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domingo, 7 de octubre de 2012

Maestro de Nueva Evangelización



07-10-2012 L’Osservatore Romano

«San Juan de Ávila, un Doctor para la nueva evangelización» hemos titulado una Instrucción de la XCIX Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Española, del 26 de abril de 2012; y la reiterada expresión del Santo Maestro: «Sepan todos que nuestro Dios es amor», encabezaba el Mensaje que, poco antes, dirigimos también a todo el pueblo de Dios. Evangelización y centralidad del amor del Padre manifestado en Cristo Jesús; dos claves esenciales para acercarnos a la persona y a la enseñanza de este «predicador evangélico», tal como lo definía su principal discípulo y primer biógrafo fray Luis de Granada.

Este doctorado, a las puertas del Año de la Fe y en el inicio mismo de la Asamblea ordinaria del Sínodo de los Obispos sobre La nueva evangelización para la transmisión de la fe, nos pone ante los ojos a la figura culta y humilde, relevante y discreta del Santo Maestro Juan de Ávila (1499 ó 1500-1569,) que dedicó su vida a la oración y al estudio, a predicar a pequeños y mayores, clérigos y laicos que todos estamos llamados a la santidad; a poner la Palabra de Dios al alcance de sabios e ignorantes, y a dejarnos una porción de tratados de espiritualidad, sermones, pláticas y cartas en ese delicioso castellano «de oro» que armoniza el buen decir con la solidez, la gracia y la densidad de su contenido.

jueves, 21 de junio de 2012

Festividad de San Luis Gonzaga



Religioso.

Ferrante Gonzaga, marqués de Castiglione delle Stiviere y hermano del duque de Mantua, hubiera querido que su primogénito Luis, que nació el 9 de marzo de 1568, siguiera sus huellas de soldado y comandante en el ejército imperial. A los cinco años, Luis vestía ya una pequeña coraza, con casco y penacho y cinturón con espada, y jugueteaba detrás del ejército paterno, aprendiendo de los rudos soldados el uso de las armas y su colorido vocabulario. Un día aprovechó la distracción de un centinela y le prendió fuego a la pólvora de un pequeño trozo de artillería. Quedó desmayado más no asustado. Pero ese niño le daría fama a la familia de los Gonzaga, pero con otras armas. Lo enviaron a Florencia como paje del gran duque de Toscana, pero a los diez años le imprimió a su vida una dirección muy precisa, haciendo voto de perpetua virginidad.