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sábado, 15 de abril de 2017

Evangelio del Sábado [15.04.2017]


Día litúrgico: Sábado Santo

Texto del Evangelio (  ):

Comentario: P. Jacques PHILIPPE (Cordes sur Ciel, Francia).

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sábado, 26 de marzo de 2016

Evangelio del Sábado [26.03.2016]

Día litúrgico: Sábado Santo

Texto del Evangelio ( ):  


Comentario: P. Jacques PHILIPPE (Cordes sur Ciel, Francia).

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sábado, 4 de abril de 2015

Evangelio del Sábado [04.04.2015]

Día litúrgico: Sábado Santo


Texto del Evangelio ( ):

Comentario: P. Jacques PHILIPPE (Cordes sur Ciel, Francia).

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Hoy no meditamos un evangelio en particular, puesto que es un día que carece de liturgia. Pero, con María, la única que ha permanecido firme en la fe y en la esperanza después de la trágica muerte de su Hijo, nos preparamos, en el silencio y en la oración, para celebrar la fiesta de nuestra liberación en Cristo, que es el cumplimiento del Evangelio.

La coincidencia temporal de los acontecimientos entre la muerte y la resurrección del Señor y la fiesta judía anual de la Pascua, memorial de la liberación de la esclavitud de Egipto, permite comprender el sentido liberador de la cruz de Jesús, nuevo cordero pascual cuya sangre nos preserva de la muerte.


sábado, 19 de abril de 2014

Evangelio del Sábado [19.04.2014]

Día litúrgico: Sábado Santo


Texto del Evangelio ( ):

Comentario: P. Jacques PHILIPPE (Cordes sur Ciel, Francia).

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Hoy no meditamos un evangelio en particular, puesto que es un día que carece de liturgia. Pero, con María, la única que ha permanecido firme en la fe y en la esperanza después de la trágica muerte de su Hijo, nos preparamos, en el silencio y en la oración, para celebrar la fiesta de nuestra liberación en Cristo, que es el cumplimiento del Evangelio.

La coincidencia temporal de los acontecimientos entre la muerte y la resurrección del Señor y la fiesta judía anual de la Pascua, memorial de la liberación de la esclavitud de Egipto, permite comprender el sentido liberador de la cruz de Jesús, nuevo cordero pascual cuya sangre nos preserva de la muerte.

sábado, 7 de abril de 2012

Muerte de Cristo



Hoy reina el silencio en toda la creación: Jesús yace muerto en el sepulcro. No hay celebraciones en los templos católicos: Dios —el Creador— realmente ha muerto por sus criaturas. ¡Misterio en el misterio!, ante el cual debemos postrarnos en actitud de adoración y sumisión.

En Belén, un Dios "con" y "en" pañales; en Getsemaní, un Dios estresado, hasta sudar sangre; en Jerusalén, un Dios juzgado, escarnecido y coronado de espinas; en la Cruz, un Dios muerto. Para amar hay que perderse: Dios —llegada la hora extrema, dispuesta por Él mismo— ha "perdido" la vida. Ninguna otra religión, nunca jamás, había predicado un hecho semejante. No hay otro "Dios" tan loco de amor como Jesucristo.

—Santa María, Madre de Dolores: perdónanos. Tú cuidaste a Jesús durante más de treinta años. Pero cuando cae en manos de los hombres, apenas ha durado vivo unas doce horas... Ahora, milagrosamente, le tenemos —sufrido, muerto y resucitado— en la Eucaristía. ¡Mi vida será cuidarle!

Comentario: Rev. D. Antoni CAROL i Hostench (Sant Cugat del Vallès, Barcelona, España).

Evangelio del Sábado Santo [07.04.2012]


Día litúrgico: Sábado Santo


Texto del Evangelio ( ):

Comentario: Rev. D. Joan BUSQUETS i Masana (Sabadell, Barcelona, España).

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Hoy, propiamente, no hay “evangelio” para meditar o —mejor dicho— se debería meditar todo el Evangelio en mayúscula (la Buena Nueva), porque todo él desemboca en lo que hoy recordamos: la entrega de Jesús a la Muerte para resucitar y darnos una Vida Nueva.

Hoy, la Iglesia no se separa del sepulcro del Señor, meditando su Pasión y su Muerte. No celebramos la Eucaristía hasta que haya terminado el día, hasta mañana, que comenzará con la Solemne Vigilia de la resurrección. Hoy es día de silencio, de dolor, de tristeza, de reflexión y de espera. Hoy no encontramos la Reserva Eucarística en el sagrario. Hay sólo el recuerdo y el signo de su “amor hasta el extremo”, la Santa Cruz que adoramos devotamente.

Hoy es el día para acompañar a María, la madre. La tenemos que acompañar para poder entender un poco el significado de este sepulcro que velamos. Ella, que con ternura y amor guardaba en su corazón de madre los misterios que no acababa de entender de aquel Hijo que era el Salvador de los hombres, está triste y dolida: «Vino a los suyos, pero los suyos no le recibieron» (Jn 1,11). Es también la tristeza de la otra madre, la Santa Iglesia, que se duele por el rechazo de tantos hombres y mujeres que no han acogido a Aquel que para ellos era la Luz y la Vida.

Hoy, rezando con estas dos madres, el seguidor de Cristo reflexiona y va repitiendo la antífona de la plegaria de Laudes: «Cristo se hizo por nosotros obediente hasta la muerte y una muerte de cruz. Por lo cual Dios le exaltó y le otorgó el nombre que está sobre todo nombre» (cf. Flp 2,8-9).

Hoy, el fiel cristiano escucha la Homilía Antigua sobre el Sábado Santo que la Iglesia lee en la liturgia del Oficio de Lectura: «Hoy hay un gran silencio en la tierra. Un gran silencio y soledad. Un gran silencio porque el Rey duerme. La tierra se ha estremecido y se ha quedado inmóvil porque Dios se ha dormido en la carne y ha resucitado a los que dormían desde hace siglos. Dios ha muerto en la carne y ha despertado a los del abismo».

Preparémonos con María de la Soledad para vivir el estallido de la Resurrección y para celebrar y proclamar —cuando se acabe este día triste— con la otra madre, la Santa Iglesia: ¡Jesús ha resucitado tal como lo había anunciado! (cf. Mt 28,6).

Especial: Sábado Santo









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