jueves, 5 de mayo de 2011

Beatificación del Siervo de Dios Juan Pablo II


Homilía del Santo Padre Benedicto XVI

Queridos hermanos y hermanas:

Hace seis años nos encontrábamos en esta Plaza para celebrar los funerales del Papa Juan Pablo II. El dolor por su pérdida era profundo, pero más grande todavía era el sentido de una inmensa gracia que envolvía a Roma y al mundo entero, gracia que era fruto de toda la vida de mi amado Predecesor y, especialmente, de su testimonio en el sufrimiento. Ya en aquel día percibíamos el perfume de su santidad, y el Pueblo de Dios manifestó de muchas maneras su veneración hacia él. Por eso, he querido que, respetando debidamente la normativa de la Iglesia, la causa de su beatificación procediera con razonable rapidez. Y he aquí que el día esperado ha llegado; ha llegado pronto, porque así lo ha querido el Señor: Juan Pablo II es beato.

Deseo dirigir un cordial saludo a todos los que, en número tan grande, desde todo el mundo, habéis venido a Roma, para esta feliz circunstancia, a los señores cardenales, hermanos en el episcopado y el sacerdocio, delegaciones oficiales, embajadores y autoridades, personas consagradas y fieles laicos, y lo extiendo a todos los que se unen a nosotros a través de la radio y la televisión.

miércoles, 4 de mayo de 2011

Explicación de las letanías

Kyrye eleison
¡Señor ten piedad de nosotros! La Iglesia, poniendo esas palabras al comienzo de las letanías quiere hacernos recordar que es necesario, antes de la oración, buscar en el seno de la misericordia de Dios la gracia y los auxilios que puedan hacerla agradable y saludable para nosotros. Se dirige en primer lugar a Dios Padre, que siendo el Padre de las misericordias y el Dios de toda consolación, está siempre listo a concedernos una renovación de sus grandes misericordias, cuando se la pedimos con las disposiciones que exige de nosotros.

Christe eleison
¡Cristo, ten misericordia de nosotros! Para convencernos de la benéfica misericordia de Jesucristo, abramos el Evangelio que refiere los prodigios de su misericordia y sigamos la secuencia. Cuántos efectos misericordiosos no han experimentado los hombres en el tiempo que ha vivido entre ellos, No veremos a nadie que haya implorado sobre el cuál no se haya detenido. Tendió la mano auxiliadora a todos los desventurados, devolviendo la vista a los ciegos, el oído a los sordos, la palabra a los mudos y la vida a los muertos; cuantos se dirigieron a él lo hicieron exclamando: ¡Jesucristo, ten misericordia de nosotros!

Kyrye eleison
¡Señor ten piedad de nosotros! Al Espíritu Santo, a ese Dios de amor y de caridad, que gusta comunicarse con las almas fervientes hay que dirigir, sin cesar, votos ardientes y sinceros en nuestras necesidades y, sobre todo en el estado de pecado. Es él quien va delante del pecador por su misericordia. Es Aquél que habiéndole prevenido, lo llama; que habiéndolo llamado lo justifica y que, habiéndolo justificado, lo conduce por los senderos de la justicia, y así, elevado a la perfección por el don de la perseverancia, para darle la corona de la gloria. Tales son los grados de la gracia del Espíritu Santo para aquellos que, en la efusión de un corazón destinado a recibir sus divinas influencias, le piden, por el fervor de sus oraciones, la pureza de sus deseos y la solicitud de su divino amor.

