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miércoles, 4 de noviembre de 2015

La responsabilidad moral en la actividad económica

Hoy asumimos la llamada de Jesucristo a la prudencia ("sentarse primero a calcular"), situándola en el contexto de la actividad económica, cuyas crisis globales no son ajenas al "déficit" generalizado de prudencia («la codicia es uno de los principales peligros», afirmó San Juan Pablo II).

La esencia de la actividad-acción económica es algo muy simple: necesitamos asignar nuestros recursos (limitados) a finalidades alternativas (no podemos hacerlo todo). Este "ejercicio de asignación" lo realizamos todos, todos los días, en todas nuestras actividades (tiempo, estudios, la compra, etc.). Esta "racionalidad económica" es profundamente ética: donde hay elección de fines, allí hay responsabilidad moral (elegimos fines según la visión que tenemos acerca del hombre).

—La historia muestra que este proceso de asignación de recursos a finalidades alternativas suele ser "inconsistente", incoherente: empezamos "casas" que no podremos terminar, o, simplemente, intentamos cosas imposibles y/o inútiles. Y esto a nivel personal, familiar, empresarial e institucional. La llamada a la prudencia y a la sobriedad es una exigencia ética y de racionalidad económica.

Comentario: Rev. D. Antoni CAROL i Hostench (Sant Cugat del Vallès, Barcelona, España).

jueves, 25 de junio de 2015

La sabiduría de la Ley de Dios

Hoy llegamos al final del llamado "Sermón de la montaña" (capítulos 5-7 de san Mateo). Jesús, maestro de autoridad convincente, enseña los "requisitos" para pertenecer a su Reino —¡de amor!— y cuál ha de ser nuestra actitud ante la Ley de Dios. Escuchar realmente la Palabra de Dios implica ponerla por obra. Quien lo haga tendrá prudencia y sabiduría.

El antiguo Israel tenía conciencia de ser un pueblo sabio porque conocía explícitamente la Ley de Dios. Actualmente, se respira un desafecto ante la ley, especialmente si es de Dios o si es "ley moral". Pero ésta no es una imposición, sino un "don" que nos enseña las "razones" del crecimiento humano y del acercamiento al Creador. Aprendamos de nuestra propia historia: donde se rechaza y/o se desconoce la Ley de Dios se desconoce también la dignidad de la persona humana y fácilmente se la maltrata.

—Señor-Dios, ayúdame a poner por obra tus preceptos para adquirir la verdadera sabiduría de la vida.

Comentario: Rev. D. Antoni CAROL i Hostench (Sant Cugat del Vallès, Barcelona, España).

miércoles, 5 de noviembre de 2014

La responsabilidad moral en la actividad económica

Hoy asumimos la llamada de Jesucristo a la prudencia ("sentarse primero a calcular"), situándola en el contexto de la actividad económica, cuyas crisis globales no son ajenas al "déficit" generalizado de prudencia («la codicia es uno de los principales peligros», afirmó Juan Pablo II).

La esencia de la actividad-acción económica es algo muy simple: necesitamos asignar nuestros recursos (limitados) a finalidades alternativas (no podemos hacerlo todo). Este "ejercicio de asignación" lo realizamos todos, todos los días, en todas nuestras actividades (tiempo, estudios, la compra, ¡elegimos cónyuge!, etc.). Esta "racionalidad económica" es profundamente ética: donde hay elección de fines, allí hay responsabilidad moral (elegimos fines según la visión que tenemos acerca del hombre).

—La historia muestra que este proceso de asignación de recursos a finalidades alternativas suele ser "inconsistente", incoherente: empezamos "casas" que no podremos terminar, o, simplemente, intentamos cosas imposibles y/o inútiles. Y esto a nivel personal, familiar, empresarial e institucional. La llamada a la prudencia y a la sobriedad es una exigencia ética y de racionalidad económica.

miércoles, 6 de noviembre de 2013

Evangelio del Miércoles [06.11.2013]

Día litúrgico: Miércoles XXXI del tiempo ordinario


Texto del Evangelio (Lc 14,25-33): En aquel tiempo, caminaba con Jesús mucha gente, y volviéndose les dijo: «Si alguno viene donde mí y no odia a su padre, a su madre, a su mujer, a sus hijos, a sus hermanos, a sus hermanas y hasta su propia vida, no puede ser discípulo mío. El que no lleve su cruz y venga en pos de mí, no puede ser discípulo mío.

»Porque ¿quién de vosotros, que quiere edificar una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, y ver si tiene para acabarla? No sea que, habiendo puesto los cimientos y no pudiendo terminar, todos los que lo vean se pongan a burlarse de él, diciendo: ‘Este comenzó a edificar y no pudo terminar’. O ¿qué rey, que sale a enfrentarse contra otro rey, no se sienta antes y delibera si con diez mil puede salir al paso del que viene contra él con veinte mil? Y si no, cuando está todavía lejos, envía una embajada para pedir condiciones de paz. Pues, de igual manera, cualquiera de vosotros que no renuncie a todos sus bienes, no puede ser discípulo mío».

Comentario: Rev. D. Joan GUITERAS i Vilanova (Barcelona, España).

El que no lleve su cruz y venga en pos de mí, no puede ser discípulo mío