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domingo, 15 de marzo de 2015

El lavatorio que nos purifica es el amor de Jesús que llega hasta la muerte


Hoy, Jesús exaltado en la Cruz aparece como salvación para todos los que le miren con fe. Para entrar en comunión con Dios, el hombre ha de ser "puro". Pero, cuanto más se adentra en la luz, tanto más se siente necesitado de purificación. Por eso las religiones han creado sistemas de "purificación".

Sin embargo, Jesús ha dado un cambio radical al concepto de pureza ante Dios: no son las prácticas rituales lo que purifica. La pureza y la impureza tienen lugar en el corazón del hombre, y la fe es lo que purifica el corazón (cf. Hch 15,5-11). Dicha fe se debe a que Dios sale al encuentro del hombre (no es simplemente una decisión autónoma de los hombres).

—El lavatorio que nos purifica es el amor de Jesús que llega hasta la muerte. En la gran aspiración de la humanidad a la pureza, el Evangelio de Juan —Jesús mismo— nos indica el rumbo: Él, que es Dios y Hombre al mismo tiempo, nos hace capaces de Dios.

Comentario: REDACCIÓN evangeli.net (elaborado a partir de textos de Benedicto XVI) (Città del Vaticano, Vaticano).

domingo, 22 de febrero de 2015

Las tentaciones de Jesús


Hoy, el relato de las tentaciones de Jesús guarda una estrecha relación con su Bautismo, en el que el Señor se hace solidario con los pecadores. Los tres Evangelios Sinópticos cuentan que la primera disposición del Espíritu lo lleva al desierto para ser tentado por el diablo.

El descenso de Jesús "a los infiernos" del que habla el "Credo" no sólo se realiza en su muerte y tras su muerte, sino que siempre forma parte de su camino: debe recoger toda la historia desde sus comienzos —desde "Adán"—, recorrerla y sufrirla hasta el fondo, para poder transformarla. Es un descenso a los peligros que amenazan al hombre, porque sólo así se puede levantar al hombre que ha caído. Jesús tiene que entrar en el drama de la existencia humana, para encontrar así a "la oveja descarriada", cargarla sobre sus hombros y devolverla al redil.

—Jesús, Tú eres el "Sacerdote" que puedes verdaderamente compadecerte de mis miserias: has sido probado en todo exactamente como yo, menos en el pecado.

Comentario: REDACCIÓN evangeli.net (elaborado a partir de textos de Benedicto XVI) (Città del Vaticano, Vaticano).

viernes, 7 de noviembre de 2014

El "purgatorio"


Hoy, incluso para este "administrador infiel", del corazón de Jesús sale una alabanza (por su astucia). Admiramos la tenacidad divina para salvar nuestras vidas, ni que sea aprovechando algunos pocos "fragmentos" de bien que Él encuentre en nuestra existencia terrena. En esta línea discurre la enseñanza católica sobre el "purgatorio".

En gran parte de los hombres —eso podemos suponer— queda en lo más profundo de su ser una última apertura interior a la verdad, al amor, hacia Dios, aunque en las opciones concretas de la vida dicha apertura se haya empañado con compromisos con el mal. Dios puede recoger los "fragmentos" y hacer "algo" con ellos (purificarlos y unirlos). Necesitamos una cierta limpieza final (¡un purgatorio!), donde la mirada de Cristo nos limpie de verdad, haciéndonos aptos para Dios y capaces de estar en su morada. Es una necesidad tan humana que, si no existiera el purgatorio, ¡habría que inventarlo!

—Señor, antes que una "pieza malograda de un alfarero", deseo ser salvable para culminar contigo mi existencia.

martes, 15 de octubre de 2013

Evangelio del Martes [15.10.2013]

Día litúrgico: Martes XXVIII del tiempo ordinario



Texto del Evangelio (Lc 11,37-41): En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba, un fariseo le rogó que fuera a comer con él; entrando, pues, se puso a la mesa. Pero el fariseo se quedó admirado viendo que había omitido las abluciones antes de comer. Pero el Señor le dijo: «¡Bien! Vosotros, los fariseos, purificáis por fuera la copa y el plato, mientras por dentro estáis llenos de rapiña y maldad. ¡Insensatos! el que hizo el exterior, ¿no hizo también el interior? Dad más bien en limosna lo que tenéis, y así todas las cosas serán puras para vosotros».

