan MARQUÉS i Suriñach (Vilamarí, Girona, España).

Mirad, no os dejéis engañar

viernes, 15 de noviembre de 2013

El Juicio Final: respuesta a las injusticias de la historia

El Juicio Final, Capilla Sixtina (Ciudad el Vaticano)
Hoy día, la idea del Juicio Final se ha desvaído: la fe cristiana se orienta sobre todo hacia la salvación personal del alma; la reflexión sobre la historia universal, en cambio, está dominada en gran parte por la idea del "progreso".

El ateísmo de los siglos XIX y XX, por sus raíces y finalidad, es un moralismo, una protesta contra las injusticias de la historia: tanto sufrimiento de los inocentes y tanto cinismo del poder, no pueden ser obra de un Dios bueno. Pero, aunque sea comprensible la protesta contra Dios, la pretensión de que la humanidad pueda hacer justicia sin Dios es presuntuosa e intrínsecamente falsa. Si de esta premisa se han derivado las más grandes crueldades, no es casualidad.

—Un mundo que tiene que crear su justicia por sí mismo es un mundo sin esperanza. La fe en el Juicio Final y en el retorno de Cristo es, ante todo, una esperanza, cuya necesidad se ha hecho más evidente precisamente en las convulsiones de los últimos siglos. 


lunes, 18 de febrero de 2013

Evangelio del Lunes [18.02.2013]


Día litúrgico: Lunes I de Cuaresma


Texto del Evangelio (Mt 25,31-46): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria acompañado de todos sus ángeles, entonces se sentará en su trono de gloria. Serán congregadas delante de Él todas las naciones, y Él separará a los unos de los otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos. Pondrá las ovejas a su derecha, y los cabritos a su izquierda. Entonces dirá el Rey a los de su derecha: ‘Venid, benditos de mi Padre, recibid la herencia del Reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; era forastero, y me acogisteis; estaba desnudo, y me vestisteis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a verme’. Entonces los justos le responderán: ‘Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te dimos de comer; o sediento, y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos forastero, y te acogimos; o desnudo, y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o en la cárcel, y fuimos a verte?’. Y el Rey les dirá: ‘En verdad os digo que cuanto hicisteis a unos de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis’.

»Entonces dirá también a los de su izquierda: ‘Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el Diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre, y no me disteis de comer; tuve sed, y no me disteis de beber; era forastero, y no me acogisteis; estaba desnudo, y no me vestisteis; enfermo y en la cárcel, y no me visitasteis’. Entonces dirán también éstos: ‘Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento o forastero o desnudo o enfermo o en la cárcel, y no te asistimos?’. Y él entonces les responderá: ‘En verdad os digo que cuanto dejasteis de hacer con uno de estos más pequeños, también conmigo dejasteis de hacerlo’. E irán éstos a un castigo eterno, y los justos a una vida eterna».

Comentario: Rev. D. Joaquim MONRÓS i Guitart (Tarragona, España).

Cuanto dejasteis de hacer con uno de estos más pequeños, también conmigo dejasteis de hacerlo

domingo, 18 de noviembre de 2012

Mis palabras no pasarán



Hoy el Evangelio presenta una parte del discurso de Jesús sobre el final de los tiempos. Hay una frase que impresiona por su claridad sintética: "El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán".

La expresión "el cielo y la tierra" aparece con frecuencia en la Biblia para indicar todo el universo, todo el cosmos. Jesús declara que todo esto está destinado a "pasar". No sólo la tierra, sino también el cielo, que aquí se entiende en sentido cósmico, no como sinónimo de Dios. La Sagrada Escritura no conoce ambigüedad: toda la creación está marcada por la finitud. Con esta clara distinción, Jesús afirma que sus palabras "no pasarán", es decir, están de la parte de Dios y, por consiguiente, son eternas.

—Quienes oyen la Palabra, la acogen y dan fruto, forman parte del reino de Dios, es decir, viven bajo su señorío; están en el mundo, pero ya no son del mundo; llevan dentro una semilla de eternidad, y al final producirá la resurrección de la carne. Este es el poder de la Palabra de Cristo.

Evangelio del Domingo [18.11.2012]


Día litúrgico: Domingo XXXIII (B) del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Mc 13,24-32): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «En aquellos días, después de la tribulación aquella, el sol se oscurecerá, y la luna no dará su resplandor, y los astros estarán cayendo del cielo, y las fuerzas que hay en los cielos serán sacudidas. Entonces, verán al Hijo del hombre viniendo en las nubes con gran poder y gloria. Y entonces enviará a los ángeles, y congregará a sus elegidos de los cuatro vientos, desde la extremidad de la tierra hasta la extremidad del cielo.

