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viernes, 10 de agosto de 2012

Por la Paz en Siria


La ola de violencia que sacude a Siria desde marzo de 2011 no tiene visos de remitir a corto o medio plazo. Se cuentan ya por miles los muertos y heridos a causa de esta guerra entre el gobierno autoritario de Bashar Al-Assad y grupos de rebeldes islámicos que abogan, con radicalidad, por el triunfo de un régimen democrático en Siria. Ante esta situación, los cristianos en Siria no buscan más que la paz. La Iglesia, que es la que está sosteniendo a la población, puede desempeñar un papel importante en la consecución de la misma. Y nosotros, también podemos hacer algo desde aquí: rezar.

Recemos por los asesinados, entre ellos cristianos e, incluso, sacerdotes católicos. Por los miles de refugiados que huyen de la violencia de los fundamentalistas islámicos; Recemos también por los violentos, para que acudan al arrepentimiento y triunfe sobre ellos la paz.

"Que Cristo resucitado otorgue esperanza a Oriente Próximo,
para que todos los componentes étnicos, culturales y religiosos de esta región colaboren en favor del bien común y el respeto de los derechos humanos.

Que en Siria cese el derramamiento de sangre
y se emprenda sin demora la vía del respeto,
del diálogo y de la reconciliación,
como auspicia también la comunidad internacional.

Y que los numerosos refugiados provenientes de ese país
y necesitados de asistencia humanitaria,
entren la acogida y solidaridad que alivien sus penosos sufrimientos".

Benedicto XVI, abril de 2012

Padrenuestro, Avemaría y Gloria...

miércoles, 9 de mayo de 2012

Pedro se fía de Dios


"San Pedro en la cárcel" Pintor: José de Ribera

09-05-2012 L’Osservatore Romano

Tranquilidad y confianza: el comportamiento de san Pedro durante su encarcelamiento es el de quien «se fía de Dios, sabe que está rodeado por la solidaridad y la oración de los suyos y se abandona totalmente en las manos del Señor». Lo dijo el Papa en la audiencia general del miércoles 9 de mayo, en la plaza de San Pedro, hablando del encarcelamiento y la liberación del apóstol en la víspera de su proceso en Jerusalén.

El Pontífice propuso de nuevo el relato del último episodio de la vida de Pedro, narrado en el capítulo 12 de los Hechos de los Apóstoles, para subrayar una vez más «la fuerza de la oración incesante de la Iglesia». Gracias a la cual el Señor «realiza una liberación inimaginable e inesperada, enviando a su ángel». Por su parte, Pedro «vive la noche de la prisión y de la liberación de la cárcel como un momento de su seguimiento del Señor, que vence las tinieblas de la noche y libra de la esclavitud de las cadenas y del peligro de muerte».

Todavía hoy el comportamiento del apóstol es ejemplo para la Iglesia y para cada cristiano. Incluido el Papa, que a los fieles presentes en la audiencia les confesó haberse «siempre sentido sostenido por la oración de la Iglesia, por vuestra oración, sobre todo en los momentos más difíciles». Palabras acompañadas por un largo aplauso, al cual Benedicto XVI respondió sencillamente: «Gracias de corazón».