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lunes, 5 de enero de 2015

La señal de Dios es la sencillez

Hoy —en pleno ciclo de Navidad— aparece la figura de Natanael, discípulo de Jesús, un hombre sencillo, "en quien no hay engaño". ¡Sencillez!: la señal de Dios es la sencillez. La señal que en la Noche Santa los Ángeles dieron a los pastores no contiene nada prodigioso, ni espectacular: verán solamente un niño envuelto en pañales, necesitado de los cuidados maternos; un niño que ha nacido en un establo y que está acostado en un pesebre.


La señal de Dios es el Niño: Él se hace pequeño por nosotros. Éste es su modo de reinar. Él no viene con poderío y grandiosidad externos. Viene como niño inerme y necesitado de nuestra ayuda. No quiere abrumarnos con la fuerza. Nos evita el temor ante su grandeza. No quiere de nosotros más que nuestro amor, a través del cual aprendemos espontáneamente a entrar en sus sentimientos, en su pensamiento y en su voluntad.

—Señor, te has hecho pequeño para que nosotros podamos comprenderte, acogerte y amarte. ¡Aprendamos a vivir con Él!

Comentario: REDACCIÓN evangeli.net (elaborado a partir de textos de Benedicto XVI) (Città del Vaticano, Vaticano).

lunes, 31 de diciembre de 2012

El "buey y el asno"



Hoy, ante la pequeñez de Jesús-Dios, el Evangelio proclama solemnemente su divinidad: su dignidad más alta se funda en la referencia a Dios, al Padre. Pero, ¿quién puede reconocerle como Dios? Según Isaías (1,3), "el buey y el asno", es decir, seres con el corazón tan simple como para, por lo menos, "conocer" a su dueño y recordar el pesebre de su amo.

En Navidad el "buey y la mula" (los corazones sencillos) son los pastores, los Magos, María y José. ¿Es que acaso podría ser de otro modo? En el establo donde está el Niño Jesús no vive la gente fina: allí viven, justamente, el buey y el asno. Pero nosotros, ¿nos hallamos tan alejados del establo porque somos demasiado finos? ¿No estamos demasiado en "Jerusalén", en el "palacio", para oír la voz de los ángeles, acudir al pesebre y adorarle?

—En la Noche Santa los rostros del buey y del asno nos miran con ojos interrogativos: Mi pueblo no entiende; ¿entiendes tú la voz de tu Señor?