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martes, 2 de mayo de 2017

Evangelio del Martes [02.05.2017]


Día litúrgico: Martes III de Pascua


Texto del Evangelio (Jn 6,30-35): En aquel tiempo, la gente dijo a Jesús: «¿Qué señal haces para que viéndola creamos en ti? ¿Qué obra realizas? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, según está escrito: Pan del cielo les dio a comer». Jesús les respondió: «En verdad, en verdad os digo: No fue Moisés quien os dio el pan del cielo; es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo; porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da la vida al mundo». Entonces le dijeron: «Señor, danos siempre de ese pan». Les dijo Jesús: «Yo soy el pan de la vida. El que venga a mí, no tendrá hambre, y el que crea en mí, no tendrá nunca sed».

Comentario: Rev. D. Joaquim MESEGUER García (Sant Quirze del Vallès, Barcelona, España).

«Es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo»

miércoles, 2 de mayo de 2012

Festividad de San Atanasio




Atanasio nació en Alejandría de Egipto en el año 295, y es la figura más dramática y desconcertante de la rica galería de los Padres de la Iglesia. Tozudo defensor de la ortodoxia durante la gran crisis arriana, inmediatamente después del Concilio de Nicea, pagó su heroica resistencia a la herejía con cinco destierros decretados por los emperadores Constantino, Constancio, Julián y Valente. Arrio, un sacerdote salido del seno mismo de la Iglesia de Alejandría, negando la igualdad substancial entre el Padre y el Hijo, amenazaba atacar el corazón mismo del cristianismo. En efecto, si Cristo no es Hijo de Dios, y él mismo no es Dios, ¿a qué queda reducida la redención de la humanidad?

Festividades del día 2 de Mayo


Obispo y Doctor de la Iglesia.

Apóstol de Madrid.

Obispo.

Mártir.

Virgen y Mártir.

Obispo.

jueves, 12 de abril de 2012

Festividad de San Julio I papa



XXXV Papa.

Martirologio Romano: En Roma, en el cementerio de Calepodio, en el tercer miliario de la vía Aurelia, sepultura del papa san Julio I, quien, frente a los ataques de los arrianos, custodió valientemente la fe del Concilio de Nicea, defendió a san Atanasio, perseguido y exiliado, y reunió el Concilio de Sárdica. († 352)

Fecha de canonización: Información no disponible. La antigüedad de los documentos y de las técnicas usadas para archivarlos, la acción del clima, y en muchas ocasiones del mismo ser humano, han impedido que tengamos esta concreta información el día de hoy. Si sabemos que fue canonizado antes de la creación de la Congregación para la causa de los Santos, y que su culto fue aprobado por el Obispo de Roma: el Papa.

Se conocen pocos datos de su vida anterior a la elección para Sumo Pontífice el 6 de febrero del 337, muerto el papa Marcos y después de ocho meses de sede vacante. El Liber Pontificalis nos dice que era romano y que su padre se llamaba Rústico.

La primera de las actuaciones que deberá realizar -que le seguirá luego por toda su vida- está directamente relacionada con la lucha contra el arrianismo. Había sido condenada la herejía en el Concilio universal de Nicea, en el 325; pero una definición dogmática no liquida de modo automático un problema, cuando las personas implicadas están vivas, se aferran a sus esquemas y están preñadas de otros intereses menos confesables.

miércoles, 14 de marzo de 2012

La fe, es experiencia, no teoría



Publicado el 12/03/2012 por vaticanes

El Padre Raniero Cantalamessa, capuchino, predicador de la Casa Pontificia, ha pronunciado esta mañana el primero de los sermones Cuaresmales dirigidos al Papa y la Curia romana. Este año, el Padre Cantalamessa estudia cuatro grandes doctores de la Iglesia oriental. El primero de ellos, San Atanasio, obispo de Alejandria del siglo IV, nos enseña que la fe en la divinidad de Cristo no es posible si no se experimenta también la salvación operada por Cristo. Sin esta experiencia, la divinidad de Cristo se convierte en una idea, a la que fácilmente se puede oponer otra idea.

La salvación se experimenta leyendo la Palabra de Dios, recibiendo los sacramentos, sobre todo la Eucaristía, rezando, ejercitando los carismas.

