Hoy, en la fiesta de la Anunciación, meditamos la última frase de la narración de Lucas: "Y el ángel, dejándola, se fue". El gran momento del encuentro con el mensajero de Dios, en el que toda la vida cambia, pasa, y María se queda sola con un cometido que, en realidad, supera toda capacidad humana.
Ya no hay ángeles a su alrededor… Ella debe continuar el
camino que atravesará por muchas oscuridades, comenzando por el desconcierto de
José ante su embarazo, pasando por el momento en que los propios familiares
declaran a Jesús "enajenado" (cf. Mc 3,21; Jn 10,20), hasta la noche
de la cruz. En estas situaciones, ¡cuántas veces habrá vuelto interiormente
María al momento en que el ángel de Dios le había hablado! Cuántas veces habrá
escuchado y meditado aquel saludo: "Alégrate, llena de gracia", y
sobre la palabra tranquilizadora: "No temas".
—El ángel se va, la misión permanece, y junto con ella
madura la cercanía interior de Dios, el íntimo ver y tocar su proximidad.
Comentario: REDACCIÓN evangeli.net
(elaborado a partir de textos de Benedicto XVI) (Città del Vaticano, Vaticano).
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