Comentario: Rev. D. Pedro IGLESIAS Martínez (Rubí, Barcelona, España).

Dad más bien en limosna lo que tenéis, y así todas las cosas serán puras para vosotros

viernes, 11 de enero de 2013

Jesús se convirtió en "leproso" para que nosotros fuéramos purificados



Hoy, Jesús no evita el contacto con este hombre; más aún, impulsado por una íntima participación en su condición, extiende su mano y lo toca, y le dice: "Quiero, queda limpio".

En ese gesto y en esas palabras de Cristo está toda la historia de la salvación, está encarnada la voluntad de Dios de curarnos, de purificarnos del mal que nos desfigura y arruina nuestras relaciones. En aquel contacto entre la mano de Jesús y el leproso queda derribada toda barrera entre Dios y la impureza humana, entre lo sagrado y su opuesto, no para negar el mal y su fuerza negativa, sino para demostrar que el amor de Dios es más fuerte que cualquier mal, incluso más que el más contagioso y horrible. Jesús tomó sobre sí nuestras enfermedades, se convirtió en "leproso" para que nosotros fuéramos purificados.

—A través de su Madre es siempre Jesús quien sale a nuestro encuentro para liberarnos de toda enfermedad del cuerpo y del alma. ¡Dejémonos tocar y purificar por Él!

Evangelio del Viernes [11.01.2013]


Día litúrgico: 11 de Enero (Feria del tiempo de Navidad)


Texto del Evangelio (Lc 5,12-16): Y sucedió que, estando en una ciudad, se presentó un hombre cubierto de lepra que, al ver a Jesús, se echó rostro en tierra, y le rogó diciendo: «Señor, si quieres, puedes limpiarme». Él extendió la mano, le tocó, y dijo: «Quiero, queda limpio». Y al instante le desapareció la lepra. Y él le ordenó que no se lo dijera a nadie. Y añadió: «Vete, muéstrate al sacerdote y haz la ofrenda por tu purificación como prescribió Moisés para que les sirva de testimonio». Su fama se extendía cada vez más y una numerosa multitud afluía para oírle y ser curados de sus enfermedades. Pero Él se retiraba a los lugares solitarios, donde oraba.

Comentario: Rev. D. Santi COLLELL i Aguirre (La Garriga, Barcelona, España).

Su fama se extendía cada vez más

domingo, 18 de marzo de 2012

El lavatorio que nos purifica es el amor de Jesús que llega hasta la muerte


Hoy, en el Evangelio, Jesús exaltado en la Cruz aparece como salvación para todos los que le miren con fe. Para entrar en comunión con Dios, el hombre ha de ser "puro". Pero cuanto más se adentra en la luz, tanto más se siente necesitado de purificación. Por eso las religiones han creado sistemas de "purificación".

Sin embargo, Jesús ha dado un cambio radical al concepto de pureza ante Dios: no son las prácticas rituales lo que purifica. La pureza y la impureza tienen lugar en el corazón del hombre, y la fe es lo que purifica el corazón (cf. Hch 15,5-11). Dicha fe se debe a que Dios sale al encuentro del hombre (no es simplemente una decisión autónoma de los hombres).

—El lavatorio que nos purifica es el amor de Jesús que llega hasta la muerte. En la gran aspiración de la humanidad a la pureza, el Evangelio de Juan —Jesús mismo— nos indica el rumbo: Él, que es Dios y Hombre al mismo tiempo, nos hace capaces de Dios.

* Texto elaborado a partir de textos de Benedicto XVI (Master evangeli.net)