»De la higuera aprended la semejanza: cuando ya sus ramas se ponen tiernas, y brotan las hojas, conocéis que el verano está cerca; así también, cuando veáis suceder todo esto, sabed que Él está cerca, a las puertas. En verdad, os digo, la generación ésta no pasará sin que todas estas cosas se hayan efectuado. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán. Mas en cuanto al día y la hora, nadie sabe, ni los mismos ángeles del cielo, ni el Hijo, sino el Padre».

Comentario: Rev. D. Pedro IGLESIAS Martínez (Rubí, Barcelona, España).

Él está cerca

viernes, 2 de noviembre de 2012

Luego de la muerte ¿las almas de los difuntos van a diferentes destinos?


Gabriel González Nares - 28 octubre 2012

Arzobispo Tito Solari - mast'aku armado en altar de la Catedral valluca 

Los destinos de las almas son distintos conforme a su estado. Porque el alma libre del cuerpo está en estado de recibir bien o mal por sus merecimientos luego de las acciones en vida. De aquí que después de la muerte está en estado de recibir el premio final o en estado de quedarse sin él.

La teología cristiana cuenta con una rama llamada escatología, dedicada al estudio de las realidades últimas. La escatología enseña que, luego de la muerte, el alma intelectual se separa del cuerpo y es juzgada por Dios. Pero, ¿qué pasa después? ¿El alma sin cuerpo qué destino tiene?


lunes, 27 de febrero de 2012

El Juicio final como lugar de ejercicio de la esperanza


Hoy, ante la imagen del Juicio final, la Cuaresma nos renueva la esperanza en Aquel que nos hace pasar de la muerte a la vida. El juicio es un "lugar de ejercicio de la esperanza". La imagen del Juicio final no es una imagen terrorífica, sino una imagen decisiva de esperanza: sólo Dios puede crear justicia.

Dios ha revelado su rostro precisamente en la figura del que sufre y comparte la condición del "hombre abandonado", tomándola consigo. Este Inocente que sufre se ha convertido en esperanza-certeza: Dios existe, y Dios sabe crear la justicia de un modo que nosotros no somos capaces de concebir y que, sin embargo, podemos intuir en la fe. Sí, existe la resurrección de la carne; ¡existe una justicia! Existe la "revocación" del sufrimiento pasado, la reparación que restablece el Derecho.

—La fe en el Juicio final es, ante todo, esperanza, cuya necesidad se ha hecho evidente precisamente en las convulsiones de los últimos siglos: la injusticia de la historia no tendrá la última palabra…

* Texto elaborado a partir de textos de Benedicto XVI (Master evangeli.net)

Evangelio del Lunes día [27.02.2012]

Día litúrgico: Lunes I de Cuaresma


Texto del Evangelio (Mt 25,31-46): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria acompañado de todos sus ángeles, entonces se sentará en su trono de gloria. Serán congregadas delante de Él todas las naciones, y Él separará a los unos de los otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos. Pondrá las ovejas a su derecha, y los cabritos a su izquierda. Entonces dirá el Rey a los de su derecha: ‘Venid, benditos de mi Padre, recibid la herencia del Reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; era forastero, y me acogisteis; estaba desnudo, y me vestisteis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a verme’. Entonces los justos le responderán: ‘Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te dimos de comer; o sediento, y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos forastero, y te acogimos; o desnudo, y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o en la cárcel, y fuimos a verte?’. Y el Rey les dirá: ‘En verdad os digo que cuanto hicisteis a unos de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis’.

»Entonces dirá también a los de su izquierda: ‘Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el Diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre, y no me disteis de comer; tuve sed, y no me disteis de beber; era forastero, y no me acogisteis; estaba desnudo, y no me vestisteis; enfermo y en la cárcel, y no me visitasteis’. Entonces dirán también éstos: ‘Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento o forastero o desnudo o enfermo o en la cárcel, y no te asistimos?’. Y él entonces les responderá: ‘En verdad os digo que cuanto dejasteis de hacer con uno de estos más pequeños, también conmigo dejasteis de hacerlo’. E irán éstos a un castigo eterno, y los justos a una vida eterna».

Comentario: Rev. D. Joaquim MONRÓS i Guitart (Tarragona, España).

«Cuanto dejasteis de hacer con uno de estos más pequeños, también conmigo dejasteis de hacerlo»