domingo, 17 de febrero de 2013

La tentación del mesianismo temporal



Hoy, el diablo conduce al Señor en una visión a un monte alto. Le muestra todos los reinos de la tierra y su esplendor, y le ofrece dominar sobre el mundo. ¿No es justamente ésta la misión del Mesías?

Más tarde, el Señor resucitado reunirá a los suyos en el monte y dirá: "Se me ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra" (Mt 28,18). Sólo quien tiene todo este poder posee el auténtico poder, el poder salvador. Sin el cielo, el poder terreno queda siempre ambiguo y frágil. Sólo el poder que se pone bajo el criterio y el juicio del cielo, es decir, de Dios, puede ser un poder para el bien.

—A ello se añade otro aspecto: Jesús tiene este poder en cuanto resucitado, es decir: este poder presupone la cruz, presupone su muerte. Presupone el otro monte, el Gólgota, donde murió clavado en la cruz. El reino de Cristo es distinto de los reinos de la tierra y de sus esplendores…

Evangelio del Domingo [17.02.2013]


Día litúrgico: Domingo I (C) de Cuaresma


Texto del Evangelio (Lc 4,1-13): En aquel tiempo, Jesús, lleno de Espíritu Santo, se volvió del Jordán, y era conducido por el Espíritu en el desierto, durante cuarenta días, tentado por el diablo. No comió nada en aquellos días y, al cabo de ellos, sintió hambre. Entonces el diablo le dijo: «Si eres Hijo de Dios, di a esta piedra que se convierta en pan». Jesús le respondió: «Esta escrito: ‘No sólo de pan vive el hombre’».

Llevándole a una altura le mostró en un instante todos los reinos de la tierra; y le dijo el diablo: «Te daré todo el poder y la gloria de estos reinos, porque a mí me ha sido entregada, y se la doy a quien quiero. Si, pues, me adoras, toda será tuya». Jesús le respondió: «Está escrito: ‘Adorarás al Señor tu Dios y sólo a Él darás culto’».

Le llevó a Jerusalén, y le puso sobre el alero del Templo, y le dijo: «Si eres Hijo de Dios, tírate de aquí abajo; porque está escrito: ‘A sus ángeles te encomendará para que te guarden’. Y: ‘En sus manos te llevarán para que no tropiece tu pie en piedra alguna’». Jesús le respondió: «Está dicho: ‘No tentarás al Señor tu Dios’». Acabada toda tentación, el diablo se alejó de Él hasta un tiempo oportuno.

Comentario: P. Josep LAPLANA OSB Monje de Montserrat (Montserrat, Barcelona, España).

Era conducido por el Espíritu en el desierto, durante cuarenta días, tentado por el diablo


sábado, 16 de febrero de 2013

El anuncio del Evangelio consiste en el ofrecimiento de la gracia de Dios al pecador



Hoy, Jesús acoge en el grupo de sus íntimos a un hombre que era considerado como un pecador público. Mateo no sólo manejaba dinero considerado impuro por provenir de gente ajena al pueblo de Dios, sino que además colaboraba con una autoridad extranjera, odiosamente ávida, cuyos tributos podían ser determinados arbitrariamente. En más de una ocasión, los Evangelios mencionan conjuntamente a los "publicanos y pecadores", a los "publicanos y prostitutas".

Un dato que salta a la vista: Jesús no excluye a nadie de su amistad. Es más, precisamente mientras se encuentra sentado en la mesa de la casa de Mateo-Leví, respondiendo a quien estaba escandalizado por el hecho de frecuentar compañías poco recomendables, Cristo pronuncia la importante declaración: "No he venido a llamar a justos, sino a pecadores".

—El buen anuncio del Evangelio consiste precisamente en esto: ¡en el ofrecimiento de la gracia de Dios al pecador! Quien se encuentra aparentemente más lejos de la santidad, puede convertirse incluso en un modelo de acogida de la misericordia de Dios.

Evangelio del Sábado [16.02.2013]


Día litúrgico: Sábado después de Ceniza


Texto del Evangelio (Lc 5,27-32): En aquel tiempo, Jesús salió y vio a un publicano llamado Leví, sentado en el despacho de impuestos, y le dijo: «Sígueme». El, dejándolo todo, se levantó y le siguió. Leví le ofreció en su casa un gran banquete. Había un gran número de publicanos, y de otros que estaban a la mesa con ellos. Los fariseos y sus escribas murmuraban diciendo a los discípulos: «¿Por qué coméis y bebéis con los publicanos y pecadores?». Les respondió Jesús: «No necesitan médico los que están sanos, sino los que están mal. No he venido a llamar a conversión a justos, sino a pecadores».

