“Este mundo del mar, en su continua peregrinación de
personas, hoy debe tener en cuenta los efectos complejos de la globalización y,
por desgracia, también tiene que afrontar situaciones de injusticia,
especialmente cuando los equipajes están sujetos a restricciones para bajar a
tierra, cuando son abandonados junto con las embarcaciones en las que trabajan,
y cuando caen bajo la amenaza de la piratería marítima o sufren los daños de la
pesca ilegal. La vulnerabilidad de los marítimos, pescadores y navegantes, debe
hacer aún más atenta la solicitud de la Iglesia y estimular el cuidado materno
que, a través de vosotros, manifiesta a todos los que encontráis en los puertos
o en las naves, o asistís a bordo en los largos meses de embarque”.
Estas palabras fueron dirigidas por el Papa Emérito
Benedicto XVI a los participantes en el XXIII Congreso Mundial del A.M.,
celebrado en la Ciudad del Vaticano, del 19 ‐ 23 de noviembre de 2012. De hecho, durante más de
90 años, la Iglesia Católica, a través de la Obra del Apostolado del Mar, con
su red de capellanes y voluntarios presentes en más de 260 puertos del mundo,
ha demostrado su cuidado materno proporcionando bienestar espiritual y material
a los marinos, pescadores y a sus familias.