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lunes, 9 de enero de 2012

Ser obispo no es un honor, es una misión [Vietnam]


Entrevista a Monseñor Hoang, obispo en Vietnam.

ROMA, domingo 8 enero 2011 (ZENIT.org).- Vietnam es un país que tiene un único partido político, el comunista. Cada religión es tratada como una fuerza social, que debe contribuir al progreso del país bajo la dirección del Partido Comunista. Marie-Pauline Meyer de Where God Weeps, en colaboración con Ayuda a la Iglesia Necesitada, entrevista a Mons. Cosme Hoang Van Dat SJ, obispo de Bac Ninh, al norte de Vietnam.

¿Es difícil ser obispo católico en un estado comunista?
Monseñor Hoang Van Dat: No es difícil porque creo que ser obispo es ser sucesor de los apóstoles que Cristo envió a todas las partes del mundo; los países comunistas forman parte del mundo y es necesario que lleguen a ellos también. Vietnam es un país comunista y es difícil a veces. Pero es necesario que haya un obispo presente.

¿Siente que el gobierno le vigila siempre?
Estoy convencido de que el gobierno vigila todo lo que hago.

¿Diría que la Iglesia Católica en Vietnam es una iglesia perseguida?
Hace muchos años sí, pero no ahora. Hace años, la Iglesia se enfrentaba a tiempos difíciles. Casi todos los sacerdotes y seminaristas estaban en prisión; mi vicario general pasó nueve años en prisión cuando era seminarista. Ahora somos más libres.

Usted es jesuita ¿Qué le atrajo a los jesuitas?
Me uní a los jesuitas en 1967, cuando tenía 19 años. Fue durante la guerra de Vietnam. Creía que en ese momento la guerra y las armas no eran una buena solución para el país. Dos figuras prevalecieron en mi decisión de unirme a los jesuitas: san Francisco Javier y Alejandro de Rhodas, uno de los primeros misioneros en Vietnam, ambos jesuitas. Así que me convertí en jesuita para convertirme en misionero, aunque en esa época me imaginé mi vida como misionero en África, pero todavía no he ido.

¿Qué le dijeron sus padres cuando les contó que quería ser sacerdote?
Mi padre murió cuando tenía seis años y viví con mi madre que es muy religiosa. Ella siempre pensó que yo era un joven cuya única preocupación era divertirse. Cuando decidí unirme a los jesuitas, me dijo que no podía negarle nada a Dios pero que nunca pensó que sería sacerdote.