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martes, 8 de enero de 2013

El misterio de la Eucaristía prolonga el misterio de la Encarnación



Hoy, inmersos todavía en el tiempo de Navidad, la liturgia nos presenta —de un modo "anticipado"— el relato de la primera multiplicación de panes y peces. Jesús es el "Dios con nosotros" ("Emmanuel"); lo es porque ha venido a nosotros y permanece con nosotros, por medio del Pan eucarístico: el misterio de la Eucaristía es una "prolongación" del misterio de la Encarnación.

El pesebre es donde los animales encuentran su alimento. Sin embargo, ahora yace en él quien se ha indicado a sí mismo como el verdadero "pan bajado del cielo", como el auténtico alimento que el hombre necesita para ser persona humana. Es el alimento que da al hombre la vida verdadera, la vida eterna.

—El pesebre se convierte de este modo en una referencia a la mesa de Dios, a la que el hombre está invitado para recibir el Pan de Dios. ¡En la pobreza del nacimiento de Jesús se perfila la gran realidad en la que se cumple de manera misteriosa la redención de los hombres!

sábado, 28 de abril de 2012

Juan 6: la Eucaristía nos "transforma" en "espíritu"



Hoy contemplamos a la Eucaristía como el gran encuentro permanente de Dios con los hombres, donde el Señor se entrega como "carne" para que —en Él— nos convirtamos en "espíritu". Él, a través de la Cruz, se transformó en una nueva forma de humanidad que se compenetra con la naturaleza de Dios; paralelamente, la Eucaristía debe ser para nosotros un paso a través de la Cruz y una anticipación de la nueva vida en Dios y con Dios.

Al final del discurso, donde se anuncia la encarnación de Jesús, y el comer y beber la Carne y la Sangre del Señor, Jesucristo concluye diciendo que «el Espíritu es quien da la vida». Esto nos recuerda las palabras de san Pablo: «El primer hombre, Adán, se convirtió en ser vivo. El último Adán, en espíritu que da vida» (1Cor 15,45).

—Sólo a través de la Cruz y de la transformación que ésta produce se nos hace accesible esa "Carne", arrastrándonos también a nosotros en el proceso de dicha transformación.

Comentario: REDACCIÓN evangeli.net (elaborado a partir de textos de Benedicto XVI) (Città del Vaticano, Vaticano).

viernes, 27 de abril de 2012

Juan 6: el "Pan-Eucaristía" contiene el sacrificio del "Verbo-Encarnado"



Hoy, Jesús revela expresamente el alcance de su encarnación: dar la vida por el mundo. La Eucaristía, además de ser el sacramento de su permanencia entre nosotros, contiene el don de su sacrificio por nosotros.

Esto se ve más claramente en el versículo 53, donde el Señor menciona además su Sangre, que Él nos da a "beber". Aquí no sólo resulta evidente la referencia a la Eucaristía, sino que además se perfila aquello en que se basa: el sacrificio de Jesús que derrama su Sangre por nosotros y, de este modo, sale de Sí mismo, por así decirlo, se derrama, se entrega a nosotros. Así, pues, Encarnación y Cruz se entrecruzan.

—El pan presupone que la semilla —el grano de trigo— ha caído en la tierra, "ha muerto", y que de su muerte ha crecido después la nueva espiga. El pan terrenal puede llegar a ser portador de la presencia de Cristo porque lleva en sí mismo el misterio de la pasión, reúne en sí muerte y resurrección.

Comentario: REDACCIÓN evangeli.net (elaborado a partir de textos de Benedicto XVI) (Città del Vaticano, Vaticano).

jueves, 26 de abril de 2012

Juan 6: la Palabra se hace "pan", en primer lugar, mediante la Encarnación



Hoy, las palabras de Jesús revelan cómo podemos "alimentarnos" de Dios y vivir de Él: Dios se hace "pan" para nosotros, ante todo, en la encarnación del Logos (la Imagen de Dios, el Hijo de Dios). ¡La Palabra se ha hecho Carne! El Logos se hace uno de nosotros y entra así en nuestro ámbito, en aquello que nos resulta accesible.

Pero por encima de la encarnación de la Palabra, es necesario todavía un paso más, que Jesús menciona en las palabras finales de su sermón: su carne es vida "para" el mundo (cf. 6,51). Con esto se alude, más allá del acto de la encarnación, al objetivo interior y a su última realización: la entrega que Jesús hace de sí mismo hasta la muerte y el misterio de la Cruz.

—Jesús se hace hombre para entregarse y ocupar el lugar del sacrificio de los animales, que sólo podían ser el gesto de un anhelo, pero no una respuesta. En definitiva, el Pan contiene el misterio de la pasión.

Comentario: REDACCIÓN evangeli.net (elaborado a partir de textos de Benedicto XVI) (Città del Vaticano, Vaticano).