
ABRIL 23, 2020 09:15 ENRIQUE DÍAZ DÍAZESPIRITUALIDAD Y
ORACIÓN
Hechos de los Apóstoles 2, 14.
22-23: “No era posible que la muerte lo retuviera bajo su dominio”
Salmo 15: “Enséñame, Señor,
el camino de la vida”
I Pedro: 1, 17-21: “Ustedes
han sido rescatados con la sangre preciosa de Cristo, el cordero sin mancha”
San Lucas 24, 13-35: “Lo
reconocieron al partir el pan”
El camino de Emaús es semejante al
camino de toda la humanidad y puede representar muy claramente el camino de
todo hombre y de toda mujer. Miremos nuestra vida hacia atrás y no será difícil
reconocernos en esos dos peregrinos que abatidos y con dolor toman la decisión
más difícil: reconocer su fracaso y abandonar todo. Era tan grande su ilusión,
se habían forjado tantos sueños, todo parecía tan bonito… y ahora todo
terminaba en nada: “Nosotros esperábamos que él sería el libertador de Israel”.
Sí, esperaban, pero ahora se han quedado sin ilusiones. Y hasta parece la
historia de nuestro pueblo y de nuestras comunidades, y hasta parece la
historia personal de cada uno de nosotros.