Ejemplo
Santa Matilde, leyendo un día esas divinas palabras del Salvador mostrando a la Santísima Virgen: Mujer he ahí a tu Hijo, se sintió inspirada de pedir al Hijo de Dios que la hiciera partícipe de la gracias concedida a san Juan, para que esas palabras que fueron pronunciadas en el Calvario, pudieran ser dichas nuevamente, en su favor, a la Santísima Virgen: Mujer he ahí a tu hijo. No terminó de decir su oración y ya sentía su efecto; escuchó la adorable voz del Salvador recomendara especialmente a los cuidados de su Santísima Madre, en consideración a la Sangre que había derramado por el alma de esta hija, que era su esposa por los santos compromisos que había asumido con Él. Mechtilde. Colmada de dicha y de confianza delante de tal recomendación, fue movida a hacer el mismo pedido a favor de aquellos de aquellos que lo solicitaran: y el divino Salvador se dignó hacerle entender que no rechazaría nunca a quien se lo pidiera con fervor. Pidámosle, pues, que quiera entregarnos a María como sus hijos, eligiéndola nosotros mismos como nuestra Madre.

No olvidemos nunca que la Santísima Virgen es nuestra mediadora delante de Dios. Recurramos a menudo a su poderosa intercesión.

Traducido del francés, por José Gálvez Krüger para ACI Prensa.

martes, 3 de mayo de 2011

Las letanías de la Santísima Virgen

Las letanías de la Santísima Virgen son una recopilación de alabanzas en honor a María, un resumen de los sentimientos de los Concilios, de los Papas y de los santos. En su fórmula actual, se usaron primeramente en Italia, en el santuario de nuestra Señora de Loreto. Las letanías de difundieron por toda la cristiandad, y se convirtieron en la oración favorita de todas las comunidades cristianas y los frutos de salvación fueron tan grandes que, la Sede Apostólica no sólo las aprobó sino además las enriqueció con muchísimas indulgencias. Mediante una constitución, fechada el 15 de julio de 1587, el papa Sixto V concedió una indulgencia de 200 días a quienes, con corazón contrito, recitaran las letanías. Benedicto XIV, ratificó esta indulgencia en 1728 y el Soberano Pontífice Pío VII la aumentó a 300 días, agregando una indulgencia plenaria a ganar, en las festividades de la Santísima Virgen, por todos aquellos que reciten las letanías, con la condición que en esos días de fiesta, se confiesen, comulguen y visiten una iglesia pública, rezando por las intenciones del Santo Padre.

Ejemplo
Nuestra Señora de Laus, situada a 8 kilómetros de Garp, fue fundada, hace tres siglos, por una simple pastora llamado Benedicto Rencurel, más tarde llamada Hermana Benedicto, porque se asoció a la Tercera Orden de Santo Domingo. Esta alma de elite había escuchado decir a un predicador que la Santísima Virgen es buena y todo misericordiosa, concibió un violento deseo de verla y pidió a María con las más ardientes oraciones que se le mostrara. María se le apareció, no una, sino frecuentemente, y esto durante cincuenta y seis años enteros. Antes de hacer de Benedicto su amiga y la dispensadora de sus gracias, la Santísima Virgen se dignó hacerla su alumna, y cuando tuvo estrechamente unida el alma de la joven pastora por la atracción irresistible de su belleza, le comenzó a hablar, para instruirla, probarla y alentarla. Para ponerse al alcance de la inteligencia poco cultivada de la hija de las montañas, descendió a familiaridades que nos sorprenderían, si no supiésemos que la bondad de María no tiene límites. Incluso no desdeño enseñarle a rezar, como lo hacen las madres, repitiendo palabra por palabra una oración a sus hijos; así fue como aprendió las letanías, hasta entonces desconocidas en el país, encargándole que las enseñara, a su turno, a sus compañeras y que las repitiera cada tarde con ellas. Las jóvenes hijas de Avançon y de Valsère se pusieron, prontamente, como las de Saint-Etienne, a recitar las letanías de la Santísima Virgen: todas las procesiones que llegan a Laus las cantan subiendo la montaña; toda misa celebrada en el altar de María esta seguido de sus letanías que se vuelven a decir todos los sábados, y todos los domingos, en un ambiente que no hay sino en Laus y que remueve todas la fibras del alma.

Recitemos con más piedad las letanías de la Santísima Virgen cuando hagamos nuestra oración de la tarde.

