miércoles, 17 de abril de 2019

La Cobardía de los corruptos y su triste final


Lo repitió hasta el cansancio: “¡Otros se venden, yo no!”. La culpa siempre tenían sus ratas, no El. “Yo no nací para robar”. Bravucón en palabras, pero cobarde en sus actos. ¿No es un acto cobarde de refugiarse en una embajada para huir de la justicia peruana? ¿No es un acto cobarde de intentar suicidarse para no ir a la cárcel?
Nadie nació para robar. Nacimos inocentes, pero este mundo materialista nos corrompe. Y aunque los expresidentes y muchos otros corruptos dicen lo contrario con palabras muy elocuentes, se han dejado corromper. 
Recuerden al apóstol Judas. Recibió mucha plata para traicionar a Jesús. Sin embargo, la plata no lo hizo feliz. Se desesperó y se suicidó. 
El profeta Amós dice en nombre de Dios: “Ay de los que se creen jefes de la nación más importante” (Am6,1). “Detesto la arrogancia de Jacob, odio sus palacios y entregaré la ciudad con todo” (6,8). “Compraremos al indefenso por dinero, venderemos hasta los deshechos del trigo” (8,6) “¿Cómo no va a temblar el país por todo esto?” (8,8).
Si Señores, el país tiembla, está indignado y quiere cambios. No de palabras sino de hechos. Por fin tenemos una prensa, que investiga. Por fin tenemos fiscales valientes. Por fin tenemos a varios corruptos en la cárcel. 
Que esta Semana Santa nos ayude a renovarnos a todos. Hay que ser valiente y aceptar nuestras culpas. Es un Vía Crucis sí. Pero no hay resurrección sin pasar por esta cruz. El no aceptar nuestras culpas es de Cobardes, pedir perdón de todo corazón y cambiar es de Valientes.

Por Mons. Reinaldo Nann
Obispo Prelado de Caravelí

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