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domingo, 3 de noviembre de 2013

Ser paciente para ser santo


Una multitud de hombres y mujeres de todos los pueblos, dice el Apocalipsis, adoraban a Dios el Padre Eterno y al Cordero, que murió para salvar a los hombres. Eran los santos, aquellos hombres y mujeres que vivieron en este mundo según la voluntad de Dios y vencieron al pecado y al mal.

La santidad es la meta del cristiano: “sed santos como su Padre Celestial es santo”. La vida encuentra su sentido cuando siguiendo las palabras de Jesús entonamos en nuestra vida una sinfonía de caridad. Mirar a lo alto para recordar que somos de Dios, mirar hacia el horizonte para extender la mano a todos aquellos que ya no pueden avanzar en el camino. Ser “samaritanos” de cada hombre que encontramos en nuestra vida cotidiana, a la vuelta de cada esquina.