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domingo, 16 de octubre de 2016

Evangelio del Domingo [16.10.2016]

Día litúrgico: Domingo XXIX (C) del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Lc 18,1-8): En aquel tiempo, Jesús les decía una parábola para inculcarles que es preciso orar siempre sin desfallecer. «Había un juez en una ciudad, que ni temía a Dios ni respetaba a los hombres. Había en aquella ciudad una viuda que, acudiendo a él, le dijo: ‘¡Hazme justicia contra mi adversario!’. Durante mucho tiempo no quiso, pero después se dijo a sí mismo: ‘Aunque no temo a Dios ni respeto a los hombres, como esta viuda me causa molestias, le voy a hacer justicia para que no venga continuamente a importunarme’».

Dijo, pues, el Señor: «Oíd lo que dice el juez injusto; y Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos, que están clamando a él día y noche, y les hace esperar? Os digo que les hará justicia pronto. Pero, cuando el Hijo del hombre venga, ¿encontrará la fe sobre la tierra?».

Comentario: Rev. D. Pere CALMELL i Turet (Barcelona, España).

«Es preciso orar siempre sin desfallecer»

sábado, 15 de noviembre de 2014

Evangelio del Sábado [15.11.2014]

Día litúrgico: Sábado XXXII del tiempo ordinario



Texto del Evangelio (Lc 18,1-8): En aquel tiempo, Jesús les propuso una parábola para inculcarles que es preciso orar siempre sin desfallecer. «Había un juez en una ciudad, que ni temía a Dios ni respetaba a los hombres. Había en aquella ciudad una viuda que, acudiendo a él, le dijo: ‘¡Hazme justicia contra mi adversario!’. Durante mucho tiempo no quiso, pero después se dijo a sí mismo: ‘Aunque no temo a Dios ni respeto a los hombres, como esta viuda me causa molestias, le voy a hacer justicia para que no venga continuamente a importunarme’».

Dijo, pues, el Señor: «Oíd lo que dice el juez injusto; y Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos, que están clamando a Él día y noche, y les hace esperar? Os digo que les hará justicia pronto. Pero, cuando el Hijo del hombre venga, ¿encontrará la fe sobre la tierra?».

Comentario: Rev. D. Joan FARRÉS i Llarisó (Rubí, Barcelona, España).

Es preciso orar siempre sin desfallecer

sábado, 16 de noviembre de 2013

Evangelio del Sábado [16.11.2013]

Día litúrgico: Sábado XXXII del tiempo ordinario


Texto del Evangelio (Lc 18,1-8): En aquel tiempo, Jesús les propuso una parábola para inculcarles que es preciso orar siempre sin desfallecer. «Había un juez en una ciudad, que ni temía a Dios ni respetaba a los hombres. Había en aquella ciudad una viuda que, acudiendo a él, le dijo: ‘¡Hazme justicia contra mi adversario!’. Durante mucho tiempo no quiso, pero después se dijo a sí mismo: ‘Aunque no temo a Dios ni respeto a los hombres, como esta viuda me causa molestias, le voy a hacer justicia para que no venga continuamente a importunarme’».

Dijo, pues, el Señor: «Oíd lo que dice el juez injusto; y Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos, que están clamando a Él día y noche, y les hace esperar? Os digo que les hará justicia pronto. Pero, cuando el Hijo del hombre venga, ¿encontrará la fe sobre la tierra?».

Comentario: Rev. D. Joan FARRÉS i Llarisó (Rubí, Barcelona, España).

Es preciso orar siempre sin desfallecer

lunes, 21 de octubre de 2013

Si se apaga la fe, se apaga la oración, ... y nos perdemos en el camino de la vida, el Papa a la hora del Ángelus


20-10-2013 Radio Vaticana

(RV).- (Escuchar audio) A mediodía el Papa Francisco rezó el ángelus con los miles de fieles y peregrinos procedentes de numerosos países que se habían dado cita en la Plaza de San Pedro para escuchar sus palabras y recibir su bendición.

Aludiendo al Evangelio dominical en que Jesús se refiere a la necesidad de rezar siempre, a través de la parábola de la viuda que logra justicia a fuerza de suplicar a un juez deshonesto, el Obispo de Roma explicó el motivo por el cual Dios, que conoce todas nuestras necesidades, quiere que le pidamos con insistencia.

Porque “si se apaga la fe, se apaga la oración” –afirmó el Santo Padre– y nosotros “caminamos en la oscuridad” y “nos perdemos en el camino de la vida”. Mientras Dios nos escucha siempre, y lucha a nuestro lado contra el mal que se encuentra dentro y fuera de nosotros.

(María Fernanda Bernasconi – RV).

Texto completo de la alocución del Papa Francisco antes del rezo a la Madre de Dios:

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

domingo, 20 de octubre de 2013

Les decía una parábola sobre la necesidad de orar... ‘sin desfallecer’


Domingo XXIX del tiempo ordinario, Ciclo C

El evangelio [dominical, Lc 18, 1-8] empieza así: «En aquel tiempo, Jesús les decía una parábola a sus discípulos para inculcarles que era preciso orar siempre sin desfallecer». La parábola es la de la viuda inoportuna. A la pregunta: «¿Cuántas veces hay que orar?», Jesús responde: ¡Siempre! La oración, como el amor, no soporta el cálculo de las veces. ¿Hay que preguntarse tal vez cuántas veces al día una mamá ama a su niño, o un amigo a su amigo? Se puede amar con grandes diferencias de conciencia, pero no a intervalos más o menos regulares. Así es también la oración.

Este ideal de oración continua se ha llevado cabo, en diversas formas, tanto en Oriente como en Occidente. La espiritualidad oriental la ha practicado con la llamada oración de Jesús: «Señor Jesucristo, ¡ten piedad de mí!». Occidente ha formulado el principio de una oración continua, pero de forma más dúctil, tanto como para poderse proponer a todos, no sólo a aquellos que hacen profesión explícita de vida monástica. San Agustín dice que la esencia de la oración es el deseo. Si continuo es el deseo de Dios, continua es también la oración, mientras que si falta el deseo interior, se puede gritar cuanto se quiera; para Dios estamos mudos. Este deseo secreto de Dios, hecho de recuerdo, de necesidad de infinito, de nostalgia de Dios, puede permanecer vivo incluso mientras se está obligado a realizar otras cosas: «Orar largamente no equivale a estar mucho tiempo de rodillas o con las manos juntas o diciendo muchas palabras. Consiste más bien en suscitar un continuo y devoto impulso del corazón hacia Aquél a quien invocamos».