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martes, 21 de julio de 2015

La voluntad del Padre

Hoy Jesucristo señala como "suyos" aquellos que cumplen la voluntad del Padre celestial. Pero, ¿no parecería eso una exageración, incluso "anti-natural"? Emerge en nuestra memoria el drama de Getsemaní, donde la voluntad humana de Jesús parece "pugnar" contra su propia voluntad divina (¡es Dios Hijo!), que debía identificarse con la del Padre.

En realidad, lo misterioso no es tanto aquella "pugna" de voluntades en Cristo, sino nuestra "esquizofrenia" al desmarcarnos del querer del Padre. Desde que fue creada, la voluntad humana está orientada a la divina. Al asumir la voluntad divina, nuestra voluntad alcanza su cumplimiento, no su destrucción. Pero el hombre, por la "estrechez original", tiende a sentir amenazada su libertad por la voluntad del Padre. Este desapego es, justamente, lo que más hace sufrir a Jesús en el Huerto de los Olivos.

—Jesús, nuestra obstinación contra Dios estuvo presente en tu oración. Con tu sangrante "pugna" interior en Getsemaní, arrastras a nuestra naturaleza "recalcitrante" hacia su verdadera razón de ser: el Padre.

Comentario: REDACCIÓN evangeli.net (elaborado a partir de textos de Benedicto XVI) (Città del Vaticano, Vaticano).

lunes, 16 de febrero de 2015

Cristo no se arroja desde el pináculo del Templo


Hoy —y continuamente— se pide una "señal" al Señor. El diablo también lo "intentó"… y le "tentó" en el desierto: "Si eres Hijo de Dios...". Volveremos a escuchar estas palabras a los que se burlaban de Jesús en el Calvario: "Si eres Hijo de Dios, baja de la cruz". Se superponen la burla y la tentación: para ser creíble, Cristo debe dar una prueba de lo que dice ser.

Es "probado" del mismo modo que se prueba una mercancía: debe someterse a las condiciones que nosotros consideramos necesarias para llegar a una certeza. Esta petición de pruebas acompaña a Jesús durante toda su vida. "Si eres Hijo de Dios...": ¡qué desafío! Su señal, sin embargo, fueron la "pequeñez" y los "pañales"; no cedió al expediente de "pan y circo": ni convirtió piedras en panes, ni bajó de la Cruz, ni se lanzó desde…

—Cristo no se arroja desde el pináculo del Templo. Pero ha descendido al abismo de la muerte, como acto del amor de Dios por los hombres.

Comentario: REDACCIÓN evangeli.net (elaborado a partir de textos de Benedicto XVI) (Città del Vaticano, Vaticano).

miércoles, 11 de febrero de 2015

El corazón y la pureza del corazón

Hoy aparece —controvertidamente— la fundamental cuestión del "corazón": es ahí —y no fuera— donde se "teje" la trama de la historia humana. En Marcos vemos el cambio radical que Jesús ha dado al concepto de pureza ante Dios: no son las prácticas rituales lo que purifica. La pureza y la impureza tienen lugar en el corazón del hombre y dependen de la condición de su corazón. Y antes que un "rearme" (esfuerzo) ético, el punto decisivo es el encuentro con Dios en Jesucristo: Él nos purifica.

La palabra "corazón" se refiere a la interrelación interna de las capacidades perceptivas del hombre, en la que también entra en juego la correcta unión de cuerpo y alma, como corresponde a la "totalidad" del hombre. Sin aislar la razón o la voluntad, el hombre ha de aceptar de Dios su propio "ser cuerpo" y "ser espíritu", viviendo la corporeidad de su existencia como riqueza para el espíritu.

—El corazón ha de ser puro, profundamente abierto y libre para ver a Dios.

Comentario: REDACCIÓN evangeli.net (elaborado a partir de textos de Benedicto XVI) (Città del Vaticano, Vaticano).