Virgen y Doctora de la Iglesia
Patrona de Italia y de Europa
Martirologio Romano: Memoria de santa Catalina de Siena,
virgen y doctora de la Iglesia, que habiendo entrado en las Hermanas de la Penitencia de Santo Domingo, deseosa de conocer a Dios en sí misma y a sí misma
en Dios, se esforzó en asemejarse a Cristo crucificado y trabajó también
enérgica e incansablemente por la paz, para que el Romano Pontífice regresara a
la Urbe y por la unidad de la Iglesia, dejando espléndidos documentos llenos de
doctrina espiritual (1380).
Etimológicamente: Aquella que es pura y casta, es de
origen griego.
Lo que más maravilla en la vida de Santa Catalina de Siena
no es tanto el papel insólito que desempeñó en la historia de su tiempo, sino el
modo exquisitamente femenino con que lo desempeñó. Al Papa, a quien ella
llamaba con el nombre de “dulce Cristo en la tierra”, le reprochaba la poca
valentía y lo invitaba a dejar Aviñón y regresar a Roma, con palabras
humanísimas como éstas: “¡Animo, virilmente, Padre! Que yo le digo que no hay
que temblar”. A un joven condenado a muerte y a quien ella había acompañado
hasta el patíbulo, le dijo en el último instante: “¡A las bodas, dulce hermano
mío! que pronto estarás en la vida duradera”.
Pero la voz sumisa de la mujer cambiaba de tono y se
traducía frecuentemente en ese “yo quiero” que no admitía tergiversaciones
cuando entraba en juego el bien de la Iglesia y la concordia de los ciudadanos.
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