viernes, 25 de noviembre de 2011

“Con” o “sin” Dios todo cambia


25-11-2011 Radio Vaticana

Viernes, 25 nov (RV) Benedicto XVI, con su cordial bienvenida a los miembros, consultores y fieles del Pontificio Consejo para los Laicos, reunidos en su XXV Asamblea Plenaria, destacó, en particular, la JMJ de Madrid y el congreso asiático que se celebró en Seúl, señalando la importancia de estas citas en la perspectiva de dos grandes eventos que celebraremos en 2012. Es decir, la XIII Asamblea general ordinaria del Sínodo de los Obispos sobre la nueva evangelización y la apertura del Año de la fe.

Refiriéndose al Congreso para los laicos de Asia, organizado con la ayuda de la Iglesia en Corea, sobre el tema «Proclamando a Jesucristo en Asia hoy», Benedicto XVI hizo hincapié en que el vastísimo continente asiático acoge a pueblos, culturas y religiones diversas, de origen antiguo, «pero el anuncio cristiano ha llegado sólo a una pequeña minoría, que no pocas veces vive la fe en un contexto difícil, a veces incluso de verdadera persecución». Y, sin embargo, a pesar de todo, «estos hermanos nuestros testimonian de forma admirable su adhesión a Cristo, dejando vislumbrar que en Asia, gracias a su fe, se están abriendo para la Iglesia del Tercer milenio, amplios espacios de evangelización».

Mientras este dicasterio pontificio está trabajando con ahínco en la Jornada Mundial de la Juventud de Río de Janeiro 2013 y evocando el tema de la de Madrid – «Arraigados en Cristo, firmes en la ve», el Papa recordó la entrañable vivencia madrileña y su repercusión europea y mundial:

«Pude contemplar verdaderamente una multitud inmensa de jóvenes, llegados con entusiasmo de todo el mundo para encontrar al Señor y vivir la fraternidad universal. Una extraordinaria cascada de luz, alegría y esperanza iluminó Madrid, pero también la vieja Europa y el mundo entero, volviendo a proponer de forma clara la actualidad de la búsqueda de Dios. Nadie pudo quedar indiferente, ni pensar que la cuestión de Dios es irrelevante para el hombre de hoy».


Luego, el Papa ha abordado el tema de la Asamblea Plenaria de este año que lleva por título “La cuestión de Dios hoy”. Es decir, “empezar desde Dios para volver a dar al hombre la totalidad de sus dimensiones, su plena dignidad”.

De hecho, una mentalidad que se ha ido difundiendo en nuestro tiempo, ha explicado el Santo Padre, es la renuncia a cualquier referencia trascendental, que se ha demostrado incapaz de comprender y preservar lo humano.

“La difusión de esta mentalidad ha generado la crisis que vivimos hoy, que es crisis de significado y de los valores, antes que crisis económica y social”.

El hombre que quiere sólo vivir de manera positivista, de lo que se puede calcular y medir al final queda sofocado. En este cuadro, Dios en cierto sentido es “la cuestión de las cuestiones”. El hombre que despierta en sí mismo la pregunta sobre Dios se abre a la esperanza. Pero ¿cómo despertar esta pregunta fundamental en nosotros? Se ha preguntado el Pontífice.

El anhelo, la búsqueda de Dios se vuelve a despertar con el encuentro con quienes tienen el don de la fe, con quien tiene una relación vital con el Señor. Dios se conoce a través de los hombres y mujeres que lo conocen.

Benedicto XVI ha exhortado a los fieles laicos a ofrecer un testimonio transparente de la relevante cuestión de Dios en todos los campos del pensamiento y de la actuación. En la familia, en el trabajo, tanto en la política como en la economía.

El hombre contemporáneo tiene necesidad de ver con sus propios ojos y tocar con sus propias manos que “con” o “sin” Dios todo cambia.

Un desafío que obliga también a los mismos cristianos a volver la mirada a la centralidad de Dios. “En realidad -ha dicho el Papa- los cristianos no habitan un planeta lejano, inmune a las “enfermedades” del mundo, sino que comparten las turbaciones, la desorientación y las dificultades de su tiempo. Por ello, no es menos urgente reproponer la cuestión de Dios en el mismo tejido eclesial.

La primera respuesta al gran desafío de nuestro tiempo está en la profunda conversión de nuestro corazón.

El Papa ha terminado su discurso insistiendo en que “la misión de la Iglesia tiene necesidad de todos sus miembros, especialmente de los fieles laicos”.

ER y CdM

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