Obispo.
Los datos históricos sobre su persona y obra están en la
penumbra, hay penuria de historia fiable y, por el contrario, contamos con
abundancia de fábula.
Una antigua leyenda cuenta que siendo niño Medardo fue
protegido de la lluvia por un águila gigante, hecho que es usado frecuentemente
en su iconografía. Por ello es que los franceses de la Edad Media recurrieran a
él para pedir lluvia y verse libres de pedrisco, y posteriormente toda Francia
le invocara contra el dolor de muelas por tomarle como protector contra este
mal; de hecho, se le representa con una amplia sonrisa que deja ver sus
hermosos dientes, y quedó para la cultura popular el dicho:
«ris qui est de saint Médard - le coeur n’y prend pas
grand part» (En la risa de san Medardo - el corazón no toma mucha parte).
Nació en Salency de padre franco y madre galorromana cuyos
nombres aportados por la imaginación posterior son Néctor y Protagia. Dicen que
estudió en la escuela episcopal de Veromandrudum, lugar que sitúan cerca de la
actual Bélgica, en donde hay recuerdos históricos para los hispanos por la
victoria de Felipe II en san Quintín -Saint Quentin- que nos valió el Escorial.
Ya como estudiante se distinguió -según las crónicas- por su caridad limosnera
dando a algún compañero famélico su comida y a un peregrino caminante un
caballo de la casa paterna.