Comentario: Rev. D. Joan Carles MONTSERRAT i Pulido (Sabadell, Barcelona, España).

No he venido a llamar a conversión a justos, sino a pecadores

viernes, 15 de febrero de 2013

La tradición del ayuno



Hoy, empezando la Cuaresma, recordamos los cuarenta días de ayuno que el Señor vivió en el desierto antes de emprender su misión pública. Al igual que Moisés antes de recibir las Tablas de la Ley, o que Elías antes de encontrar al Señor en el monte Horeb, Jesús orando y ayunando se preparó a su misión, cuyo inicio fue un duro enfrentamiento con el tentador.

Las Sagradas Escrituras (desde el mismo "Génesis") y toda la tradición cristiana enseñan que el ayuno es una gran ayuda para evitar el pecado y todo lo que induce a él. Por esto, en la historia de la salvación encontramos en varias ocasiones la invitación a ayunar. En el Nuevo Testamento, Jesús indica su razón profunda: el ayuno de la voluntad propia permite cumplir la voluntad del Padre celestial.

—Si Adán desobedeció la orden del Señor de "no comer del árbol de la ciencia del bien y del mal", con el ayuno yo deseo someterme humildemente a Dios, confiando en su bondad y misericordia.

Evangelio del Viernes [15.02.2013]


Día litúrgico: Viernes después de Ceniza


Texto del Evangelio (Mt 9,14-15): En aquel tiempo, se le acercan los discípulos de Juan y le dicen: «¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos, y tus discípulos no ayunan?». Jesús les dijo: «Pueden acaso los invitados a la boda ponerse tristes mientras el novio está con ellos? Días vendrán en que les será arrebatado el novio; entonces ayunarán».

Comentario: Rev. D. Xavier PAGÉS i Castañer (Barcelona, España).

Días vendrán en que les será arrebatado el novio; entonces ayunarán

jueves, 14 de febrero de 2013

En las manos de los cardenales, a través del Espíritu Santo, está la elección del próximo Papa

Primer anuncio de la Pasión. El camino de la cruz



Hoy, comenzando la Cuaresma, Jesucristo nos anuncia el destino del camino que emprendemos con Él: su pasión y resurrección. Este anuncio escandalizó a Simón Pedro, que acababa de reconocerle como el Mesías. Pero, justamente, seguirle en el signo de la cruz será nuestro camino, lo cual se explica de un modo antropológico: es el camino del "perderse a sí mismo", sin el cual resulta imposible encontrarse a sí mismo.

¡Para amar hay que perderse! Los cristianos deben ser instruidos continuamente, a lo largo de los siglos, por el Señor, para que sean conscientes de que su camino no es el de la gloria y poder terrenal, sino "el camino de la cruz". ¡También hoy, los cristianos llevan aparte al Señor para decirle: "Eso no puede pasarte"!

—Jesús tiene que decirnos siempre de nuevo: "¡Quítate de mi vista, Satanás!". Toda la escena muestra una inquietante actualidad, ya que, en definitiva, seguimos pensando según "la carne y la sangre" y no según la revelación que podemos recibir en la fe.

Evangelio del Jueves [14.02.2013]


Día litúrgico: Jueves después de Ceniza



Texto del Evangelio (Lc 9,22-25): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «El Hijo del hombre debe sufrir mucho, y ser reprobado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, ser matado y resucitar al tercer día». Decía a todos: «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame. Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero quien pierda su vida por mí, ése la salvará. Pues, ¿de qué le sirve al hombre haber ganado el mundo entero, si él mismo se pierde o se arruina?».

Comentario: Fray Josep Mª MASSANA i Mola OFM (Barcelona, España).

Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame

miércoles, 13 de febrero de 2013

“Esforcémonos por convertirnos”, invitación de Benedicto XVI en su Tweet



13-02-2013 Radio Vaticana

(RV).- Después de su catequesis, el Papa publicó un nuevo Tweet, en el que ha escrito:

En el tiempo de Cuaresma que iniciamos, esforcémonos por convertirnos, abriendo nuestra vida cada vez más a Dios.

(MFB – RV).