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sábado, 2 de agosto de 2014

Festividad de La “Porciúncula” [Franciscanos del Perú]

Como todos los años, este sábado 2 de agosto se celebrará en Lima la Festividad de la Porciúncula (Perdón de Asís o Indulgencia de la Porciúncula), donde la Orden Franciscana también compartirá con los fieles el tradicional Puchero Franciscano”.

El perdón de Asís o Indulgencia de la Porciúncula tiene su origen en una petición por los pecadores que hiciera San Francisco de Asís a Cristo en la Capilla Nuestra Señora de los Ángeles. La petición que hizo fue la siguiente: “Aunque yo soy un pecador, yo te ruego querido Jesús, que les des esta gracia a la humanidad, darle a cada uno de los vengan a esta Iglesia, con verdadera contrición y confiesen sus pecados el perdón completo e indulgencia de todos sus pecados”.

domingo, 15 de julio de 2012

Festividad de San Buenaventura


Cardenal, Obispo de Albano
General de los Frailes Menores Franciscanos

Martirologio Romano: Memoria de la inhumación de san Buenaventura, obispo de Albano y doctor de la Iglesia, celebérrimo por su doctrina, por la santidad de su vida y por las preclaras obras que realizó en favor de la Iglesia. Como ministro general rigió con gran prudencia la Orden de los Hermanos Menores, siendo siempre fiel al espíritu de san Francisco y en sus numerosos escritos unió suma erudición y piedad ardiente. Cuando estaba prestando un gran servicio al II Concilio Ecuménico de Lyon, mereció pasar a la visión beatífica de Dios (1274).

Por lo que se refiere a sus primeros años, lo único que sabemos acerca de este ilustre hijo de san Francisco de Asís es que nació en Bagnorea, cerca de Viterbo, en Italia, probablemente en 1217, fue bautizado con el nombre de Giovanni (Juan) Fidanza y que sus padres fueron Juan Fidanza y María Ritella. Después de tomar el hábito en la orden seráfica, estudió en la Universidad de París, bajo la dirección del maestro inglés Alejandro de Hales. De 1248 a 1257, enseñó en esta universidad teología y Sagrada Escritura. A su genio penetrante unía un juicio muy equilibrado, que le permitía ir al fondo de las cuestiones y dejar de lado lo superfluo para discernir todo lo esencial y poner al descubierto los sofismas de las opiniones erróneas. El santo se distinguió en filosofía y teología escolásticas.

El santo no veía en sí más que faltas e imperfecciones y, por humildad, se abstenía algunas veces de recibir la comunión, por más que su alma ansiaba acercarse a la fuente de gracia. Pero un milagro de Dios permitió a San Buenaventura superar tales escrúpulos.