Traducido del francés, por José Gálvez Krüger para ACI Prensa.

Beato Juan Pablo II (Devoción Privada: II)

Oración para implorar favores:
Por intercesión del beato Juan Pablo II
Joannes Paulus II

"Siervo de los Siervos de Dios"

¡Oh, Trinidad Santa!, te damos gracias por haber concedido a la Iglesia al Beato Juan Pablo II y porque en él has reflejado la ternura de Tu paternidad, la gloria de la Cruz de Cristo y el esplendor del Espíritu de amor. El, confiando totalmente en tu infinita misericordia y en la maternal intercesión de María, nos ha mostrado una imagen viva de Jesús Buen Pastor, indicándonos la santidad, alto grado de la vida cristiana ordinaria, como camino para alcanzar la comunión eterna Contigo. Concédenos, por su intercesión, y si es Tu voluntad, el favor que imploramos, con la esperanza de que sea pronto incluido en el número de tus santos. Amén.

Padrenuestro, Avemaría, Gloria.

De conformidad con los decretos del Papa Urbano VIII, declaramos que en nada se pretende prevenir el juicio de la Autoridad eclesiástica, y que esta oración no tiene finalidad alguna de culto público.

Se ruega a quienes obtengan gracias por intercesión del Siervo de Dios Juan Pablo II, las comuniquen al Postulador de la Causa, Monseñor Slawomir Oder. Vicariato di Roma. Piazza San Giovanni in Laterano 6/A 00184 ROMA.
También puede enviar su testimonio por correo electrónico a la siguiente dirección:

Beato Juan Pablo II (Devoción Privada: I)

Oración para implorar favores:
Por intercesión del beato Juan Pablo II
Joannes Paulus II

"Siervo de los Siervos de Dios"

¡Oh, Dios! Padre Misericordioso, que por mediación de Jesucristo, nuestro Redentor, y de su Madre, la Bienaventurada Virgen María, y la acción del Espíritu Santo, concediste al Beato Juan Pablo II la gracia de ser Pastor ejemplar en el servicio de la Iglesia peregrina, de los hijos e hijas de la Iglesia y de todos los hombres y mujeres de buena voluntad, haz que yo sepa también responder con fidelidad a las exigencias de la vocación cristiana, convirtiendo todos los momentos y circunstancias de mi vida en ocasión de amarte y de servir al Reino de Jesucristo. Te ruego que me concedas por su intercesión el favor que te pido... (Pídase). A Ti, Padre Omnipotente, origen del cosmos y del hombre, por Cristo, el que vive, Señor del tiempo y de la historia, en el Espíritu Santo que santifica el universo, alabanza, honor y gloria ahora y por los siglos de los siglos. Amén.

Padrenuestro, Avemaría, Gloria.

De conformidad con los decretos del Papa Urbano VIII, declaramos que en nada se pretende prevenir el juicio de la Autoridad eclesiástica, y que esta oración no tiene finalidad alguna de culto público.

Se ruega a quienes obtengan gracias por intercesión del Siervo de Dios Juan Pablo II, las comuniquen al Postulador de la Causa, Monseñor Slawomir Oder. Vicariato di Roma. Piazza San Giovanni in Laterano 6/A 00184 ROMA.
También puede enviar su testimonio por correo electrónico a la siguiente dirección:
postulazione.giovannipaoloii@vicariatusurbis.org

lunes, 2 de mayo de 2011

La devoción a la Santísima Virgen

Hay en la Madre de Dios una admirable apropiación del ministerio de la mediación, sea por nuestra parte, sea por la parte de su divino Hijo, sea, finalmente por su propia parte.

Por nuestra parte. En efecto, no hay nada en ella que sea temible: es una pura criatura. En ella la divinidad no existe en ningún grado. Y como no tiene divinidad, no está en ella el ejercer la justicia. Dependiente de Dios, como nosotros, es nuestra hermana; podemos recurrir a ella sin ningún temor y comenzar de alguna manera, así, el aprendizaje de la confianza hacia su hijo.

