24 de noviembre, 2013 (romereports.com) Más de 500 catecúmenos de 47 países diferentes participaron en el rito de admisión al catecumenado presidido por el Papa en San Pedro. Francisco espero a 35 de ellos en el atrio de la basílica. Lo hizo como tradicionalmente se recibe a los que solicitan el bautismo para formar parte de la Iglesia. El Papa explicó que Dios ha creado al hombre para el encuentro.
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lunes, 25 de noviembre de 2013
Papa a catecúmenos: Dios es un buscador paciente
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sábado, 23 de noviembre de 2013
Homilía del Santo Padre Francisco en el Rito de Admisión al Catecumenado
A las 16:30 de hoy, el Santo Padre ha presidido el Rito de Admisión al Catecumenado, dentro las celebraciones del Año de la Fe. Había unos
500 catecúmenos de 47 nacionalidades de los cinco continentes, acompañados por
sus catequistas. La Liturgia, con los Ritos de introducción, se ha desarrollado
en el atrio de la Basílica de San Pedro, donde el Papa ha recibido a una representación
de los candidatos, invitándoles a entrar en la iglesia.
Queridos catecúmenos: este momento conclusivo del Año de la Fe os encontráis aquí recogidos, con vuestros catequistas y familiares, en
representación también de tantos otros hombres y mujeres que están realizando,
en diversas partes del mundo, vuestro mismo recorrido de fe. Espiritualmente,
estamos todos unidos en este momento. Venidos de muchos países distintos, de
tradiciones culturales y experiencias diferentes, sin embargo, esta tarde
sentimos tener entre nosotros tantas cosas en común. Sobre todo una: el deseo de Dios. Este deseo es evocado
por las palabras del Salmista: «Como busca la cierva las corrientes de agua, así
te ansía mi alma, Oh Dios. Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo: ¿cuándo iré
y veré el rostro de Dios?» (Sal 42,2-3). Qué importante es mantener vivo ese
deseo, ese anhelo de encontrar al Señor y de tener experiencia de Él, experimentar
su amor, su misericordia. Si falta la sed
del Dios vivo, la fe corre el riesgo de hacerse rutinaria, o de apagarse, como un
fuego que no se aviva. Se puede volver rancia, sin sentido.
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