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lunes, 18 de marzo de 2013

Evangelio del Lunes [18.03.2013]


Día litúrgico: Lunes V (C) de Cuaresma


Texto del Evangelio (Jn 8,12-20): En aquel tiempo, Jesús les habló otra vez a los fariseos diciendo: «Yo soy la luz del mundo; el que me siga no caminará en la oscuridad, sino que tendrá la luz de la vida». Los fariseos le dijeron: «Tú das testimonio de ti mismo: tu testimonio no vale». Jesús les respondió: «Aunque yo dé testimonio de mí mismo, mi testimonio vale, porque sé de dónde he venido y a dónde voy; pero vosotros no sabéis de dónde vengo ni a dónde voy. Vosotros juzgáis según la carne; yo no juzgo a nadie; y si juzgo, mi juicio es verdadero, porque no estoy yo solo, sino yo y el que me ha enviado. Y en vuestra Ley está escrito que el testimonio de dos personas es válido. Yo soy el que doy testimonio de mí mismo y también el que me ha enviado, el Padre, da testimonio de mí».

Entonces le decían: «¿Dónde está tu Padre?». Respondió Jesús: «No me conocéis ni a mí ni a mi Padre; si me conocierais a mí, conoceríais también a mi Padre». Estas palabras las pronunció en el Tesoro, mientras enseñaba en el Templo. Y nadie le prendió, porque aún no había llegado su hora.

Comentario: Rev. D. Jordi PASCUAL i Bancells (Salt, Girona, España).

Yo soy la luz del mundo

sábado, 12 de mayo de 2012

La fidelidad a Cristo, luz para el mundo



Hoy, el Evangelio contrapone el mundo con los seguidores de Cristo. El mundo representa todo aquello de pecado que encontramos en nuestra vida. Una de las características del seguidor de Jesús es la lucha contra el mal que se encuentra en el interior del hombre y en el mundo. Con Jesús resucitado somos luz que ilumina las tinieblas.

Ni el cristiano, ni la Iglesia pueden seguir las modas del mundo. El criterio único, definitivo e ineludible es Cristo. No es Jesús quien se ha de adaptar al mundo; somos nosotros quienes hemos de transformar nuestras vidas en Jesús. Cuando nuestra sociedad secularizada pide ciertos cambios o licencias a los cristianos y a la Iglesia, simplemente nos está pidiendo que nos alejemos de Dios. El cristiano tiene que mantenerse fiel a Cristo y a su mensaje.

—Jesús resucitado, hazme valiente para proclamarte —sin miedo— como nuestra luz y alegría. Espíritu Santo, transfórmame para ser capaz de comunicar esto al mundo.

Comentario: Rev. D. Ferran JARABO i Carbonell (Agullana, Girona, España).