Por parte de ese Hijo, por Medio de María se puede esperar todo; porque es la más perfecta y la más elevada de las criaturas, que tiene una relación necesaria con Dios, y que no está –oso decirlo así – menos unida a la humanidad de su divino hijo que lo que esta humanidad está unida a la divinidad.

Por su parte, finalmente, ella es Madre y, maravillo recurso, Madre de las dos partes: Madre de Dios, Madre de los hombres; que puede obtener todo como Madre de Dios, que quiere conceder todo como Madre de los hombres, y por tanto más autorizada e interesada incluso a concurrir de esta manera en nuestra salvación, que fue por este único fin que fue elegida y al que debe su gloriosa Maternidad (Aug. Nicolas).

Ejemplo
La hoja de la conversión de Francfort (1849, nº 205 y nº 207) da detalles sobre la solemnidad que tuvo lugar con ocasión del centenario del nacimiento del poeta Goethe, nacido en Francfort en 1749. Un testigo ocular da cuenta del entusiasmo del pueblo, que había ornado la estatua del gran hombre. Súbitamente algunos espectadores propusieron a la masa visitar la tumba de la madre de Goethe. Agregaron que no convenía, después de haber ovacionado al hijo, olvidar enteramente a la madre que le había dado la vida. La multitud siguió en masa a los que habían hecho la proposición hasta el cementerio, donde la solemnidad recomenzó. La Iglesia católica, exaltando el culto de la Virgen, pretende también que no es conveniente olvidar rendirle honores a la Madre que adora al Hijo.

Honremos a María para complacer a Jesús, su divino Hijo.

Traducido del francés, por José Gálvez para ACI Prensa.

El recuerdo y la visión de los jóvenes



El Secreto -soporte e inspiración- de todos los santos: La Virgen, nuestra Madre.

domingo, 1 de mayo de 2011

El mes de María

El mismo sentimiento que había inspirado a los servidores de María a honrarla cada día mediante diversas prácticas, cada semana con la devoción del sábado, cada mes por la celebración de alguno de sus misterios, los ha llevado, en los últimos tiempos a consagrarle cada año un mes entero. Y para ello han elegido el más bello de los meses, mes en el que no había ninguna fiesta particular. La Iglesia ha alentado esta devoción hacia la Santísima Virgen. Por dos rescriptos, del 21 de marzo de 1815 y del 18 de junio de 1822, Pío VII concede las indulgencias siguientes, aplicables a las almas del Purgatorio:

  1. Una indulgencia plenaria a perpetuidad, a ser ganada una vez en el mes de mayo, el mismo día de la comunión, por todos los fieles católicos, que, todos los días de este mes, honren especialmente a la Santísima Virgen, sea en público, sea en privado, mediante homenajes, ejercicios piadosos o actos d virtud.
  2. Una indulgencia parcial de trescientos días para cada día del mes en que se haya rendido a María un homenaje público o particular.
Los Anales de la propagación de la fe, refieren del año 1846, que muchos misioneros, que se encontraban sobre un navío en pleno mar, tuvieron la feliz idea de comenzar ahí sus ejercicios del mes de María. Había preparado ya a tres marineros que no habían hecho su Primera Comunión, y esperaban ganar para Cristo y su religión a los otros marineros y en especial al capitán, que no tenían ni fe ni ley. Ya los marineros habían asistido atentamente a la Santa Misa, lo que causo una impresión profunda en el capitán. Permitió, en consecuencia, que se comenzara a solemnizar el mes de María. Todas las tardes, cada vez que el tiempo lo permitía, se recitaba algunas decenas del rosario y las oraciones de la tarde seguidas de cánticos. Asistieron todos, pero sólo cinco quisieron confesarse. Sin embargo, la virtud de la intercesión de la Santísima Virgen se hacía ya sentir, porque el capitán daba signos indudables que su corazón estaba vivamente impresionado y que un violento combate se libraba en su alma. Los misioneros hicieron una novena para obtener su conversión. Y de pronto, cuando se comenzó los ejercicios, el capitán pidió hacer una confesión general, que hizo con gran compunción. Pronto, todos los marineros siguieron el ejemplo de su jefe; se reconciliaron con dios y se aproximaron en grupo a Santa Mesa. Regresando, el capitán se colgó del cuello de su confesor, agradeciéndole con estas palabras: “Mi corazón no puede estar más feliz”.

