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martes, 3 de noviembre de 2015

El "principio de participación" en la Doctrina Social de la Iglesia

Hoy, la parábola nos presenta un panorama de inhibición y excusas ante la invitación a la "cena". Ello nos da pie a tratar del "principio de participación" que defiende la Doctrina Social de la Iglesia. Dios ha dejado al hombre en manos del propio hombre, y esto implica —socialmente— que la persona tiene el deber-derecho de asumir responsabilidades en su comunidad y tomar parte activa en las decisiones de la vida social.

Esta exigencia moral se fundamenta en la libertad y dignidad del ser humano. La participación libre y responsable en la vida social es una necesidad para el desarrollo humano. De ahí surge la exigencia de que nadie —sea una persona, sea una familia, sea un pueblo-nación— sea relegado de su protagonismo activo en la convivencia y configuración del entorno socio-político.

—La Iglesia no concreta el modo y la medida de dicha participación, pero afirma que cada uno debe tomar parte en la promoción del bien común como un sujeto responsable y no sólo en forma de colaboración pasiva.

Comentario: Rev. D. Antoni CAROL i Hostench (Sant Cugat del Vallès, Barcelona, España).

domingo, 11 de octubre de 2015

Propiedad privada y solidaridad


Hoy meditamos sobrecogidos el "abatimiento existencial" que atenaza al joven rico «porque tenía muchos bienes». El problema no son las posesiones, sino la incapacidad de amar por el excesivo apegamiento a las mismas. La doctrina social de la Iglesia enseña que los bienes de la tierra están destinados al uso de todos los hombres, pero que, al mismo tiempo, es legítima su posesión —como propiedad privada— para garantizar la libertad y la dignidad de las personas.

El derecho a la propiedad privada (como todos los demás derechos individuales), desvinculado de un conjunto de deberes que le dé un sentido profundo, se desquicia insensibilizando el corazón humano ante las necesidades ajenas. Los deberes delimitan los derechos porque remiten a un marco antropológico y ético en cuya verdad se insertan también los derechos y así dejan de ser arbitrarios.

—Al derecho a la "propiedad privada" debe acompañarle una "hipoteca social", a saber, el deber de poseer los bienes de manera solidaria con las necesidades de los demás.

Comentario: Rev. D. Antoni CAROL i Hostench (Sant Cugat del Vallès, Barcelona, España).

domingo, 27 de septiembre de 2015

Los principios de solidaridad y subsidiaridad en la Doctrina Social de la Iglesia

Hoy, las palabras de Jesús nos invitan a considerar uno de los principios de vertebración social invocados por la Doctrina Social de la Iglesia: la solidaridad. La vida social crea múltiples interdependencias, de modo que debemos tomar conciencia de las necesidades ajenas, considerándolas como propias. Así, pues, la interdependencia conlleva exigencias de bien común, y da lugar a una categoría moral: la solidaridad, que consiste, en primer lugar, en que todos se sientan responsables de todos (sin dejar dicha solicitud social solamente en manos del Estado).

Amar a alguien es querer su bien y trabajar eficazmente por él. Junto al bien individual, hay un bien relacionado con el vivir social de las personas: el bien común. Desear el bien común y esforzarse por él es exigencia de justicia y caridad.

—El principio de solidaridad debe mantenerse íntimamente unido al principio de subsidiaridad: la solidaridad sin la subsidiaridad acabaría en el asistencialismo que humilla al necesitado (al mismo tiempo que la subsidiaridad sin la solidaridad desembocaría en el particularismo social).

Comentario: REDACCIÓN evangeli.net (elaborado a partir de textos de Benedicto XVI) (Città del Vaticano, Vaticano).

lunes, 31 de agosto de 2015

El bien común: el bien de todo el hombre para todos los hombres

Hoy, las palabras proféticamente anunciadas y concretamente cumplidas en Jesucristo —según su propio testimonio— nos hablan de la necesidad de la gracia (ayuda) de Dios para el bien del hombre. La Doctrina Social de la Iglesia ha acuñado el concepto de "bien común", destacándolo como una exigencia moral para el desarrollo de la humanidad.

No hay desarrollo pleno sin el bien espiritual y moral de las personas, consideradas en su totalidad de alma y cuerpo. A la vez, en una sociedad en vías de globalización, el bien común y el esfuerzo por él, han de abarcar necesariamente a toda la familia humana, es decir, a la comunidad de los pueblos y naciones, dando así forma de unidad y de paz a la "ciudad del hombre", y haciéndola en cierta medida una anticipación que prefigura la ciudad de Dios sin barreras.

—Consecuentemente, la Doctrina Social de la Iglesia ha llegado a definir el "bien común" como el "bien de todo el hombre para todos los hombres".

Comentario: REDACCIÓN evangeli.net (elaborado a partir de textos de Benedicto XVI) (Città del Vaticano, Vaticano).