Usted nació en Buenos Aires, Argentina en 1961. ¿Cuándo supo que quería ser sacerdote?
--Mons. Ponce de León: Yo tenía 18 años y fue en el grupo de jóvenes que conocí a los Misioneros de la Consolata. Al conocerlos, descubrimos algo que nunca habíamos visto antes, que era la obra misionera de la Iglesia. Me hizo pensar en la posibilidad de convertirme en un misionero laico. Fue un domingo de abril, en que rezábamos por las vocaciones. Por alguna razón recuerdo que estaba en mi habitación pensando, tal vez Dios me está llamando no a ser un misionero laico, sino un sacerdote. Mi llamado fue una especie de paquete: religioso, sacerdote, y sacerdote misionero, las tres cosas juntas.
¿Cómo fue para usted, que es latinoamericano llegar a África? ¿Cuál fue el mayor desafío que tuvo que superar?
--Mons. Ponce de León: Usted sabe que se dice que es más fácil para la gente de América del Sur ir a África por la forma en que nos relacionamos con la gente. El reto, probablemente es que no tenemos los recursos financieros detrás de nosotros y por lo tanto no podemos escribir de vuelta a casa, a las organizaciones en nuestros países o a quien sea para obtener ayuda financiera, a menos que hayas estudiado y trabajado en Europa o en América del Norte. El otro reto fue llegar, como una persona blanca en el contexto del fin del apartheid. La Iglesia católica es sólo el 4%, por lo que no todos sabían que yo era un sacerdote. Su primera impresión fue que yo era una persona de raza blanca, los que tienen el poder y el dinero, y uno de aquellos que controlaba todo hasta ayer en Sudáfrica.