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miércoles, 30 de marzo de 2016

Con la resurrección de Jesús la Escritura se ha desvelado de un modo nuevo

Hoy partiendo de lo inesperado, la Escritura se ha desvelado de un modo nuevo. Obviamente, la nueva lectura de las Escrituras sólo podía comenzar después de la resurrección, porque únicamente por ella Jesús quedó acreditado como enviado de Dios. Ahora había que identificar ambos eventos —cruz y resurrección— en la Escritura, entenderlos de un modo nuevo y llegar así a la fe en Jesucristo como el Hijo de Dios.

Para los discípulos, la resurrección era tan real como la cruz. Se rindieron simplemente ante la realidad: después de tanto titubeo y asombro inicial, ya no podían oponerse a ella. Es realmente Él; vive y nos ha hablado, ha permitido que le toquemos, aun cuando ya no pertenece al mundo de lo que normalmente es tangible.

—La paradoja era indescriptible: Él era completamente diferente, no un cadáver reanimado, sino alguien que vivía desde Dios de un modo nuevo y para siempre; y, al mismo tiempo, sin pertenecer ya a nuestro mundo, estaba presente de manera real, en su plena identidad.

Comentario: REDACCIÓN evangeli.net (elaborado a partir de textos de Benedicto XVI) (Città del Vaticano, Vaticano).

miércoles, 3 de junio de 2015

El cielo. El error de los saduceos acerca de la resurrección


Hoy, con evidente intención retorcida, los saduceos son víctimas de la torpe inconsistencia de sus planteamientos. Primero, usan indebidamente la Escritura: para encontrar fundamento a sus equivocadas creencias, buscan contradicciones internas en la Revelación de Dios. Segundo, caen en el pueril error de concebir el cielo con imágenes humanas, sometiendo la grandeza celestial a esquemas terrenales.

Desde que Jesús ascendió al cielo, el ser humano ha entrado de modo inaudito y nuevo en la intimidad de Dios; el hombre encuentra, ya para siempre, espacio en Dios. El "cielo", la palabra cielo no indica un lugar sobre las estrellas, sino algo mucho más osado y sublime: indica a Cristo mismo, la Persona divina que acoge plenamente y para siempre a la humanidad, Aquel en quien Dios y el hombre están inseparablemente unidos para siempre.

—El estar del hombre en Dios es el cielo. Y nosotros nos acercamos al cielo, más aún, entramos en el cielo en la medida en que nos acercamos a Jesús y entramos en comunión con Él.

Comentario: REDACCIÓN evangeli.net (elaborado a partir de textos de Benedicto XVI) (Città del Vaticano, Vaticano).

jueves, 5 de marzo de 2015

Jesús, crucificado y resucitado, es el auténtico "Lázaro"


Hoy consideramos el final de la "Parábola del rico epulón y el pobre Lázaro". El hombre rico dice a Abraham desde el Hades lo que muchos hombres, entonces como ahora, dicen o les gustaría decir a Dios: si quieres que te creamos, entonces debes ser más claro; mándanos a alguien desde el más allá que nos pueda decir que eso es realmente así.

La petición de pruebas aparece a lo largo de todo el Evangelio. La respuesta de Abraham, así como la de Jesús, es clara: quien no crea en la palabra de la Escritura tampoco creerá a uno que venga del más allá. Las verdades supremas no pueden someterse a la evidencia empírica. Pensemos en la resurrección de Lázaro de Betania: el milagro no conduce a la fe, sino al endurecimiento.

—Jesús —crucificado a las puertas de la ciudad, expuesto a la burla— es el verdadero Lázaro enviado por el Padre: creer en Él y seguirlo es la invitación de esta parábola, que es más que una parábola.

Comentario: REDACCIÓN evangeli.net (elaborado a partir de textos de Benedicto XVI) (Città del Vaticano, Vaticano).