Obrero.
Se cristianizó una fiesta que había sido hasta el momento
la ocasión anual del trabajador para manifestar sus reivindicaciones, su
descontento y hasta sus anhelos. Fácilmente en las grandes ciudades se
observaba un paro general y con no menos frecuencia se podían observar las
consecuencias sociales que llevan consigo la envidia, el odio y las bajas
pasiones repetidamente soliviantadas por los agitadores de turno. En nuestro
occidente se aprovechaba también ese momento para lanzar reiteradas calumnias
contra la Iglesia que era presentada como fuerza aliada con el capitalismo y
consecuentemente como el enemigo de los trabajadores.
Fue después de la época de la industrialización cuando
toma cuerpo la fiesta del trabajo. Las grandes masas obreras han salido
perjudicadas con el cambio y aparecen extensas masas de proletarios. También
hay otros elementos que ayudan a echar leña al fuego del odio: la propaganda
socialista-comunista de la lucha de clases.
