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miércoles, 18 de noviembre de 2015

Estados finales del hombre (I): el "infierno"

Hoy —evitando especulaciones sobre su "triunfo"— Jesucristo nos pide "negociar" el don de nuestra vida. La opción de vida del hombre se hace definitiva con su muerte; llegados a este punto ya nada se puede esconder o cambiar: el Juez nos ve tal como somos. Dicha opción, que se ha fraguado en el transcurso de toda la vida, puede tener distintas formas, incluso la auto-perdición definitiva.

Puede haber personas que hayan destruido totalmente en sí mismas el deseo de la verdad y la disponibilidad para el amor. Personas en las que todo se ha convertido en mentira; personas que han vivido para el odio y que han pisoteado en ellas mismas el amor. Ésta es una perspectiva terrible, pero en nuestra propia historia podemos distinguir con horror figuras de este tipo. En semejantes individuos no habría ya nada remediable y la destrucción del bien sería irrevocable: esto es lo que se indica con la palabra "infierno".

—Jesús, deseo tu "triunfo" en mi libertad: toda y siempre a tu servicio.

Comentario: REDACCIÓN evangeli.net (elaborado a partir de textos de Benedicto XVI) (Città del Vaticano, Vaticano).

miércoles, 17 de junio de 2015

Rectitud de intención

Hoy, Jesucristo exige a los fariseos "hacer el bien" con "buena intención". Para ser buenos, no basta con hacer "cosas buenas", sino que se requiere "hacerlas bien" y realizarlas en un "contexto bueno". Los fariseos caían en el vicio de hacer cosas que eran buenas (dar limosna…) para aparentar ser buenos. Esta falta de coherencia disgusta mucho a Dios.

Lo primero es que hagamos acciones que sean constructivas para nuestro ser (el mío y el de los demás). Decir una mentira, por ejemplo, es algo destructivo: a mí me hace mentiroso; al otro le "contamino" su inteligencia. Sólo lo bueno hace buena mi voluntad. Pero, además de un "buen punto de partida", se requiere una "buena dirección" (recta intención). Si hago algo bueno pero con mala intención, estoy, en definitiva, obrando "para" el mal. Han de ser buenos, por tanto, el "qué" y el "para qué".

—Dios mío, quiero besarte, pero no para "entregarte", sino para "entregarme" a Ti.

Comentario: Rev. D. Antoni CAROL i Hostench (Sant Cugat del Vallès, Barcelona, España).

martes, 16 de abril de 2013

La calumnia destruye


16-04-2013 L’Osservatore Romano

La calumnia destruye la obra de Dios, porque nace del odio. Es hija del «padre de la mentira» y quiere aniquilar al hombre, alejándolo de Dios. La calumnia es una brisa, cantaba Basilio en el «Barbero de Sevilla», para el Papa Francisco la calumnia es un fuerte viento. Lo dijo el lunes 15 de abril por la mañana durante la habitual misa celebrada en la capilla de la Domus Sanctae Marthae. Entre los presentes, empleados y responsables de los Servicios de teléfonos y Servicio Internet de la Gobernación del Estado de la Ciudad del Vaticano, con el padre Fernando Vérgez Alzaga, director de la Dirección de telecomunicaciones de la Gobernación, que concelebró con el Papa, y algunos familiares del cardenal argentino Eduardo Francisco Pironio, fallecido en 1998.