Tomado del Mes de María, para el uso de personas ocupadas (París 1901).

Traducido del francés, por José Gálvez para ACI Prensa.

El "nuevo" beato, Juan Pablo II



01 de mayo, 2011. (Romereports.com). Con estas palabras Benedicto XVI ha proclamado beato al Papa Juan Pablo II. El cardenal Agostino Vallini, vicario de la diócesis de Roma ha pedido a Benedicto XVI que se proceda a la beatificación.

“Nosotros acogiéndonos al deseo de nuestro hermano Agostino Cardinale Vallini, nuestro vicario general para la diócesis de Roma, de muchos de nuestros hermanos del Episcopado y de muchos fieles y tras recoger la opinión de la Congregación de la Causa de los Santos, con nuestra autoridad apostólica concedemos que el Venerable Siervo de Dios Juan Pablo II, papa, sea llamado de ahora en adelante beato y que su fiesta pueda celebrarse en los lugares y según las reglas establecidas por derecho, cada año el 22 de octubre”. 

¡Felicidades, a todos!

Domingo de la Divina Misericordia

«Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados» (Jn 20,22-23).

Hoy, Domingo II de Pascua, completamos la octava de este tiempo litúrgico, una de las dos octavas —juntamente con la de Navidad— que en la liturgia renovada por el Concilio Vaticano II han quedado. Durante ocho días contemplamos el mismo misterio y tratamos de profundizar en él bajo la luz del Espíritu Santo.

Por designio del Papa Juan Pablo II, este domingo se llama Domingo de la Divina Misericordia. Se trata de algo que va mucho más allá que una devoción particular. Como ha explicado el Santo Padre en su encíclica Dives in misericordia, la Divina Misericordia es la manifestación amorosa de Dios en una historia herida por el pecado. “Misericordia” proviene de dos palabras: “Miseria” y “Cor”. Dios pone nuestra mísera situación debida al pecado en su corazón de Padre, que es fiel a sus designios. Jesucristo, muerto y resucitado, es la suprema manifestación y actuación de la Divina Misericordia. «Tanto amó Dios al mundo que le entregó a su Hijo Unigénito» (Jn 3,16) y lo ha enviado a la muerte para que fuésemos salvados. «Para redimir al esclavo ha sacrificado al Hijo», hemos proclamado en el Pregón pascual de la Vigilia. Y, una vez resucitado, lo ha constituido en fuente de salvación para todos los que creen en Él. Por la fe y la conversión acogemos el tesoro de la Divina Misericordia.

La Santa Madre Iglesia, que quiere que sus hijos vivan de la vida del resucitado, manda que —al menos por Pascua— se comulgue y que se haga en gracia de Dios. La cincuentena pascual es el tiempo oportuno para el cumplimiento pascual. Es un buen momento para confesarse y acoger el poder de perdonar los pecados que el Señor resucitado ha conferido a su Iglesia, ya que Él dijo sólo a los Apóstoles: «Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados» (Jn 20,22-23). Así acudiremos a las fuentes de la Divina Misericordia. Y no dudemos en llevar a nuestros amigos a estas fuentes de vida: a la Eucaristía y a la Penitencia. Jesús resucitado cuenta con nosotros.

Comentario: Rev. D. Joan Antoni Mateo i García (La Fuliola, Lleida, España).


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