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| San Juan Pablo II, jugando fútbol con un niño |
Saber competir, disfrutar del triunfo y aprender de las
derrotas son elementos esenciales de lo cotidiano en el mundo del deporte.
Las competencias futbolísticas como la actual, que unen
los sentimientos de nuestros pueblos en una esperanza común son propicias para
recordar la atenta reflexión de San Juan XXIII, que decía: “Estas competencias
deportivas y los motivos que congregan e inspiran estas grandes masas de
jóvenes proclaman a la faz del mundo, no solamente el honor rendido a los
valores físicos y a la armonía de los miembros del cuerpo, sino también el
servicio que estos valores físicos pueden y deben rendir a las mis altas aspiraciones
del hombre hacia la perfección y la belleza interior, hacia la emulación
recíproca, serena y alegre, hacia la fraternidad universal.”