En nuestro tiempo, la fe en la Divinidad de Cristo, es indispensable para mantener viva la esperanza sobre el futuro de la Iglesia y del mundo.

viernes, 9 de marzo de 2012

La fe en la divinidad de Cristo


09-03-2012 Radio Vaticana

(RV).- Benedicto XVI ha tomado parte esta mañana, en la Capilla Redemptoris Mater, junto a la Familia Pontificia, a la primera predicación de Cuaresma del padre capuchino Raniero Cantalamessa. Sermón que ha dedicado a “San Atanasio y la fe en la Divinidad de Cristo”.

El predicador de la Casa Pontificia ha indicado que este año, en preparación al Año de la fe, proclamado por el Santo Padre Benedicto XVI, los cuatro sermones de Cuaresma se basarán en los cuatro grandes doctores de la Iglesia oriental: Atanasio, Basilio, Gregorio Nacianceno y Gregorio de Nisa, para ver lo que cada uno de ellos nos dice sobre el dogma del que eran respectivamente, maestros: la divinidad de Cristo, el Espíritu Santo, la Trinidad, y el conocimiento de Dios.

“Todo ello con la intención -ha señalado el predicador- de elaborar el impulso y restaurar la frescura de nuestra fe, a través de un renovado contacto con estos gigantes "de la fe" del pasado. Lo que nos gustaría aprender de los Padres no es tanto la forma de proclamar la fe en el mundo, sino más bien la profundización de su propia fe, redescubrir, detrás de ellos, la riqueza, la belleza y la felicidad de creer”.

El padre capuchino ha iniciado hoy con San Atanasio, “el campeón de la divinidad de Cristo”. Fue obispo de Alejandría, nacido en el año 295. “Pocos padres han dejado una huella tan profunda en la historia de la Iglesia. Viene recordado por muchas cosas: “la influencia que tuvo en la difusión del monaquismo, por haber sido el primero en reclamar la libertad de la Iglesia en un Estado cristiano, por su amistad con los obispos occidentales”.

Todo su trabajo y mérito consistieron en eliminar los obstáculos que hasta entonces habían impedido el pleno reconocimiento, sin reticencias, de la divinidad de Cristo en el contexto cultural griego. “La divinidad de Cristo -decía- es la piedra angular que sostiene los dos misterios principales de la fe: la Trinidad y la Encarnación, dos puertas que se abren y se cierran a la vez”.

Para San Atanasio, ha explicado el padre Catalamessa, es necesario a veces demoler en nosotros, creyentes, y en los hombres de Iglesia, la falsa persuasión de creer, de estar tranquilos por lo que se refiere a la fe. “Es necesario, en cambio, provocar la duda, poner en duda la fe, para podernos poner así a la búsqueda de una fe más autentica”.

Atanasio recuerda que “la fe en la divinidad de Cristo no es posible sin tener presente la experiencia de la salvación obrada por Cristo. Y esa experiencia de la salvación “se hace leyendo la palabra de Dios, administrando y recibiendo los sacramentos, sobre todo la Eucaristía, lugar privilegiado de la presencia del Resucitado, ejercitando los carismas, manteniendo contacto con la vida de la comunidad creyente y rezando.

“La fe en la divinidad de Cristo nos es sobre todo indispensable en este momento, para mantener viva la esperanza sobre el futuro de la Iglesia y del mundo”.

ER - RV

domingo, 26 de febrero de 2012

Festividad de San Alejandro de Alejandría

Patriarca de Alejandría.

Martirologio Romano: Conmemoración de san Alejandro, obispo, anciano célebre por el celo de su fe, que fue elegido para la sede alejandrina como sucesor de san Pedro y rechazó la nefasta herejía de su presbítero Arrio, que se había apartado de la comunión de la Iglesia. Junto con trescientos dieciocho Padres participó en el primer Concilio de Nicea, que condenó tal error (326).

Etimológicamente: Alejandro = Aquel que protege a los hombres. Viene de la lengua griega.

San Alejandro, patriarca de Alejandría, tiene una especial significación en la historia de la Iglesia a principios del siglo IV, por haber sido el primero en descubrir y condenar la herejía de Arrio y haber iniciado la campaña contra esta herejía, que tanto preocupó a la Iglesia durante aquel siglo. A él cabe también la gloria de haber formado y asociado en el gobierno de la Iglesia alejandrina a San Atanasio, preparándose de este modo un digno sucesor, que debía ser el portavoz de la ortodoxia católica en las luchas contra el arrianismo.

