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martes, 3 de noviembre de 2015

El "principio de participación" en la Doctrina Social de la Iglesia

Hoy, la parábola nos presenta un panorama de inhibición y excusas ante la invitación a la "cena". Ello nos da pie a tratar del "principio de participación" que defiende la Doctrina Social de la Iglesia. Dios ha dejado al hombre en manos del propio hombre, y esto implica —socialmente— que la persona tiene el deber-derecho de asumir responsabilidades en su comunidad y tomar parte activa en las decisiones de la vida social.

Esta exigencia moral se fundamenta en la libertad y dignidad del ser humano. La participación libre y responsable en la vida social es una necesidad para el desarrollo humano. De ahí surge la exigencia de que nadie —sea una persona, sea una familia, sea un pueblo-nación— sea relegado de su protagonismo activo en la convivencia y configuración del entorno socio-político.

—La Iglesia no concreta el modo y la medida de dicha participación, pero afirma que cada uno debe tomar parte en la promoción del bien común como un sujeto responsable y no sólo en forma de colaboración pasiva.

Comentario: Rev. D. Antoni CAROL i Hostench (Sant Cugat del Vallès, Barcelona, España).

lunes, 1 de septiembre de 2014

El bien común: el bien de todo el hombre para todos los hombres


Hoy, las palabras proféticamente anunciadas y concretamente cumplidas en Jesucristo —según su propio testimonio— nos hablan de la necesidad de la gracia (ayuda) de Dios para el bien del hombre. La Doctrina Social de la Iglesia ha acuñado el concepto de "bien común", destacándolo como una exigencia moral para el desarrollo de la humanidad.

No hay desarrollo pleno sin el bien espiritual y moral de las personas, consideradas en su totalidad de alma y cuerpo. A la vez, en una sociedad en vías de globalización, el bien común y el esfuerzo por él, han de abarcar necesariamente a toda la familia humana, es decir, a la comunidad de los pueblos y naciones, dando así forma de unidad y de paz a la "ciudad del hombre", y haciéndola en cierta medida una anticipación que prefigura la ciudad de Dios sin barreras.

—Consecuentemente, la Doctrina Social de la Iglesia ha llegado a definir el "bien común" como el "bien de todo el hombre para todos los hombres".