Nacido Alejandro hacia el año 250, ya durante el gobierno de Pedro de Alejandría se distinguió de un modo especial en aquella Iglesia. Los pocos datos que poseemos sobre sus primeras actividades nos han sido transmitidos por los historiadores Sócrates, Sozomeno y Teodoreto de Ciro, a los que debemos añadir la interesante información de San Atanasio. Así, pues, en general, podemos afirmar que las fuentes son relativamente seguras.

domingo, 19 de febrero de 2012

Iglesia: lugar donde Dios 'llega' a nosotros y desde donde nosotros 'partimos' hacia Él

19-02-2012 Radio Vaticana

(RV).- Benedicto XVI en su homilía esta mañana con los nuevos cardenales, recordó que la fe se orienta al amor. Una fe egoísta no es una fe verdadera. Quien cree en Jesucristo y entra en el dinamismo del amor que tiene su fuente en la Eucaristía, descubre la verdadera alegría y, a su vez, es capaz de vivir según la lógica del don. La verdadera fe es iluminada por el amor y conduce al amor, hacia lo alto.

Texto completo de la Homilía del Santo Padre en la Basílica Vaticana:

martes, 17 de enero de 2012

Festividad de San Antonio, Abad


Abad.

Martirologio Romano: Memoria de san Antonio, abad, que, habiendo perdido a sus padres, distribuyó todos sus bienes entre los pobres siguiendo la indicación evangélica y se retiró a la soledad de la Tebaida, en Egipto, donde llevó una vida ascética. Trabajó para reforzar la acción de la Iglesia, sostuvo a los confesores de la fe durante la persecución del emperador Diocleciano y apoyó a san Atanasio contra los arrianos, y reunió a tantos discípulos que mereció ser considerado padre de los monjes (356).

Etimológicamente: Antonio = "florido, inestimable". Viene de la lengua griega.

Fecha de canonización: Fue canonizado en el año 491.

Antonio nació en el pueblo de Comas, cerca de Heraclea, en el Alto Egipto. Se cuenta que alrededor de los veinte años de edad vendió todas sus posesiones, entregó el dinero a los pobres y se retiró a vivir en una comunidad local haciendo ascética, durmiendo en un sepulcro vacío. Luego pasó muchos años ayudando a otros ermitaños a dirigir su vida espiritual en el desierto, más tarde se fue internando mucho más en el desierto, para vivir en absoluta soledad.

De acuerdo a los relatos de san Atanasio y de san Jerónimo, popularizados en el libro de vidas de santos, La leyenda dorada que compiló el dominico genovés Santiago de la Vorágine en el siglo XIII, Antonio fue reiteradamente tentado por el demonio en el desierto. La tentación de san Antonio se volvió un tema favorito de la iconografía cristiana, representado por numerosos pintores de fuste.

Su fama de hombre santo y austero atrajo a numerosos discípulos, a los que organizó en un grupo de ermitaños junto a Pispir y otro en Arsínoe. Por ello, se le considera el fundador de la tradición monacal cristiana. Sin embargo, y pese al atractivo que su carisma ejercía, nunca optó por la vida en comunidad y se retiró al monte Colzim, cerca del Mar Rojo como ermitaño. Abandonó su retiro en 311 para visitar Alejandría y predicar contra el arrianismo.

Jerónimo de Estridón, en su vida de Pablo el Simple, un famoso decano de los anacoretas de Tebaida, cuenta que Antonio fue a visitarlo en su edad madura y lo dirigió en la vida monástica; el cuervo que, según la leyenda, alimentaba diariamente a Pablo entregándole una hogaza de pan, dio la bienvenida a Antonio suministrando dos hogazas. A la muerte de Pablo, Antonio lo enterró con la ayuda de dos leones y otros animales; de ahí su patronato sobre los sepultureros y los animales.

Se cuenta también que en una ocasión se le acercó una jabalina con sus jabatos (que estaban ciegos), en actitud de súplica. Antonio curó la ceguera de los animales y desde entonces la madre no se separó de él y le defendió de cualquier alimaña que se acercara. Pero con el tiempo y por la idea de que el cerdo era un animal impuro se hizo costumbre de representarlo dominando la impureza y por esto le colocaban un cerdo domado a los pies, porque era vencedor de la impureza. Además, en la Edad Media para mantener los hospitales soltaban los animales y para que la gente no se los apropiara los pusieron bajo el patrocinio del famoso San Antonio, por lo que corría su fama. En la teología el colocar los animales junto a la figura de un cristiano era decir que esa persona había entrado en la vida bienaventurada, esto es, en el cielo, puesto que dominaba la creación.

Reliquias y orden monástica

lunes, 2 de enero de 2012

Festividad de San Basilio Magno



Martirologio Romano: Memoria de los santos Basilio Magno y Gregorio Nazianceno, obispos y doctores de la Iglesia. Basilio, obispo de Cesarea de Capadocia (hoy en Turquía), apellidado “Magno” por su doctrina y sabiduría, enseñó a los monjes la meditación de la Escritura, el trabajo en la obediencia y la caridad fraterna, ordenando su vida según las reglas que él mismo redactó. Con sus egregios escritos educó a los fieles y brilló por su trabajo pastoral en favor de los pobres y de los enfermos. Falleció el día uno de enero de 379. Gregorio, amigo suyo, fue obispo de Sancina, en Constantinopla y, finalmente, de Nacianzo. Defendió con vehemencia la divinidad del Verbo, mereciendo por ello ser llamado “Teólogo”. La Iglesia se alegra de celebrar conjuntamente la memoria de tan grandes doctores. (379).

Etimológicamente: Basilio = Aquel que es un rey, es de origen griego.

Basilio nació en Cesarea, la capital de Capadocia, en el Asia Menor, a mediados del año 329. Por parte de padre y de madre, descendía de familias cristianas que habían sufrido persecuciones y, entre sus nueve hermanos, figuraron San Gregorio de Nicea, Santa Macrina la Joven y San Pedro de Sebaste. Su padre, San Basilio el Viejo, y su madre, Santa Emelia, poseían vastos terrenos y Basilio pasó su infancia en la casa de campo de su abuela, Santa Macrina, cuyo ejemplo y cuyas enseñanzas nunca olvidó. Inició su educación en Constantinopla y la completó en Atenas. Allá tuvo como compañeros de estudio a San Gregorio Nacianceno, que se convirtió en su amigo inseparable y a Juliano, que más tarde sería el emperador apóstata.

Basilio y Gregorio Nacianceno, los dos jóvenes capadocios, se asociaron con los más selectos talentos contemporáneos y, como lo dice éste último en sus escritos, “sólo conocíamos dos calles en la ciudad: la que conducía a la iglesia y la que nos llevaba a las escuelas”. Tan pronto como Basilio aprendió todo lo que sus maestros podían enseñarle, regresó a Cesárea. Ahí pasó algunos años en la enseñanza de la retórica y, cuando se hallaba en los umbrales de una brillantísima carrera, se sintió impulsado a abandonar el mundo, por consejos de su hermana mayor, Macrina. Esta, luego de haber colaborado activamente en la educación y establecimiento de sus hermanas y hermanos más pequeños, se había retirado con su madre, ya viuda, y otras mujeres, a una de las casas de la familia, en Annesi, sobre el río Iris, para llevar una vida comunitaria.

Fue entonces, al parecer, que Basilio recibió el bautismo y, desde aquel momento, tomó la determinación de servir a Dios dentro de la pobreza evangélica. Comenzó por visitar los principales monasterios de Egipto, Palestina, Siria y Mesopotamia, con el propósito de observar y estudiar la vida religiosa. Al regreso de su extensa gira, se estableció en un paraje agreste y muy hermoso en la región del Ponto, separado de Annesi por el río Iris, y en aquel retiro solitario se entregó a la plegaria y al estudio. Con los discípulos, que no tardaron en agruparse en torno suyo, entre los cuales figuraba su hermano Pedro, formó el primer monasterio que hubo en el Asia Menor, organizó la existencia de los religiosos y enunció los principios que se conservaron a través de los siglos y hasta el presente gobiernan la vida de los monjes en la Iglesia de oriente. San Basilio practicó la vida monástica propiamente dicha durante cinco años solamente, pero en la historia del monaquismo cristiano tiene tanta importancia como el propio San Benito.